domingo, 30 de junio de 2013

Capítulo XXI ~

Di dos pasos, dispuesta a empezar a correr, pero mis fuerzas me abandonaron. Todo mi alrededor se movía y giraba sobre mí, el suelo se movía, ¡todo! Mis ojos se empezaron a nublar y ya no podía sostenerme más de pie por mí misma. Me caí al suelo.




¿Qué había pasado? Escuchaba el sonido de voces, pero no tenía fuerza ni siquiera para mover los párpados y ver lo que pasaba a mi alrededor. Por lo que sabía, estaba tumbada en algún sitio, aunque ni siquiera estaba segura de eso. Ya que tenía todos mis sentidos entumecidos, hice un gran esfuerzo en poder reconocer la voz de quién hablaba. Pude distinguir la dulce y chillona voz de Daisy, que le contaba a alguien que al levantarse esta mañana, estaba jugando y se tropezó, y se le cayó un diente.  Entonces, oí su maravillosa risa, que hizo que todos mis sentidos se despertaran. Ahora, con el tacto trabajando, noté en mi frente algo frío. Abrí los ojos por fin y miré a mis lados. Estaba en una cama, en no sé donde. Harry estaba sentado a mi lado, mientras Daisy gesticulaba exageradamente contándole una de sus anécdotas a Harry. Él la miraba sonriente, sin decir palabra, sólo escuchándola. Me quité la cosa que tenía en la frente para verla, era una toalla pequeña mojada de agua fría. La verdad que me hacía sentir mejor tenerla en la cabeza, así que la dejé en su sitio. Daisy, mientras seguía hablando y hablando, me vio con los ojos abiertos y me señaló. Harry se volvió, con cara de indiferencia, lo cual, no sé porque, me molestó.
-Menos mal que despiertas, bella durmiente.- bromeó Harry, girándose completamente para verme.
Yo no tenía palabras para decir, ¿también él había tomado reinoles o qué? ¿No se acordaba de lo que había pasado? Lo miraba con la boca abierta por su reacción.
-A ver.- me quitó la toalla de la frente con delicadeza, y me puso su mano sobre mi frente, al instante la apartó.- Uh, estás ardiendo, podría freír un huevo en tu frente.- sonrió, pero mi cara no tenía expresión ninguna.- Hablando de huevos fritos, tienes que comer algo, te entró una bajada de tensión, ¿desde hace cuanto que no comes?- se levantó y se dirigió para lo que a mí me parecía la cocina.
-¿Cómo lo haces?- lo miré entristecida.
-¿El qué?- se volvió, todavía con ese hoyuelo asimétrico que se le formaba cuando sonreía.
-Hacer como si nada hubiera pasado, así, sin más.- me intenté incorporar, pero mi espalda no me lo permitió.
-Bueno, cuando te arrepientes de algo que haces, lo mejor es olvidarlo y empezar de cero, ¿no crees?- me sonrió, desde la cocina. Podía ver perfectamente como rompía el huevo y lo echaba en la sartén con delicadeza.
-Yo antes pediría perdón.- dije con un hilo de voz, mientras, Daisy había ido a volver a mojar la toalla.
-Tienes razón.- movió la sartén y se limpió las manos en un trapo. Después fue a su cuarto, o eso creía, y sacó el ramo deshojado, se acercó aún con esa sonrisa tan perfecta que me hacía sentir en las nubes. Después se acercó más y se agachó un poco para que nuestras caras estuvieran frente a frente.- ¿Me perdonas?- extendió su brazo, sosteniendo el ramo.
Lo cogí y miré cada una de aquellas flores, no había ninguna rosa, ni blanca ni roja. No le respondí, me limité a mirar cada una de aquellas flores magulladas. Harry me miraba, aún más sonriente que antes. Se dio media vuelta y siguió cocinando. De repente me entró nerviosismo, huevo frito... A mí no me gustaban los huevos fritos. 
Daisy se sentó a mi lado y me colocó la toalla en la frente, suspiré de alivio, demasiado fuerte porque Harry me miró y empezó a reírse. Me puse roja e intenté ocultarme en el ramo de flores. Daisy corrió a la cocina, y empezó a dar saltitos, intentando llegar a uno de los estantes de arriba. Harry se volvió, le revolvió los pelos y le acercó un vaso. Ella lo llenó de agua y, corrió con precaución de no tirar el vaso, hacia a mí. A mi lado, había una mesita y allí lo colocó. Después, me quitó el ramo de las manos y lo puso en el vaso, de manera que todas estaban en armonía. Giró la cabeza, lo miró y me sonrió satisfecha por su trabajo. El olor a huevo frito entró por mis fosas nasales, dándome ganas de vomitar. 
-Harry..- logré incorporarme y quedarme sentada, me di cuenta de que estaba en su sofá.
-¿Sí?- ni siquiera se volvió.
-No me gustan.- Daisy se sentó a mi lado.
-¿De qué hablas?- se giró para verme.
-Los huevos fritos, no me gustan.- suspiré mirando mis pies, no quería ver como se reía de mí.
-No te preocupes.- dijo Daisy que no había hablado desde que estaba despierta.- Me lo como yo.- se levantó y fue corriendo a la barra de la cocina. 
Se subió al taburete de la barra dando unos saltitos y Harry le puso un huevo por delante y un vaso de zumo de naranja. Daisy empezó a comer y Harry se fue donde yo y se sentó a mi lado, mirándome con esa sonrisa que parecía pegada con pegamento de Loctite en su cara. Me sentía incómoda, porque, para que mentir, quería besarle. Miraba al suelo para evitar sus ojos verdes y enormes. 
-Traje tus maletas del restaurante, ya que....- se quedó un rato en pausa.- Lo siento por hacerte eso en el brazo, soy un estúpido.- se tapó los ojos con las manos. Si quería compasión por mi parte, no la iba a tener.
-Gracias.- me limité a responder. Pero verlo así... Oh dios.- Eh, ¿cuenta nueva no?- le sonreí y me permití el lujo de poner mi mano sobre su perfecto hombro.
Él miró mi mano en su hombro y después a mí a los ojos. La distancia entre nosotros iba desapareciendo, poco a poco y sutilmente. Yo ya había cerrado los ojos, esperando aquel maravilloso beso del que sí me iba a acordar, noté su respiración sobre mis labios. Sus labios y los míos apenas se rozaron, cuando Daisy se puso entre nosotros para pedir más zumo. 

viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo XX ~

Sus ojos se abrieron como platos y vi como una gota de sudor caía por su perfecto perfil. Se aireó el cuello de la camiseta y tragó saliva descaradamente.
-¿No hace mucha calor aquí? Iré a bajar el aire.- señaló a sus espaldas.
-¿De verdad? ¿Esa es la explicación que me tienes que dar?- yo seguía allí, inflexible y con el ceño fruncido.
-Simplemente no sé que quieres que te explique.- se encogió de hombros y se sentó en frente mía.
-¿Qué no lo sabes? No sé- me llevé una mano a la barbilla, con ironía.- ¿Por qué te fuiste así del hospital? ¿Por qué has salido corriendo después de tirarme al suelo quizás?
-Quizás porque no me gusta que jueguen con mis sentimientos.- me imitó y frunció el ceño, apoyando un codo sobre la mesa.
-¿Jugar con tus sentimientos?- puse los ojos en blanco. Levanté el servilletero y lo coloqué en la mesa con fuerza.- ¿Te recuerdo que estaba borracha como una cuba? Estando sobria nunca jugaría con tus sentimientos Harry.- cuando terminé de decirlo, me di cuenta de que las lágrimas se habían dado permiso para salir.
-Encima de que me peleé con ese imbécil por ti...-se levantó dando un gran golpe a la mesa con la palma de su mano.
-¿Eso quiere decir que te tengo que dejar hacer conmigo lo que quieras?- me levanté y lo seguí.
-Abbie.- se puso una mano en la frente, intentando coger paciencia.- ¡Vete de aquí!- me señaló la puerta bruscamente.
-¡No Harry! ¡No me pienso ir de aquí hasta arreglar esto!- le grité, roja como un tomate.- ¿Sabes? Te conozco de hace unos días, pero me importas y quiero arreglar esto. Pero veo que no estás por la labor, adiós.- la gente me miraba sorprendida, pero en esos momentos era lo último que me importaba. Me dirigí a la puerta, pensando en que le había dicho que me importaba.
-¡No! ¡No me vas a dejar como si aquí el malo fuera yo!- me cogió del brazo en el que me habían pinchado, no sé si aposta o no, pero con mucha fuerza, tanto que me hizo retorcerme de dolor y acabar en el suelo. Al escucharme llorar, paró.- Oh, dios, Abbie no quería...- me tendió una mano para ayudarme a levantarme.
-¡Déjame!- aparté su mano de un manotazo.- ¡Todos los hombres sois iguales! - me puse una mano en mi brazo, cómo si así me dejara de doler. Me levanté por mí misma, con la mirada de todos los clientes, los trabajadores y de Harry encima y me fui llorando a más no poder.
Intenté correr, para desaparecer antes de allí, pero el dolor de mi espalda no me lo permitía. Lloraba y lloraba. Caños de lágrimas salían de mí, incluso me empezaba a preocupar por si me deshidrataba. Pero no podía pararlo, era superior a mí. ¿Por qué tenía tan mala suerte con los hombres? No me había dado cuenta de donde estaba, me faltaban dos pasos para salir de Malibú. Miré la calle en la que estaba... Wandermere Road. ¿Destino? Quién sabe. Unos mendigos hablaban, sentados en un banco mientras comían un bocadillo de quién sabe qué. Entre ellos, había una niña cubierta de un abrigo grande, demasiado para ella y con grandes jirones. La niña se levantó de su sitio y fue hacia mí. Me froté los ojos de lágrimas para poder verla mejor. Era pequeña y pelirroja, su cara estaba llena de pecas. Tenía que tener unos ocho años.
-¡Hola!- me saludó animada.- Me llamo Daisy, ¿y tú?- la chica me miraba curiosa, de arriba abajo.
-Abbie.- aspiré ruidosamente e intenté sonreír, pero se quedó en una fea mueca. Miré la casa que había detrás de los demás vagabundos, la 298. La de Harry no andaba muy lejos. 
-Me gustas.- me cogió de la mano y me llevó a donde estaba.- Seguro que les caes bien a todos.- Qué simpática pero, ¿por qué me había tomado por una vagabunda? A saber el aspecto que tendría.- Este es Ethan.- señaló a un hombre de gran barba, con aspecto demacrado y de ojos que carecían de chispa. Tendría unos 50 años.- Ésta es Shirley.- era una mujer algo más joven que el hombre, con pelo de estropajo. Le faltaban varios dientes.- Y este es Wallace.- era otro hombre, pero más joven, de 30 y pocos años. 
-¿Son tus padres y tu hermano?- le pregunté cerca de su oído.
-No, mis padres murieron al yo nacer, no tengo familia.- se quedó con los ojos fijos en el suelo.- Bueno sí, ellos. 
Me sentí mucho más triste de lo que estaba. Estaba triste por mis cosas cuando hay niñitas tan tiernas en el mundo en una situación así. 
Les hice un gesto de saludo a todos con la mano, definitivamente, la niña era la que mejor aspecto tenía. Daisy me invitó a sentarme a su lado. Les iba a preguntar la hora, pero era estúpido, no tenían reloj. Por la situación del sol, serían las tres y media o algo así. Todo lo que me había pasado en una mañana... Me habían expulsado de la Universidad, había tenido una gran pelea con Harry y ahora estaba con unos vagabundos. ¿Quién me lo iba a decir? Miraba a un punto inconcreto, pensando en cómo había llegado allí. Daisy me miraba, detenidamente.
-¿Quieres?- cortó su bocadillo por la mitad. La verdad es que estaba muerta de hambre, pero, a juzgar por el aspecto de la niña, ella lo estaba más.
-No gracias.- le sonreí.
-Pues nada.- le dio un bocado a su bocadillo, mientras seguía mirándome.- ¿Por qué has estado llorando?
-¿Y tú como lo sabes?- la miré detenidamente.
-Por tu cara, sé cuando alguien llora.- me miraba, indiferente.
-Bueno, pues porque un chico me ha hecho sentir muy mal.- total, ella no conocía a Harry y así me desahogaba.
-¿Era tu novio?-preguntó más atenta a su bocadillo que a mí.
-No.- me reí al pensar que lo sería aunque, no era tan cómico.
-¿Entonces?- dejó de mirar su bocadillo y me miró.
-Nada, déjalo Daisy.- le sonreí.
-Bueno, tendremos mucho tiempo, así que me lo podrás contar cuando quieras.- me sonrió.
-Daisy, yo tengo una casa.- le sonreí y me di cuenta de que no la tenía, mierda.
-Pero nos volveremos a ver ¿no?- hizo pucheritos.
-¡Claro que sí!- ella sonrió y me abrazó. Me impresionó la facilidad que tenía para coger cariño con la gente. 
El ruido del motor de una moto interrumpió nuestro abrazo. Ella se apartó y se levantó. 
-¡Harry, Harry!- ella levantaba y bajaba los brazos para que la viera.
Desesperada, busqué un lugar donde ocultarme. Me levanté, dando vueltas sobre mi misma. Daisy me miró y después a Harry y lo cogió al instante y se fue hacia mí.
-¿Es él?- susurró.
Asentí, aún buscando algún lugar donde ocultarme. Daisy señaló un árbol, pero era demasiado fino para ocultarme detrás. Pero allí no había nada más, así que me coloqué detrás de él. 
-¡Harry!- vi a Daisy lanzarse a sus brazos y después a Harry levantándola en el aire.
Ella me miró y me señaló el árbol para que me escondiera mejor, con poca discreción. 
-¿Qué haces Daisy?- Harry se giró y me vio detrás de aquel árbol.
Escuchaba sus pasos cada vez más cerca, hasta que noté su respiración sobre mi hombro. Cerré los ojos, aferrándome de espaldas contra el árbol.
-¿Abbie?



Capítulo XIX ~

Salí de la Universidad, perdida e inmersa en lágrimas. Estaba ya fuera, y las grandes puertas se cerraban detrás de mí. Eché un último vistazo a mi hogar en estos dos años, que había echado a perder por ser tan estúpida. Caminé por las calles de Malibú, en las que ni siquiera cabía un alfiler. La gente no respetaba tu espacio vital y pisoteaba mis maletas. En otra situación, me hubiera peleado con dichas personas, pero en esta no tenía fuerzas. Mi altura en esos casos me venía bien, podía ver por encima de los demás. Intentaba encontrar un sitio tranquilo, donde sentarme. A lo lejos, vi un banco en un parque en el que los niños jugaban, sin preocupaciones. Como pude, fui allí y me dejé caer sin ganas. Me distraje mirando a los niños, riendo con sus amigos o llorando porque se habían caído mientras jugaban en el tobogán. Los miraba atentamente, absorta a todo mi alrededor. 
-¿Te vas de viaje?- la voz de Louis interrumpió mis pensamientos.
-¿Qué haces aquí?- le dije viendo como se sentaba a mi lado. 
-Iba a llevar el correo a ese edificio de allí.- me señaló el edificio de en frente.- Y te vi aquí y me extrañó verte con tantas maletas. La pregunta es que haces tú aquí.- me revolvió los pelos.
-Me han expulsado..- miré mis zapatos, evitando la ver la reacción de Louis.
-¿Cómo? ¿Qué has hecho?- me miró con ojos como platos.
-Me he peleado con la zorra que me quitó a mi novio.- me eché a los brazos de Louis, que me llevó hacia a él.
-Eh, no te preocupes. Ya encontrarás algo que hacer.-me intentó aliviar Louis.
-Pero he perdido dos años tontamente, es como si no hubiera hecho nada. ¿Ahora qué hago? Tengo que encontrar trabajo y una casa. 
-Yo sé de alguien que te puede dar las dos cosas.
-¿Quién?- lo miré fijamente, apartándome de él.
-Conoces a mi primo Harry ¿verdad?- sonrió maliciosamente.
-¿No recuerdas como se fue el otro día?- lo miré, desesperada. Hubo un momento de silencio y me acordé que fue a hablar con él.- ¿Qué hablaste con él el otro día?
-Si lo quieres saber, ve a verle. Toma su dirección.- de su bolsillo sacó un papel y un boli y me lo apuntó. Después me la dio.- Me tengo que ir, ya nos veremos, que ahora tendrás mucho tiempo libre.- bromeó y se fue en la moto amarilla de correos.
No me dejó decirle nada y ya se había ido. Me quedé mirando aquel papelito. Wandermere Road, 316. Estaba bastante lejos del centro. Por ahora, tenía claro que no iba a ir arrastrándome hasta allí, pidiéndole perdón por algo de lo que yo no tenía culpa. 
Fui a mi casa, llamé repetidas veces al timbre, nadie abría. No había nadie en casa, que oportuno. Me quedé sentada en las escaleras, esperando a que llegara mi madre, mi padre o mi hermana, ¡alguien!
Pasó un rato, nadie venía. Miré el reloj del pasillo, las una y media de la tarde. Ya llevaba allí demasiado tiempo. ¿Dónde se habían metido? Tenía las manos entumecidas del frío, algo que era raro en Malibú. Metí las manos en los bolsillos y noté un papel. Lo saqué sin acordarme del papel de Louis. Lo leí de nuevo. Wandermer Road, 316. ¿Debería ir? Aunque a esta hora no estaría, seguramente estaría trabajando. Podía pedir trabajo allí, donde trabajaba Harry... Me levanté decidida y salí al portal, entonces me choqué con alguien que venía a toda prisa. Del impacto, me caí de espaldas y me choqué con las escaleras. La persona con quién me había chocado no se había caído, pero el ramo de flores que llevaba en la mano sí.
-Oh, mi espalda.- me llevé las manos a la espalda, e intenté incorporarme, pero me parecía misión imposible. 
Aquella persona no se había molestado en preguntarme si estaba bien, recogía su ramo rápidamente, sin siquiera mirarme. Lo miré mejor, aquellas piernas, esa camiseta con una gallina, aquellos pelos ocultos en un casco con cresta.... ¡Era Harry!
-¿Harry?- pregunté incrédula.
Él levantó la cabeza, y miró a ambos lados. Después se dio cuenta de que la que había hablado era yo. Recogió la última flor del ramo y salió corriendo. 
Instintivamente, me levanté, a pesar del dolor de mi espalda, y corrí detrás de él.
-¡Harry, Harry, Harry!- gritaba a sus espaldas. 
Él me ignoraba y seguía corriendo. La gente normalmente ignorante de Malibú, contemplaba la escena, incluso había gente que intentaba parar a Harry, creyendo que era un ladrón o algo así. Me escondí entre la gente, cansada de tanto correr. Al no escucharme gritar, se paró en seco y miró a sus espaldas y a ambos lados. Suspiró profundamente, aliviado y empezó a caminar como si nada. Yo le seguí, oculta entre la multitud. Anduvo durante quince minutos hasta llegar a una tienda. Se paró en frente del escaparate y entró. A los segundos, yo estaba parada delante de la misma tienda, 'KFC'. Entré y me senté en una de las mesas del fondo que estaba mal iluminada. Cogí un periódico que alguien se había olvidado y le hice dos agujeros a la altura de mis ojos. Me sentía una verdadera espía. Harry cambió su casco por una gorra.   Lo vi meter en su taquilla aquel ramo deshojado, ¿sería para mí? No, porque, de lo contrario, no se hubiera ido corriendo. Varias chicas llegaban a la caja y flirteaban con él. Él no se sentía cohibido, sino que además, le hacía algún que otro piropo. ¡Zas! Una puñalada más para mi desgastado y dolorido corazón. Las chicas se sentaron en una mesa en todo el centro del restaurante, a la espera de que dijeran por megafonía sus nombres. Vi a Harry mirarlas y guiñarles un ojo, haciendo que empezaran a gritar entre ellas porque aquel chico tan mono les había guiñado un ojo. Después, dirigió la mirada hacia mi sitio y me miró de arriba abajo. Menos mal que el periódico cubría mi cara y no me podía reconocer. Él se apartó de la caja y vi como se acercaba. Pasé la hoja del periódico, para disimular y, de alguna manera, calmar mis nervios. 
-Perdone.- se aclaró la garganta.- Tiene que pedir algo si quiere seguir ahí.- vi como se colocó las manos en la espalda, como un profesional.
-Ah, bueno..- intenté hacer mi voz grave, para que no se diera cuenta de que era yo.- En ese caso, voy a pedir una hamburguesa y una explicación.- bajé el periódico y fruncí el ceño.

jueves, 27 de junio de 2013

Capítulo XVIII ~

Llegué a la residencia, y, antes de subir a mi habitación, cogí un refresco de la sala de ocio. Fui por el pasillo intentando no hacer mucho ruido. Abrí la puerta con sumo cuidado. Todas las luces estaban apagadas. Entré sigilosamente, al pasar por el cuarto de Valerie y de Noe no me resistí. Me acerqué, consiguiendo que no se despertaran y le tiré el refresco en la cabeza a Noe. Ella se despertó sobresaltada y yo no pude evitar soltar una risa de venganza. Después me fui a ella y empecé a tirarle de los pelos.
-¡Zorra de mierda! ¡Eso es lo que eres!- le gritaba sin parar. 
Ella se retorcía de dolor, mientras que me pegaba para que parara de tirarle de los pelos, aunque me dolía, yo seguía jalando. Valerie se despertó por nuestros gritos, saltó de su cama y corrió a darle al interruptor de la luz.
-¡Abbie! ¡Para!- Valerie me cogió de la cintura, intentando apartarme de ella.
Entonces Noe cogió la suficiente fuerza como para levantarse, así sus golpes tendrían más fuerza que tumbada. Yo le seguía tirando de los pelos, y además, le daba fuertes patadas. Estaba desahogando toda mi ira, por enrollarse con mi novio y además aproveché para desatar mi furia porque Harry se había enfadado así, sin más. 
Aún peleándonos, no sé cómo, llegamos al pasillo. Nos caímos haciendo un gran ruido en el suelo. Todas salieron alarmadas de sus respectivas habitaciones, y al vernos en el suelo, dándonos tirones de pelo, patadas y puñetazos, se quedaron mirando. A los cinco minutos, todas se hicieron a un lado y apareció la orientadora. 
-¿Pero qué es esto?-puso los brazos en jarra.
Noe y yo paramos, aún con las manos puestas en los pelos de la otra. No sé que fuerza tenía esa mujer, pero las dos nos levantamos en seguida y pusimos las manos en la espalda.
-¡Mañana a primera hora os quiero a las dos en el despacho del director! ¡Ahora todas a dormir!- todas resoplaron, las muy zorras querían que siguiéramos peleándonos.- Y tú.- me señaló.- Ven a dormir a mi cuarto, quién sabe si volvéis a las manos.- abrió los brazos, indignada.
La seguí sin rechistar, me había pasado tres pueblos. Esta vez seguro que, por mucho que suplicara, no me la perdonaban. Llegamos a su habitación, la tenía demasiado ordenada, comparada con la nuestra, claro. 
-Ahora a dormir muchachita.- me indicó su sofá.
La miré desesperada, no quería dormir en el sofá teniendo mi cama libre. Ella señaló el sofá muy estricta, me tumbé y me acurruqué. Ni siquiera me daba una manta, así que los dientes me empezaron a castañear. 


-¡Despierta!- noté la voz estricta y dura de la orientadora.
-Cinco minutos más.- volví la cara a la funda del sofá.
-¡Levántese ahora mismo!- ya estaba vestida con su uniforme.
-Ya voy.- me levanté y me desperecé.
-¡Esos modales!- puso los brazos en jarra de nuevo.
-Lo siento.- dije, sin hacerle mucho caso.- ¿Me puedo ir a vestir a mi cuarto? 
-Ve rápido, te estaré esperando en la fuente.
Salí de la habitación corriendo, me vestí rápido e ignoré a Noe que estaba en el sofá poniéndose unas sandalias para irse a sus clases. A primera hora yo no tenía ninguna los lunes. Me puse una camiseta donde ponía 'París', con la torre Eiffel y unos vaqueros pitillos. De zapatos me puse una imitación de las Vans y salí corriendo. 
Allí estaba, tan inexpresiva como siempre. Hizo un movimiento con la cabeza para decirme que la siguiera. Llegamos al despacho, que me echó una gran bronca como era de suponer. Después me pidieron que saliera, que tenían que hablar. Esperé allí sentada, viendo pasar mis estudios por sus manos. El director salió y me pidió que entrara y me dijo todo lo que yo no quería oír.
-Señorita Jones, lo sentimos mucho, pero tendrá que ser expulsada dos meses. Su comportamiento no ha sido el adecuado y no se piense que nos hemos olvidado del de la otra vez. Así que recoja sus cosas y márchese. 
-¿Y las clases?- pregunté, a ver si los podía convencer.
-Las recuperará en el verano, si es que quiere seguir la carrera aún.- enmarcó una ceja. 
-Antes de recuperarlas en verano estudio otra rama, señor director.- ¿qué estaba haciendo? ¡Para Abbie! Vas a empeorar las cosas.
-¿Eso piensa señorita Jones?- seguía con la ceja enmarcada.
-Sí, es más, no me vais a ver a volver aquí.- di un portazo y salí con aire triunfal del despacho.
¿QUÉ ACABABA DE HACER? Había echado dos años a la basura. Ahora tendría que hacer otra cosa, buscar otra universidad y empezar desde cero. Todavía podía volver y pedir disculpas... no, eso no era de mi estilo. Llegué a la residencia, no me preocupé por aligerarme. Hice las maletas en un santiamén. No quería despedirme de Val, sabía que se pondría a llorar. Abrí la puerta para irme, y ella estaba allí, mierda.
-¿Dónde vas?- señaló la maleta.
-A mi casa, me han expulsado.- dije intentando que mi tono fuera apenado.
-¿Qué? No, no puede ser, iré a hablar con el director y...
-No Valerie, les he dicho que no me iban a volver a ver, ya no hay vuelta atrás.- dije cogiéndola de un brazo.
Empezó a llorar y se me abalanzó. La abracé con fuerzas y su llanto se me contagió. Estuvimos así media hora, hasta que decidí que era hora de marcharme. 
-Valerie, me tengo que ir...- me enjugué las lágrimas.
-Prométeme que quedaremos para hacer un partido.- intentó sonreír.
-Te lo prometo.- le sonreí y le di un último abrazo de unos cinco segundos. Me volví y empecé a caminar por el pasillo.
-¡Y también que irás a la prueba!- me gritó.
Me giré y asentí con la cabeza, ya ni me acordaba de la prueba para las Cheshire Jets. Lo haría por ella. Andaba por el campus, intentando que todos aquellos sitios quedaran en mi mente para siempre. Entonces, vi a Zayn sirviendo un café, después me miró y me hizo un gesto con la mano, saludándome. Me iba a doler mucho no verle todos los días. Corrí hacia él, me subí a un taburete y le abracé. Él por poco se cae y me devolvió el abrazo, después se apartó.
-¿Qué pasa?- con el pulgar, quitó la lágrima que caía por mi mejilla.
-Me han expulsado.- me reí.
-¿Qué? ¿Por qué?- se exaltó.
-Por pelearme con Noe.- dije rápidamente.- Prométeme que nos veremos.
-Te lo prometo.- sonrió.
Le abracé y seguí mi camino. ¿Qué haría ahora? 

miércoles, 26 de junio de 2013

Capítulo XVII ~

Dos lágrimas se escaparon de mis ojos para correr por mis mejillas. Me las quité de la cara rápidamente, contemplando como Harry se iba. ¿Pero qué le había pasado? La verdad, no tenía ni idea de que había pasado y por qué estaba así. Sólo no le había dejado besarme, ¿tan malo era? Creo que tengo derecho a decidir quién me besa y quién no y en que momento, vamos, creía.
-¿Qué ha pasado ahí dentro?- Donna se acercó a mí.
-Simplemente no he dejado que Harry me besara.- dije, enjugandome las lágrimas y hablando con voz de niña pequeña.
-Estúpido.- Donna me llevó contra ella, haciendo que me sintiera segura, como si allí, nadie pudiera hacerme daño.
-No te preocupes, hablaré con él.- Louis me dio un beso en la cabeza, era como mi hermano mayor.
No le respondí, no sabía si quería que hablara con él o no, me daba igual. Ese dolor que tenía en el pecho era agudo. No se iba y hacía que me entraran ganas de correr en dirección donde se había ido la moto. Sí, cuando te enamoras, duele. Yo ya sabía a lo que me estaba enfrentando. 
-Quiero ir a casa.- dije con un hilo de voz.
-Vamos, te prepararé mi chocolate especial y verás como se te pasa ¿sí?
Me despegué de Donna para entrar en el coche, Louis conducía. Donna se había sentado en la parte de atrás para estar abrazada a mí, para que se me pasara aquello. La verdad, no quería estar en otra parte que no fueran los brazos protectores de mi hermana. 
Lou nos dejó en nuestra casa y se fue, no me quiso decir donde, pero yo sabía que iría a buscar a Harry a su apartamento. Subimos rápido y me tumbé en la cama de Donna, con la mirada en el techo. ¿Por qué no le había besado? ¿Por qué tenía que ser yo tan cabezota? Abbie, tienes que reconocer de una vez que ese chico te gusta y te tiene loca, ¿por qué no dejas que te robe un beso? 
Tampoco comprendía su enfado, ¿por qué se había enfadado de esa manera? Donna entró en la habitación interrumpiendo mis pensamientos.
-Toma cielo.- se sentó a mi lado, dándome la taza.
-Gracias por todo Donna.- le di un sorbo a mi taza, quemándome toda la punta de la lengua de lo caliente que estaba. Dejé la taza en la mesita de noche y con las manos, me echaba aire.- Ahh, ¡quema!- Donna se empezó a reír, dándole un sorbo a la suya.
-Está muy bueno eh, aunque quema.- sonreí levemente, dándole otro sorbo a la taza, ignorando el dolor que el líquido provocaba en mi lengua.
Al estar solo pendiente de la taza, me olvidé de todo el mundo que me rodeaba. Era como si sólo existiese yo. Me la terminé y me di cuenta de que en el mundo había más personas, Donna la primera.
-Te lo has bebido en nada, ¿te gustó?- sonrió, sosteniendo la taza sobre sus manos.
-Sí, mucho.- sonreí, aunque al recordar por qué estaba allí, se me quitó.
-Eh, no te preocupes. Seguro que Louis lo soluciona todo, siempre lo hace.- me acarició la cabeza.
-Tienes mucha suerte de tener a Louis, y él de tenerte a ti.- apoyé mi cabeza en su hombro.- Me alegro mucho de que os caséis dentro de unos meses.
-Oh, tú también encontrarás a alguien que te haga igual de feliz que Louis a mí.- me sonrió.- Bueno, ya lo has encontrado, solo falta que os deis cuenta.
Reflexioné sobre eso. ¿De verdad Donna creía que Harry podía hacerme feliz el resto de mi vida? Sólo lo conocía de hace unos días. Me gustan esas historias de amor a primera vista, pero no creo que en la realidad existan. Aunque, lo que yo sentí al verlo cogiendo mi café del suelo...
-Tengo sueño, ¿puedo dormir un ratito?- pregunté con tono de niña pequeña.
-Claro cielo.- me besó la cabeza y me pasó un dedo por debajo de la nariz, lo tenía lleno de chocolate.- ¿Te traigo una servilleta?
-No, déjalo así.- me acurruqué entre las sábanas y cerré los ojos. Admito que con la lengua me limpiaba los restos de chocolate que me quedaba. 
Me quedé dormida, profundamente dormida. En mi sueño, Harry se marchaba, pero después volvía y me besaba y yo no oponía resistencia. Supongo que eso era lo que yo quería que hubiese pasado. 
-Vamos, despierta, ya es muy tarde.- me zarandeaba de un lado a otro.
-¿Qué? ¿Qué hora es?- dije aún con la voz adormilada.
-Las once de la noche, deberías de volver a la universidad ya.- era mi madre.
-¡Mamá!- me tiré a sus brazos.
-¡Ten cuidado, no me vayas a manchar de chocolate!- rió.
-Te quiero.- necesitaba decírselo a alguien, lo tenía contenido dentro de mí.
-¿Y eso? ¿Qué quieres?- preguntó, frunciendo el ceño, cosa que me hizo recordar a Harry.
-¿Qué pasa? ¿No puedo decirle a mi madre que la quiero?- me reí.- Bueno, me voy ya, que tienes razón.
-Adiós cariño.- me besó la cabeza y salí de la habitación de Donna. 
Pasé por el salón y vi a Donna dormida en el sofá. No me había despertado por mí, era la mejor hermana del mundo. Me acerqué sigilosamente y le besé la cabeza. Abrí la puerta para irme.
-Nos veremos pronto.- me giré y vi a Donna con los ojos abiertos, todavía tumbada en el sofá.
-Sí.- sonreí y cerré la puerta.

martes, 25 de junio de 2013

Capítulo XVI ~

Salí de la sala acompañada por el médico. Louis y Donna se levantaron de sus asientos de espera al verme en el pasillo. Donna se fue hacia a mí.
-¿Qué te han dicho?- el tono de preocupación de su voz era palpable.
Le iba a responder, cuando Harry entró corriendo por los pasillos del hospital, esquivando a una enfermera que iba con un carrito de medicinas. Por poco lo tira, lo que me hizo sonreír levemente. ¿Qué hacía aquí? ¿Cómo sabía que estaba en el hospital? Qué extraño, aunque seguro que Louis lo avisó. Jadeando, se interpuso entre Donna y yo. 
-¿Te ha pasado algo grave?- me cogió de ambos brazos y me los despegó del cuerpo, para así inspeccionarme mejor, entonces, encontró el esparadrapo en mi antebrazo.- ¿Y esto?
-Es donde me han pinchado.- respondí como si nada, al ver su cara perdida se lo expliqué.- Me he hecho unos análisis, porque no recuerdo nada de lo que pasó anoche. 
-¿No recuerdas nada?- dijo decepcionado.
-Nada.- me encogí de hombros, también estaba decepcionada, quería acordarme de ese maldito beso.
-¿Y qué te ha dicho?- volvió a preguntar Donna.
-Dice que seguramente sean reinoles, una droga que te hace olvidar. Pero prefiere ver los análisis antes de confirmar nada.- me llevé la mano al esparadrapo y di un pequeño saltito debido al dolor. 
Harry parecía no asimilar eso de que no me acordara de nada, y Louis y Donna estaban aliviados de que no fuese nada grave con efectos secundarios. 
-¿Vamos?- Louis caminó unos pasos y se detuvo en seco al ver que Harry no se movía.
Yo iba a seguir a Louis, cuando el me cogió del brazo en el que no me habían pinchado. Me miró a los ojos pidiéndome que le esperara.
-Id vosotros, ahora vamos.- se sentó en una de las sillas del pasillo, mirándome atentamente. Me senté a su lado, incómoda, porque ninguno de los dos hablábamos.
-¿Nada?- volvió a preguntar, parecía que no se lo quería creer.
-Nada.- empecé a mover la pierna, de manera irritante, lo admito. Pero era debido a los nervios, hasta que Harry puso la mano sobre mi pierna para pararla. Admito que mi piel volvió a arder, como cada vez que su piel y la mía entraban en contacto.- Lo siento.
-¿Alguien te ha contado lo que pasó?- sus ojos no dejaban de mirar penetrantes en los míos, lo que hacía que me costara mirarlo directamente.
-Sí, Valerie.. Pero le falta un trozo de la historia.- dije armándome de valor.- Esta mañana me desperté al otro lado del campus, ¿sabes por qué fue?- lo miré a los ojos, oh dios, qué preciosidad. No entendía porque estaba trabajando de repartidor cuando podía ser modelo para cualquier línea de 
lencería masculina. 
-Estabas muy borracha.- aclaró primero, haciendo que me avergonzara.- Sólo querías mirar las estrellas, así que no me pareció mala idea y me tumbé contigo a verlas. Una mala noche para tumbarse a ver las estrellas.- rió, mirando al techo, recordando la situación.- La noche estaba muy despejada y solo había una estrella en todo el cielo.- su mirada pasó del techo a mis labios y después, volvió sus preciosos ojos esmeralda en blanco.
-¿En serio?- me tapé la cara para que no pudiera ver como me ruborizaba. 
Un calor inmenso entró por mi cuerpo, así que me remangué las mangas del chándal. Vi que Harry tenía el mismo calor que yo y se remangó también. No pude evitar mirar su brazo, tenía una gran brecha que ocupaba casi todo su antebrazo. Mis ojos se abrieron como platos, él se fijó e inmediatamente se puso las mangas bien.
-¿Qué tienes ahí?- le remangué la manga y me fije que la brecha ya estaba cosida.
-Nada, de la moto.- se la intentó bajar de nuevo, pero no le dejé.
-Esto no es una quemadura Harry.- fruncí el ceño, provocando que se riera.-¿Qué pasa? ¿Tanta gracia te hacen las brechas?
-No es eso, simplemente, me gusta verte fruncir el ceño, estás muy guapa.- dijo sonriente, apartándome un mechón de pelo de delante de mi ojo.
Me quedé absolutamente engatusada por esos ojos verdes. Hasta que al fin reaccioné.
-Harry, ¿esto es de anoche? ¿De la pelea con Kurt que Valerie me habló?- pregunté, desesperada y preocupada a la vez.
-No, de verdad te digo que es de la moto.- sonrió pícaro, como si me estuviera buscando. 
Sin darme cuenta, volví a fruncir el ceño. Hasta que me di cuenta de que él volvió a reírse al verme con el ceño fruncido y me relajé. 
-Tendré que confiar en ti.- me levanté, pero su brazo volvió a jalarme al asiento.
-No he terminado.- dijo con esa sonrisa pícara que dibujaba su rostro, después, desapareció.- Valerie te contó lo del....- hizo un gran momento de pausa, que yo proseguí porque creía que nunca lo diría.
-¿Beso?- dije con un hilo de voz.
Él se limitó a asentir con la cabeza, y yo le hice un gesto afirmativo. Él sonrió, pero yo estaba mal. No quería que alguien me lo tuviera que contar, yo lo quería vivir y después acordarme. 
-Entonces...- Harry se acercaba poco a poco, como si se creyera que ya me tenía, aunque así lo era. 
Me apartaba poco a poco, con suavidad, pero Harry seguía acercándose a mí hasta el punto de que tuve que pararlo poniéndole mis manos en su pecho.
-Harry, tú mismo has dicho que estaba muy borracha...- susurré.
Él se apartó bruscamente y se fue a paso ligero, dejándome allí sentada, sola, mientras miles de pacientes venían de aquí y allá. Una anciana de unos setenta y algo de años se acercó a mí, había estado todo el tiempo presente.
-No te preocupes, si te quiere, volverá.- me sonrió y me acarició la mejilla.
-Gracias.- dije con un hilo de voz.
Aquella caricia me dio fuerzas suficientes como para levantarme. La amabilidad de aquella anciana sin apenas conocerme de nada me sorprendió. ¿Por qué se había enfadado tanto? Yo sólo quería estar sobria cuando le diera un beso, ¿era tanto pedir? Ahora lo estaba, pero tenía miedo. Tenía miedo de no conocerlo lo suficiente, de que después me decepcionara... igual que Kurt. Oh Kurt, cuando lo viera, le armaría una buena, o eso tenía en mente. Salí del hospital, Harry acababa de arrancar su moto y de desaparecer por la carretera, mientras Louis y Donna me miraban serios. 


lunes, 24 de junio de 2013

Capítulo XV ~

Di unas miles de vueltas por aquel pasillo. ¿Qué quería hacer? Ver a Harry, era obvio. Pero cuando le viera... ¿qué le iba a decir? Lo siento, ayer estaba borracha y no sabía lo que hacía, haz como si no hubiera pasado. Ojalá fuera tan fácil como lo parecía en mi cabeza, pero no era así. Después de querer ver a Harry, lo segundo que quería era ver a mi hermana, siempre me aconsejaba muy bien. Decidida salí del campus, le tenía que dar una disculpa por lo del partido. Cogí un autobús. La mirada se me quedó perdida a través de la ventanilla, intentando recordar aquel beso con él... Pero nada, no había ningún resultado. No me había dado cuenta, pero el autobús ya había llegado a la estación más cerca de la casa de mis padres. Sí, resulta extraño que siendo la hermana mayor siga viviendo con mis padres, pero el sueldo de Louis de cartero y el de ella de cajera en un supermercado no era suficiente teniendo la boda por delante. Después de la boda y ahorrar un poco, podrían comprarse una casa. Bajé con lentitud, mi cuerpo no tenía fuerzas ni siquiera para andar. Anduve por las calles inusualmente vacías de Malibú, me subí la capucha de la chaqueta del chándal, me hacía sentirme mejor. 
Llegué a la puerta, di un gran suspiro, intentando quitarme los nervios de encima. Llamé al timbre y al momento, mi hermana apareció. Al verla, me eché a sus brazos, no me gustaba estar enfadada con ella.
-Abbie.- me devolvió el abrazo.
-Soy una estúpida Donna, lo siento por lo de ayer, soy un real estúpida.- dije aún abrazada a ella. 
-Discúlpame tú a mí, por llevar al primo de Louis aunque tú no quisieras.- noté que su voz se quebraba, y le di unos golpecitos en la espalda, intentando así animarla.
-No, tú no tienes la culpa, me tengo que quitar esa estúpida manía.- le di un beso en la mejilla y me aparté de ella.- Quería hablar contigo...
-¿Qué te pasa?- se sentó en el sofá, poniendo la mano a su lado para que me sentara.
-Ayer fui a una fiesta...-me miraba los nudillos, acariciándolos uno a uno.
-Eso no es malo Abbie.- rió.- Eres joven, es normal.
-No es eso... es que...- no sé por qué me resultaba difícil continuar.
-¡Vamos! Dilo de una vez Abbie.- Donna parecía divertida.
-¡Me dieron un vaso con un refresco nuevo, lo cogí y ya no recuerdo nada más!- me di cuenta de que le había gritado, por su cara de asustada y que tenía la cara roja como un tomate.
-¿Cómo? ¿Te han drogado?- me cogió de las manos y me miró comprensiva.
-Sí, bueno, no lo sé, dios.- me eché las manos a la cabeza.
-¿No tienes a nadie que te haya contado que pasó anoche?- me preguntó.
-Sí, Valerie me lo ha contado todo, bueno, lo que ella pudo ver...- recordé que me desperté en el otro lado del campus.
-¿Y qué te dijo?-estaba como si fuera un cotillón, cosa que me molestó.
-Pues... que cogí una borrachera horrible, y.. Kurt y otra chica se estaban besando y la cogí por los pelos. Entonces Kurt me pegó y Harry me defendió.- dije intentando recordarlo todo pero sin resultado. 
-Espera, espera, ¿Harry estaba allí?- sonrió levemente, como diciendo que al final acabaríamos como ella quería.
-Sí, fue acompañando a Valerie.- contesté seria, cambiando la cara de Donna.
-Ah..- dijo con decepción.- Bueno, ¿y quién ganó?
-Ninguno, la policía intervino.- me encogí de hombros.- Harry salió y Zayn, el chico con el que iba acompañada- aclaré- lo convenció para que no siguiera la pelea fuera, que nos fuéramos. Entonces Harry me cargó hasta la Universidad porque estaba muy borracha como para andar, cuando llegamos me bajó al suelo y, debido a mi borrachera,- dije en tono seria mirándola a los ojos evitando cualquier tipo de burla de ella hacia a mí.- lo besé y él no se opuso. Después me desperté en el otro lado del campus, ya no sé nada más.
Donna empezó a sonreír maliciosamente y después me dio empujoncitos, como si fuéramos niñas.
-¡Donna! Estaba borracha.- le di un empujón que casi la tiro del sofá.
-¡Pero él no se apartó!- dijo aún sonriendo. Al ver mi cara seria, se levantó y cogió su bolso.- Vamos al hospital, a que te hagan unos análisis para ver que te metió la zorra esa en el vaso.- abrió la puerta y me hizo un gesto para que la siguiera.
Bajábamos las escaleras del edificio cuando nos encontramos con Louis.
-¡Louis!- Donna corrió hacia a él para besarle. 
Yo me limité a hacerle un gesto con la mano, él me imitó. 
-¿A dónde vais las dos?- preguntó Louis.
-Al hospital.- dijo Donna cambiando el tono de voz, parecía que no quería ir conmigo. 
-Si quieres voy sola, quedaros vosotros dos aquí, ya tengo veinte años ¿eh?- me dirigí a la puerta y Donna me cogió del brazo.
-De eso ni hablar.- Donna me echó hacia atrás y me abrazó, despeinándome.- Todavía eres mi hermana pequeña.
-¿Te ha pasado algo grave?- me preguntó Lou preocupado.
-No, sólo tengo que ir a hacerme unos análisis.- contesté.
Los tres subimos al Porsche de Louis, nadie habló en todo el camino, lo cual me resultaba incómodo. Llegamos al hospital, allí una mujer con una bata blanca me llevó a la planta de arriba para sacarme un poco de sangre. Dejé a Louis y a Donna abajo. 
-¿Qué te pasó exactamente?- preguntó el médico mientras preparaba la aguja.
-Me dieron un vaso con un ''refresco''- hice comillas con las manos- y después de darle un trago, no recuerdo nada más.- me encogí de hombros.
-Ah, es muy común en todos los jóvenes. Normalmente, se drogan ellos mismos.- rió- Por lo que cuentas, te dieron reinoles, una droga que te hace olvidar. Pero vamos, tendremos que esperar al análisis para asegurarnos.- me sonrió y me puso una mano en el hombro, en señal de empatía. 

domingo, 23 de junio de 2013

Capítulo XIV ~

-Nada, no recuerdo nada, me siento fatal y confusa.- me eché la mano a la cabeza.
-Bueno, aquí estoy yo para contártelo todo.- me sonrió, aunque en su tono de voz se notaba la tristeza.- ¿Hasta que recuerdas?- me dijo comprensible.
-Hasta que Zayn fue al baño y Noe me dio un vaso con un refresco nuevo, bueno, eso decía que era ella.- me encogí de hombros.
-Pues después de eso bebiste cubata tras cubata, hasta quedarte borracha al más no poder. Bailabas... como a ti no te gusta ver a la gente bailando.- miró a sus pies, evitando ver mi reacción.- Zayn te intentó convencer un par de veces para que regresaras, pero no le hiciste caso.- Continuó, avergonzándome cada vez más.- Entonces se rindió y se sentó con Harry y conmigo, que estábamos hablando. Bueno, yo le hablaba y él no me prestaba atención, estaba demasiado ocupado mirándote preocupado.- suspiró profundamente y después me miró a los ojos.- Mientras bailabas, viste a Kurt y a Noe besándose.- eso no me alarmó, ya se veía venir, aunque no pude evitar que dos lágrimas se resbalaran por mis mejillas.-  No, no llores.- con sus pulgares enjugó mis lágrimas. 
-Sigue, por favor.- intenté sonreír, en lo que se quedó una mueca extraña.
-Te dirigiste a Noe y le jalaste de los pelos, entonces Kurt te apartó de ella, pero no delicadamente no, te dio una buena bofetada.
-Cómo siempre hace.- pensé en voz alta.
-¿Cómo has dicho?- Valerie levantó mi cara del mentón mirándome a los ojos.
-Sí, es lo que hace cuando está borracho.- empecé a llorar.- Siempre me pegaba, pero... No se lo conté a nadie.
-¿Por que estuviste callada tanto tiempo cielo?- me abrazó, y, por un momento, me sentí bien. 
-Por.. No sé, le quería.- sollocé.
-Oh, venga, lo bueno es que ya pasó ¿eh?- me movió cariñosamente.
-Sigue contándome.- me enjugué las lágrimas.
-Harry se levantó en cuanto la mano de Kurt hizo contacto con tu mejilla.- instintivamente pasé mi mano por mi mejilla.- Le dio un empujón y la pelea entre los dos comenzó. Tú estabas desmayada en el suelo, así que Zayn y yo te ayudamos a salir de allí, Zayn es muy atento ¿sabes?- se quedó con la mirada perdida.
-¡Valerie!- protesté.
-Lo siento, lo siento. Sigo.- no pudo evitar sonreír.- Bueno, te llevamos fuera a tomar el aire. Mientras estábamos fuera, la policía llegó y sacó a Harry y a Kurt del local y terminó la fiesta. Harry estaba dispuesto a seguir la pelea fuera, pero Zayn le convenció de que era mejor irse. Harry se propuso voluntario para cargarte, ya que no estabas en estado como para andar por ti sola. Le diste varias veces para que te bajara, pero tu fuerza borracha es ridícula. Cuando llegamos a la residencia, te dejó en el suelo...- no pudo contener un suspiro de tristeza.- Tus ojos y los suyos se quedaron fijados y tú te aferraste al cuello de su camisa y lo llevaste con él, entonces, vuestros labios se volvieron uno.- me sentí como si estuviera viviendo aquel momento, como si Harry estuviera allí... y nuestros labios solo fueran uno. No pude evitar suspirar, después me tumbé en la cama, sonriendo como una tonta.- Me dolió mucho, no sé, Harry no es como los demás... Y creía que era para mí, pero en ese momento me di cuenta que estabais hechos el uno para el otro, me dio mucha envidia y de la furia contenida te pegué esta mañana, lo siento.- me abrazó.
-No pasa nada Val.- así le llamaba, para abreviar.- ¿Sabes por qué me quedé dormida en el otro lado del campus?
-No lo sé, cuando os fuisteis me fui corriendo hacia aquí.- se encogió de hombros.
-Ah... Muchas gracias por explicarme todo lo que pasé anoche, me voy fuera a asimilar todo esto.- confusa salí de la habitación y me paseé por los pasillos.

sábado, 22 de junio de 2013

Capítulo XIII ~

Todos estaban bailando, vulgarmente y borrachos. Nos empujaban entre tanto baile. Al fondo, pude distinguir a Kurt, no estaba solo. Con él estaba Noe.
-¿Te encuentras bien?- Zayn también los vio.
-Sí, gracias Zayn.- no lo miré, mis ojos estaban clavados en ellos dos. 
Noe se sentía incómoda, sabía que alguien la estaba mirando. Giraba su cabeza, en busca de los ojos que la hacían sentirse así, hasta que me encontró. Se fue de donde estaba y desapareció entre la gente.
Zayn y yo hablábamos animadamente, reíamos, y yo no podía evitar no quitarle la vista a Harry de encima. Zayn tuvo que ir al baño, y me quedé sola en aquella marea de gente. Noté en mi hombro unos golpecitos, que hicieron que mi corazón se acelerara del susto. Me volví poniendo la mano en mi corazón, como si así se fuera a calmar. 
-Te he traído un trago.- era Noe, y una risa maliciosa decoraba su cara.
-No bebo.- respondí seca.
-No es alcohol, es un refresco nuevo. Creí que te gustaría probarlo.- Noe me acercó un vaso de plástico.
Lo cogí no muy convencida y miré el líquido que contenía aquel vaso. Después me lo acerqué a la nariz y le di un trago. 



Los rayos de luz golpeaban mi cara, obligándome a despertarme. Tapé mis ojos con una mano, evitando así, que la luz me diera en la cara. Me incorporé un poco, la espalda me dolía mucho. Me desperecé e inmediatamente eché la mano a mi cuello. El collar de Zayn seguía ahí. Me froté los ojos para aclarar mi vista, aquello no era mi habitación. Estaba en medio de no sé donde, en un gran prado. Miré mejor, era el campus, al final se veía el edificio de la Universidad. Dirigí mi mirada a mis lados, en busca de alguien, pero allí no había nadie. Pero el césped estaba hundido a mi lado, alguien había dormido conmigo. Intenté recordar algo de lo que pasó la noche anterior, pero nada, no recordaba nada. Lo último que tenía en mi mente era cuando Noe me dio aquel vaso. ¿Qué tendría ese vaso? Me levanté a duras penas, dando tambaleos. Ya sabía que también había estado borracha, a saber lo que pude hacer. 
Llegué a mi residencia, echa un asco. Llamé a la puerta sin poder evitar que se me escapara un bostezo. Valerie abrió la puerta, fresca como una flor, al contrario que yo. Su mirada fue desde mis pies hasta mis ojos. Me miró con asco y después me dio una cachetada. Me caí al suelo del golpe, después Valerie dio un portazo, ¿que acababa de pasar?
-¡VALERIE, ÁBREME!- di puñetazos en la puerta, aún con la mejilla dolorida. 
Al rato, Valerie seguía sin abrir. Sin esperanza alguna, me senté en el suelo y apoyé mi espalda contra la puerta. Aparté mis pelos revueltos de mi cara y suspiré con decepción. ¿Qué le hice anoche para que estuviera así conmigo? Ojalá lo supiera. La puerta en la que me apoyaba desapareció detrás de mí, haciendo que por poco me cayera de espaldas. Me volví para verla, Valerie me miraba asqueada, y por encima de los hombros. Aquel gesto me dolió mucho viniendo de ella. 
-Pasa, das asco.- se apartó de la puerta, aún mirándome por encima del hombro.
Ignoré su comentario y pasé dentro. Sin dirigirle mirada alguna, entré en la ducha. Era verdad, daba asco, olía fatal. Me di una ducha rápida de agua fría, me sentó fenomenal. Me puse el chándal de la Universidad para estar cómoda, aunque eso me servía de poco en esos momentos. Valerie estaba sentada en su cama, viendo su móvil, aunque yo sabía que no tenía ningún mensaje, simplemente me estaba evitando.
-Valerie... Mira, sé que estás enfadada conmigo, me gustaría pedirte perdón, pero no sé por qué te lo tengo que pedir.- me senté a su lado y ella se levantó bruscamente.
-¡¿Qué no sabes por qué?! ¡¿Qué no sabes?! ¡Zorra! ¡Eso es lo que eres!- estaba roja de la furia, aunque a mí esa situación me hacia gracia, ella llamándome a mí zorra, parecía un mundo del revés.
-¿Perdona? Mira Valerie, no me acuerdo de una mierda de lo que pasó anoche. ¿Por qué me llamas zorra?- me levanté mirándola atentamente a los ojos.
-¡¿Qué por qué eres una zorra?! ¡Por enrrollarte con Harry cuando te dije que me gustaba a mí! ¡¿No piensas en tu amiga eh?!- empezó a llorar, todavía como una furia.
¿Qué acababa de decir? Le iba a decir que lo repitiera, pero se iba a pensar que me estaba burlando de ella. No sé por qué, también empecé a llorar. ¿Le había besado y yo ni siquiera lo recordaba? No, mi primer beso con Harry tenía que ser memorable, no fruto de una maldita borrachera. Quería recordarlo, me estrujé el coco por intentar recordarlo, pero lo único que logré fue que me doliera aún más la cabeza.  ¿Cómo iba a mirarle ahora? 
-Valerie, lo siento. No me acuerdo de nada, estaba muy borracha.- intenté abrazarla, pero ella se apartó.
-Sabes qué, da igual, sólo me interesaba su físico. No estaba enamorada ni nada de eso.- fingió una sonrisa.
En mi cara se dibujó una sonrisa y le di un abrazo que por poco la ahogo. Ella me lo devolvió y me hizo sentarme en su cama.
-Entonces, ¿no te acuerdas de nada?- Valerie me cogió la mano y jugó con mis nudillos.

viernes, 21 de junio de 2013

Capítulo XII ~

Me intenté incorporar, pero fue para nada, Harry permanecía inmóvil. Me miraba serio, tanto que me daba miedo.
-Harry, tengo que abrir.- dije con un hilo de voz.
-Oh, claro, claro.- salió como de un trance y, confuso, se apartó. 
Sus mejillas se llenaron ligeramente de color. Me levanté de la cama, aún más confusa que él. Noté sus pasos cerca de los míos, mi corazón se aceleró. Abrí la puerta y allí estaba, guapísimo. 
Zayn llevaba un traje de chaqueta beige, con una camisa negra abajo. Sus pelos estaba peinados en una especie de tupé que siempre solía llevar. Sus ojos chocolates me miraban sonrientes.
-Estás preciosa Abbie.- me besó la mejilla, qué galán. 
-Muchas gracias Zayn..- me ruboricé un poco, con una sonrisa de tonta.- Tú tampoco estás nada mal.- le sonreí.- Todavía no me he peinado Zayn, pasa.- entré dentro seguida de Zayn, Harry nos miraba desde el sofá.
-Encantado, yo soy Zayn.- Zayn le tendió la mano para estrechársela, muy educado.
Antes de darle la mano, le miró serio la mano y después a la cara. Cuando se la estrechó, sacó su voz más profunda y varonil, haciendo que cada célula de mi cuerpo se estremeciera.
-Yo soy Harry.
Terminé de secarme el pelo y arreglármelo un poco, y cuando salí, allí estaba Valerie, riendo alegremente con Zayn y con Harry. Al verme llegar, los dos se levantaron de su asiento, mirándome fijamente, Valerie se fue hacia mí.
-¡Mírate! ¡Estás preciosa!- me cogió de ambos brazos. 
-Si antes estabas preciosa, ahora lo estás aún más.- comentó Zayn con una gran sonrisa.
Esperaba ansiosa el comentario de Harry, era el que más me importaba, para que mentir. Pero Harry no dijo nada, sólo se quedó callado, mirándome. 
-Esperadme, me cambio en un momento y nos vamos todos juntos.- Valerie abrió el armario y cogió un vestido rosa bebé, de palabra honor, precioso. Después entró en el baño. Estaba peinada de peluquería, sería eso lo que había estado haciendo desde que habíamos tenido aquella charla Harry...
La situación se volvió incómoda, allí estábamos, Harry, Zayn y yo. Espera, ¿Harry? ¿Qué iba a hacer Harry allí? 
-Te he traído un regalo.- Zayn se levantó, haciendo que me levantara.
-¿Qué? No tenías porqué Zayn.- me sentía incómoda, yo no le había comprado nada.
-Sí, yo quería hacerte un regalo.- me hizo un gesto para que me girara. 
Me giré y me recogí el pelo a un lado. Noté en mi cuello un material frío. Agaché la vista para ver aquel collar que Zayn me estaba colocando, era realmente bonito. Era un collar de relucientes perlas, curiosamente a juego con mis sandalias, de un tono beige. 
-Zayn, es.. es... precioso.- me miré en el espejo que había en la pequeña ''sala de estar'', la verdad es que no me quedaba nada mal. De reojo, miré a Harry, no pude evitarlo. Me miraba con una cara que no sabía que quería expresar. 
-¿Te gusta?- Zayn se colocó detrás mía en el espejo, tal como Harry lo hizo en el baño.
-Me encanta.- me giré para mirarle a los ojos y le di un abrazo. 
Valerie salió del baño, interrumpiendo nuestro abrazo. Harry se volvió a levantar y le dio el brazo para que se agarrara, así lo hizo.
-Estás preciosa.- pude entender lo que Harry le dijo al oído, haciendo que ella sonriera como una tonta.
Dentro de mí estaba furiosa, queriendo gritar y desahogarme. Me daba tanta rabia que no me lo dijera a mí... ¿Estaba jugando a lo mismo que yo acaso? ¿O simplemente yo no le interesaba? Pero eso no podía ser así, sino lo que pasó antes de que nos interrumpiera Zayn no tenía sentido, no lo tenía. Vi como de su bolsillo sacaba una rosa idéntica a la mía, pero esta vez era roja. Si la blanca era en son de paz, ¿la roja era en señal de pasión? Oh dios, me estaba volviendo loca. Valerie se llevó las manos a la boca, y besó su mejilla, cuanto deseaba que esos labios que besaban su perfecta mejilla fueran los míos.
-¿Vamos?- Zayn hizo el mismo gesto que Harry.
-Sí, vamos.- me aferré a su brazo, necesitaba alguien en quien apoyar mi cabeza en esos momentos. 
-¿Te encuentras bien?- me dijo Zayn poniendo su mano libre sobre mi frente.
-Sí, o eso creo.- le sonreí, intentando que se dejara de preocupar.
Andábamos por el campus, hablaba con Zayn. Me encantaba ese chico, se podía hablar de cualquier cosa, era tan maduro... Miré hacia atrás, Valerie ya no estaba agarrada al brazo de Harry. Valerie hablaba y hablaba, gesticulando demasiado con las manos, a veces, se reía sola. Harry tenía las manos metidas en los bolsillos, y se limitaba a sonreír mientras miraba sus pies al andar. Sacó una mano de su bolsillo y agitó sus perfectos rizos, haciendo que me estremeciera. Notó que le estaba mirando, y su reacción no fue nada menos que echarle un brazo por encima del hombro a Valerie. Ella sonrió y le miró con un brillo especial en los ojos. Me giré bruscamente y miré al frente, siguiendo la conversación con Zayn.
Llegamos a aquella fiesta, después de andar durante media hora. El local estaba hasta arriba de gente. Todos bebían y gritaban debido al volumen de la música. Harry y Valerie nos adelantaron y entraron. 
-¡No tenemos por qué entrar Abbie, vayamos a otro sitio!- me gritó Zayn, la música estaba demasiada alta.
-¡No, entremos!- le contesté.
Me aferré con fuerza al brazo de Zayn, preparada para recibir cualquier tipo de empujón. Él me miró y sonrió, después me llevó hacia él y entramos. 

miércoles, 19 de junio de 2013

Capítulo XI ~

Zayn se acercaba más a mí, en cambio, yo me alejaba más y más. Ya no había más taburete para echarme hacia atrás. Al no haber más taburete, por poco me caigo al suelo, así que me tuve que agarrar a la barra, haciendo que Zayn se apartara. 
-¿Estás bien?- se le veía preocupado.
-Sí, estoy bien.- me incorporé.
-¿Te apetece ir esta noche a beber algo? Los chicos del equipo de rugby van a celebrar una fiesta fuera del campus, para celebrar que mañana juegan la final.- hizo como si nada hubiera pasado, como si él no se hubiera acercado tanto a mí. Apoyó un codo sobre la barra y enmarcó una ceja haciendo que él se volviera aún más guapo de lo que era.
Espera, recopila. ¿Los chicos del equipo de rugby? Kurt no me había dicho nada...
-No sé Zayn, no tengo muchas ganas de salir...- no quería que volviera a pasar lo mismo.
-Vamos Abbie, es sábado.- se incorporó y puso las dos manos sobre la barra. Me quedé mirándolo un rato, no le podía decir que no a esos ojos chocolate.
-Está bien, saldré contigo esta noche, pero a dar una vuelta, sabes que no me gustan esos lugares.- me levanté del taburete y me di la vuelta, dispuesta a marcharme. 
-Te recojo cuando cierre, tu habitación era...- dejó un momento de pausa para que yo prosiguiera.
-La 21, es de las primeras, el primer pasillo a la derecha.- le sonreí.- ¿A qué hora cierras?
-A las siete y media, así que a las ocho menos cuarto estaré allí.- me devolvió la sonrisa.
-¿No piensas irte a tu casa a cambiarte?- enmarqué una ceja divertida.
-Tenía pensado ir solo, así que he traído un traje de chaqueta, decía que había que ir de etiqueta, aunque no lo entiendo, si es una fiesta de un equipo de rugby.- rió.
Me reí ante su comentario y me di media vuelta para ir a la residencia.
Llegué a mi habitación, allí no había nadie, ni rastro de Valerie ni de Noe, menos mal. Miré por la ventana, con la esperanza de que la ventana estuviera abierta, y encontrar a Harry escondido por algún rincón, pero nada. La ventana estaba cerrada. Me di una ducha de agua caliente, donde me dio tiempo a cantar unas cinco canciones. La última fue 'Impossible', de Shontelle. Adoraba esa canción, me sentía algo identificada con aquella canción, no sabía por qué. Cerré el grifo y cogí una toalla para mis pelos mojados y los envolví en ella a modo de turbante, dejando a la vista un solo mechón que caía sobre mi cara. Cogí otra toalla más grande para secarme el resto del cuerpo. La relié a mi cuerpo como si fuera un vestido de palabra de honor, aguantado por mi axila en la unión de ambos extremos. Salí del baño tatareando aquella canción tan dramática. 
Abrí mi armario, aún tatareándola, hasta que me entró esa vena en la que te entran ganas de cantar como si fueras una profesional. Cantaba a pleno pulmón el estribillo en el que se repetía varias veces 'impossible', a la vez que sacaba del armario un vestido verde esmeralda y unas sandalias beige, no me gustaban los tacones. Al sacar el vestido no pude evitar acordarme de los increíbles ojos de Harry. 
Llegaba el último 'impossible' de la canción, así que lo canté aún más fuerte que los demás, cerrando los ojos del esfuerzo. Cuando terminé escuché unos aplausos. Lo primero que hice al abrir los ojos fue mirar el reloj, aún eran las siete, no podía ser Zayn. Me giré para ver quién era quién había estado aplaudiendo y haberme escuchado cantar tan horriblemente como el maullido de una gata en pleno parto. 
Allí estaba, tan deslumbrante como siempre. Llevaba un traje de chaqueta negro, con unos pantalones que se ajustaban a sus perfectas piernas. Del bolsillo de su chaqueta asomaba una rosa blanca, un poco más pequeña que la mía. Sus pelos estaban alborotados, como siempre. Sus ojos verdosos recorrían todo mi cuerpo tapado con una simple y única toalla. Una sonrisa pícara y adorable decoraba su boca, formando ese hoyuelo asimétrico de su mejilla. 
Al verle me asombré tanto que se me olvidó sujetar la toalla que me cubría, dejando ver uno de mis senos. Me agaché intentando hacerme una bolita y así, poder taparme. Me ruboricé al segundo, estaba más roja que un tomate. La risa de Harry resonaba por toda mi mente. 
-¡HARRY VETE DE AQUÍ!- señalé la puerta con la mano que le quedaba libre.
-Lo siento.- paró de reírse en seguida y se fue, cerrando la puerta. 
Me coloqué el vestido rápidamente, y me puse las sandalias lo más veloz que pude. Me di con un poco de colorete en mis mofletes pálidos y me puse un poco de rimel. Solté mi pelo hasta ahora recogido a modo de turbante en la toalla y me fui al baño. 
Al escuchar el ruido de la puerta al abrirse, Harry, que hasta ahora había permanecido fuera, me siguió. Lo ignoré y empecé a cepillarme el pelo.
-No he visto nada, no te preocupes.- se colocó detrás mía, para que lo pudiera ver en el espejo, sin tener que girarme.
-¿Entonces por qué te reías?- fruncí el ceño, dejando el cepillo quieto.
-Porque.. Bueno.. Vale, sí, he visto un poco, pero sólo un poco de verdad. No sabía que estabas en toalla, sino no hubiera entrado. Sólo que te escuché cantar y... me pareció que tu voz era muy bonita.- me sonrió volviendo a crear ese hoyuelo asimétrico en su mejilla que me volvía loca.
-Mi voz es como la de una gata en pleno parto Harry.- seguí cepillándome el pelo.
-Es que si además te decía que cantabas mal me ibas a matar.- se rió.
-¿Encima mientes?- lo amenacé con el cepillo.
-¿Qué me piensas hacer? ¿Me piensas cepillar el pelo hasta que se me quede liso?- los dos reímos a carcajadas.- ¿Y a dónde vas así de guapa?- ¿me había dicho que estaba guapa? Dentro de mí empecé a saltar de alegría
-¿Y tú?- le acababa de decir guapo indirectamente, guardé el cepillo y saqué el secador, apuntándole a él cuando lo encendí, haciendo que todos sus rizos se removieran.
-¡Estate quieta!- apartó el secador con la mano, pero yo le volví a apuntar.- ¡Ahora verás!
Dejé el secador encima del lavabo y salí corriendo riendo como una niña, Harry me perseguía por detrás, gritando como si fuera otro niño de cinco años. Entré a mi habitación, iba a cerrarla para evitar que entrara, pero entonces se abalanzó sobre mí, haciendo que los dos cayéramos sobre la cama a grandes carcajadas.
-¿Te he hecho daño al tirarte en la cama?
Él se encontraba arriba mía, sólo tenía apoyadas las palmas de las manos y sus rodillas en la cama, dejando un gran espacio entre los dos. Los dos jadeábamos del cansancio de correr por toda la habitación y aquel espacio que antes me pareció grande, se volvió pequeñísimo. Sólo faltaba que nuestros labios se unieran, cerré los ojos esperando aquel beso que tanto había deseado, dejando todo lo demás a Harry. Cuando noté su respiración en mi cara, proveniente de su boca, llamaron a la puerta. 

martes, 18 de junio de 2013

Capítulo X ~

Me quité las manos de la cara y le dirigí una mirada de desesperación por su comentario. Él jugaba desanimadamente con sus nudillos. Me levanté resoplando para ir al baño. Abrí el grifo y me eché un poco de agua en la cara. Estiré mi rostro con las manos, mirándome al espejo. Era horrible, debía de dejar a Kurt ya, pero... Algo me lo impedía. Ese algo eran los celos que provocaba Kurt en Harry. Volví a mi habitación, intentando buscar una disculpa para Harry, pero no sé porqué le tenía que dar una disculpa. Entré en la habitación y me tapé los ojos con una mano, como si no quisiera verle la cara mientras me disculpaba por algo que no tenía nada de malo.
-Harry, yo...- al notar el silencio de la habitación, me quité la mano de los ojos, Harry no estaba allí.
Pero era imposible que Harry se hubiera ido, no había escuchado ningún portazo. Miré a ambos lados, en su busca, pero no sirvió para nada. Me senté en mi cama y miré por la ventana. Entonces me di cuenta de que antes no estaba abierta. ¿Por qué tenía esa manía de irse por la ventana? Me reí sola en aquella habitación.
Me encontraba en mi cama, eran las cinco, y no tenía nada que hacer. Escuché la puerta abrirse, y, a continuación, cerrarse. Escuché los suspiros de Valerie. ¡Valerie! La había dejado sola, oh dios. Salté de mi cama y me fui a abrazarla.
-¡Valerie! Lo siento mucho, de verdad, no debería de haberte dejado allí sola.- le abracé fuerte, sin obtener el mismo gesto de ella.
-No pasa nada, algo tendrá ese chico para que me dejaras tirada...- Valerie soltó su bolso en la cama.
-¿Estás enfadada?- le busqué los ojos, pero no había manera de encontrarlos, tenía la cabeza agachada.
-No, para nada.- fingió una sonrisa.- Y, ¿qué tal?- se sentó en mi cama, como la que no quiere la cosa.
-¿Qué tal? Horrible. Kurt está mucho tiempo con Noe y no la trago...- suspiré sentándome a su lado.
-¿Y con Harry?- miró por la ventana con una mirada profunda.
-¿Harry? ¿Qué pasa con él?- la miré extrañada, ¿que quería saber de él?
-Que si te pica...- bajó la mirada a sus pies.
-¿Cómo que me pica?- reí escandalosamente intentando calmarme.
-Que si te gusta Abbie.- paró su mirada en mí, mirándome muy seria.
-¿QUÉ? NO.- volví a reír escandalosamente, intentando ocultar mi mentira.- Para nada.
-Ah, genial, es que a mí sí.. Y no sé, yo ya me hubiera lanzado, ya lo sabes, pero bueno, ahora sé que tengo vía libre.- sonrió y me abrazó no sé por qué razón.
Me quedé con los ojos abiertos como platos, ¿qué acababa de pasar? En un segundo había perdido toda mi oportunidad con Harry. Valerie conseguía a cualquiera que quería, yo en cambio... No lo tenía tan fácil como ella. Me aparté de ella, aún impactada por aquella noticia.
-Yo... voy a por un café.- salí de la habitación, apoyándome en el quicio de la puerta, debido al mareo repentino que me había entrado.
-Voy contigo.- Valerie se levantó de la cama sonriente, como siempre.
-¡NO!- la paré con la mano, haciendo que se asustara.- Quiero decir, quiero estar sola Valerie. Después nos vemos.- salí al pasillo y me apoyé en la puerta.
Suspiré y miré al techo de aquel pasillo. ¿Por qué tenía que pasarme todo aquello a mí? ¿Por qué tuve que conocerle?
Llegué a la cafetería en lo que a mí me pareció una eternidad y dejé caer mis codos en el mostrador, sentándome en uno de los taburetes.
-¿Qué te pongo Abbie?- Zayn era un chico moreno más o menos de mi edad, nunca se lo había preguntado.  Estaba a cargo de aquella pequeña cafetería en medio de la universidad, negocio familiar. Fue uno de mis primeros amigos al llegar a la universidad, iba con regularidad allí.
-Me apetece un licor, ¿tienes alguno que me sirva?- en la Universidad no dejaban que se sirviera alcohol, así que, como Zayn era amigo, pues tenía una botella para casos especiales.
-¿Y eso? ¿Qué te pasa?- rió.- Sólo tomas licor en ocasiones especiales.- rápidamente me sirvió el licor deslizándolo por la barra, me encantaba eso que hacía, parecía del Oeste.
-Chicos.- me acabé aquel chupito de un sorbo, tosí fuertemente por el contacto de aquel líquido ardiente por mi garganta.- Gracias.
-¿Es Kurt? Te comprendo.- limpió el vaso en el que acababa de beber.- El otro día lo vi muy acaramelado con la nueva.- dejó el vaso en el estante con los demás.
-¿Acaramelados? ¿Es que los viste besándose? - adelanté un codo, acercándome más a Zayn.
-No, simplemente hablaban mientras bebían un café. Y lo mucho que se tocaron fue un abrazo, pero a Kurt le brillaban muchos los ojos al mirarla, yo que tú, tendría cuidado.- apartó la mirada de los vasos y me sonrió intentando darme esperanzas.
-Todo es una mierda, yo soy una mierda.- suspiré y volví a ocultar mi rostro con mis manos.- Estoy destinada a morir sola.- aparté lentamente las manos de mi cara.
-Sólo si tú quieres.- susurró a escasos centímetros de mí.

lunes, 17 de junio de 2013

Capítulo IX ~

Me giré en mi asiento, no había duda, era él. Todavía llevaba aquella gabardina y el gorro negro. Sólo que había un pequeño detalle más, una rosa blanca en su mano. Me quedé un rato mirando aquella preciosa rosa, después levanté la vista y le miré a los ojos pidiendo una explicación.
-Es en son de paz, para que me perdones.- me tendió la rosa para que la cogiera.
Extendí mi brazo para cogerla, después lo aparté, ¿qué estaba haciendo? ¡Coge la rosa ya! Cerré los ojos, evitando cualquier tipo de estremecimiento en mí y la cogí.
-¿Te ha dolido cogerla?- bromeó Harry, mostrando todos sus perfectos dientes en una amplia sonrisa.
Lo miré con los ojos en blanco, sin poder evitar no sonreír. Me volví a Valerie, como si él no estuviera allí, ¿qué le iba a decir? Me llevé a la boca un trozo de sushi. Todavía no había saboreado aquel sushi cuando noté varios golpecitos en el hombro. Me giré en mi asiento, y él seguía allí, con los brazos en jarra, divertido con aquel asunto.
-¿No me invitáis a comer?- se sentó en una silla al lado de nuestra mesa, dando por afirmativa la pregunta.
-Me voy.-me levanté de mi silla, apartándola de forma brusca, cogí la rosa que había dejado en la mesa y salí a paso ligero.
Ya estaba en la puerta de aquel restaurante, dispuesta a salir de allí. Di un paso fuera y algo me lo impidió. Mi piel del brazo ardió como las otras veces. No me volví e intenté salir de nuevo. Pero no sirvió de nada.
-Abbie, Abbie.- replicó.- Se supone que cuando cogiste la rosa era porque me habías perdonado por venir.
-Harry, ¡POR TU CULPA HE QUEDADO COMO UNA ESTÚPIDA DELANTE DE MI PADRE! ¡LO HE HECHO VENIR PARA NADA Y YA ES MAYOR! ¿SABES? Déjalo, no quiero...- suspiré hondo.- Me voy.
-Pero...- escuché a lo lejos.
Después de ir a varios pasos ligeros, empecé a correr, con las lágrimas saltadas ¿por? No lo sabía, últimamente las lágrimas salían sin más. Llegué a la residencia, y entré en mi habitación dando un gran portazo que resonó por todo el pasillo. Lo primero que hice fue llenar un vaso de agua, lo puse en la mesilla de noche y metí la rosa en él. Me tumbé en la cama con desgana, suspiré profundamente y con las manos, tapé mis ojos brillosos.
Pasaron unos minutos y en la habitación sonaba una respiración a parte de la mía. Un poco asustada, aparté las manos poco a poco. Sus ojos verdes y enormes me miraban con una gran sonrisa, dobló la cabeza hacia un lado, como si aquella situación le divirtiera.
-¿Te has tranquilizado ya?- sonrió.
-Harry, apártate.- me volví a tapar las manos con los ojos suspirando levemente.
-Bueno, tendré que esperar un ratito más.- se sentó a mi lado, acariciando mi pierna.
Toda mi piel se erizó, y bajo mis manos, noté como mis mofletes se ruborizaron. Los latidos de mi corazón se aceleraron y mi cuerpo me pedía un único deseo. Lo quería coger de aquel cuello de la gabardina y.... no. Borré ese pensamiento de mi mente. Volví a suspirar, pero este suspiro fue de alivio.
-¿Mejor?- entre los espacios de mis dedos pude ver como se mordía el labio inferior, al parecer mi anterior pensamiento no era muy diferente al suyo.
-Sí.- aquel deseo que había en la sala se podía ver desde kilómetros. Me incorporé en la cama.- Lo siento, por haberte gritado antes, en serio. Es que... no tenías que haber venido.- bajé la mirada a mis pies.
-Tienes razón, no debería de haberme fiado de Louis cuando me dijo que habías cambiado de opinión sobre el partido, lo siento.- miró a la mesilla de noche, y al ver la rosa en el vaso, sonrió.
-¿Qué Louis te dijo qué?- alcé la mirada de mis pies a sus ojos, y de sus ojos a sus labios. Dios, ¿por qué ese pensamiento no se iba?
-Nada, nada.-Harry miró por la ventana, con esa sonrisa que decoraba su perfecto rostro siempre.
-Cuando lo vea se va a enterar de quién es Abbie Jones...- dije con tono de venganza.
Harry se empezó a reír, provocando que me riera levemente. Notaba como los centímetros que me separaban de Harry iban desapareciendo lentamente, y cuando solo quedaba un simple milímetro, las carcajadas escandalosas de Kurt y las tímidas de Noe se escucharon en la habitación. El escaso centímetro que nos separaban se volvió para lo que a mí me pareció un kilómetro. Me mordí el labio inferior, agachando la cabeza. No podía evitar que una sonrisita pícara saliera de mi cara, alcé la vista, y vi como Harry miraba a Kurt con cara de repugnancia. Tapé mi sonrisita con la mano y me volví hacia ellos. La mirada de los dos se clavó en nosotros.
-Oh, Abbie, estás aquí.- Kurt se llevó la mano a la nuca.- Jugaste muy bien esta mañana.- sonrió falsamente.
-Kurt, ni siquiera me viste jugar. Estabas demasiado ocupado hablando con Noe....- volví mi cabeza a la ventana.
-Pero Abbie, no te enfades.- noté los pasos de Kurt por la habitación.
Me volví bruscamente para seguir discutiendo con él, pero mis labios se encontraron con otros. El deseo que invadía mi cuerpo salió. Lo agarré de la nuca y le devolví el beso. Cuando me aparté, esperaba ver aquellos ojos verdes y grandes que invadían mis sueños, pero en lugar de eso, encontré unos azules con expresión de victoria. Ahora si que me sentía realmente estúpida. Noe miraba desde la puerta, con cara de asco hacia mí. Harry tenía la cabeza agachada y los ojos cerrados con fuerza, ya que tenía arrugados los párpados.
-Bueno, ya que está todo bien, me voy, hasta mañana.- Kurt salió victorioso de allí, dejándome como una real estúpida.
Noe se quedó impactada, allí en el quicio de la puerta. Harry y yo la mirábamos atentamente, hasta, que sin decir nada, salió de la habitación cerrando la puerta con gran brusquedad, haciendo que diera un brinco en la cama.
-Soy  una estúpida.- volví a taparme la cara con las manos.
-Un poco.- respondió él, con sus ojos fijos en sus botas.


sábado, 15 de junio de 2013

Capítulo VIII ~

Oh dios mío, habia quedado realmente estúpida. Lo había hecho fatal, y ahora encima estaba enfadada con Donna, Louis y.... Harry. Después Kurt y Noe, ¿quién no decía que me estaba engañanado con ella? Ya ni siquiera me hablaba. Entre el cansancio y mi impotencia las lágrimas brotaron de mí a gran paso. Me senté en un banco lo bastante lejos del complejo, mis ojos estaban nublados y no veía nada, me podría chocar con alguien. Seguía llorando sin parar. Harry, Harry, Harry, sus ojos verdes mirándome con cara desesperada porque lo escuchara era lo único que había en mi mente. Cerré fuerte los ojos, intentando no pensar más en él, pero él ya se había cogido un asiento permanente en primera fila de mi mente. ¿Qué tenía de especial ese chico? ¿Acaso era que me estaba.... no. No podía ser verdad eso. Pero, ¿qué tenía de malo? Kurt no me hacía ni puñetero caso, una no decide de quién enamorarse. Cuando llega, llega.
La palabra 'enamorarse' resonó por toda mi mente como el estallido de una bomba, creando una punzada en mi corazón. Nunca hubiera definido lo que sentía por Kurt como enamoramiento. Pero ese dolor que me creaba despedirme de Harry y no verle, saber que cualquier chica puede estar con él ahora mismo... Y esa felicidad de verlo, bromeando conmigo, ese tono de asco que ponía cuando Kurt salía en una conversación me ponía tan feliz.... Sí, no me tenía que engañar más a mi misma, no era ninguna otra cosa que no fuera enamoramiento lo que yo sufría por ese chico. Pero yo no era de esas que se dejan como estúpidas seducir, yo era dura de roer en esas cosas. Kurt... Había sufrido lo bastante yo con Kurt ya, pero todavía no había acabado con él. A él no le han importado mis sentimientos, ni estando borracho ni en la vida real. Una demostración era el tiempo que pasaba con Noe. Uno no decide de quién enamorarse, pero si tienes ya a alguien, deja las cosas claras y no juegues con ella. Pues exactamente lo mismo que estaba haciendo conmigo lo iba a hacer con él. Sabía que no debía rebajarme a su nivel, pero era inevitable. Sí, utilizaría a Kurt para darle celos a Harry, simplemente porque me encantaba su cara cuando Kurt estaba cerca.
Mi cabeza decía que no lo hiciera, eso era de una persona horrible, pero después mi corazón me recordaba todo lo que yo sufría al verlo con Noe y me decía que sí lo hiciera. Iba a darle el placer a mi corazón magullado.
Me eché las manos a la cabeza y suspiré. Noté una mano en mi hombro, pero mi piel sudada no ardió. No, ese no era él. Alcé la vista, todavía con ojos brillosos y vi a Valerie sonriéndome.
-Hey, todas tenemos un día malo.- se sentó a mi lado y me echó un brazo por el hombro, contemplando los terrenos de PCA.
-Pero es que este ha sido horrible Valerie.- al recordar el partido volví a llorar.
-No, no llores. En el partido de vuelta le demostrarás a todos que eres la mejor ¿vale?- besó mi mejilla para animarme.- Venga vamos Abbie, no te desanimes.. ¡Además! El sábado es la prueba para las Cheshire Jets, verás como te cogen.- me sonrió.
-Ni siquiera sé si voy a ir Valerie...- sollocé.
-¿Y si te digo que solo entran las jugadoras y los entrenadores qué?- sonrió con una sonrisa aún más grande  que la anterior, provocando que me riera.- Venga, vamos a la residencia a darnos una ducha, que estamos que damos asco, sobre todo tú.
-¡Hey!- me reí.
-Así mucho mejor.- se levantó y me tendió una mano para levantarme.
Nos duchamos, eran las tres y algo. Valerie se había comprometido a estar todo el día conmigo para evitar que recordara el partido, debida a la ausencia de mi 'novio' en esos momentos. Sí, entre comillas. Valerie me llevó a comer sushi en un restaurante nuevo en el campus. Estábamos comiendo y jugando con aquel pescado crudo. Yo estaba de espaldas a la puerta, cuando una melodiosa invadió mis oídos.
-¿Me estás engañando con el sushi? No habéis comido pollo, no me lo puedo creer.- rió.