sábado, 8 de junio de 2013

Capítulo I ~

-¡Me han dado una noticia estupenda cariño!- Kurt me levantó del suelo, como siempre solía hacer cuando estaba contento y después me besaba.
-¿Qué pasa cielo?- dije separándome de él, con una gran sonrisa, lo amaba.
-¡Me van a coger en un equipo de Los Ángeles de rugby! ¡Me han dado una beca, para seguir estudiando allí!- él sonreía aún más que yo.
-¿En serio? ¡Me alegro un montón cielo!- puse mis manos en sus mejillas y lo besé.
Estaba muy contenta, era lo que él quería, jugar al rugby. Ahora le pagaban por ello, era estupendo. Pero se alejaría de mí, quién sabe hasta cuando.
-Amor, si te vas a Los Ángeles, ¿que será de mí?- le pregunté haciendo pucheritos.
-No te preocupes, vendré todos los fines de semana ¿sí? Todos los días que pueda, además, de Los Ángeles a Malibú sólo hay un par de horas, estaré cuando tú lo necesites.- me sonreía, con los ojos brillosos, llenos de ilusión.- ¿Algo nuevo que me quieras contar sobre tu baloncesto?
-No, nada nuevo.- le volví a sonreír y le di un beso corto. Me bajó al suelo, que no había tocado en toda nuestra conversación, su musculatura me fascinaba.- Tengo que hacer unas cosas, después nos vemos ¿vale?
-Está bien, suerte con tus exámenes, te traje un café de la sala para que te ayudara.- me dio el vaso, me besó la mejilla y se fue de mi habitación. 
En realidad sí que tenía cosas para contarle. Dentro de unos días, harían unas pruebas para entrar en el equipo de Cheshire Jets femenino, que es un equipo inglés. Si me presentaba y me cogían, tendría que viajar hasta Inglaterra. Antes de decirle nada, me lo quería pensar hasta saber qué iba a hacer. 
Se notaba que Kurt ese día estaba de buenas. Otros días, ni por asomo era así. Esos otros, eran cuando todo le salía mal, entonces se apoyaba en el alcohol y se volvía ciego. No le importaba lastimarme, tanto física como psicológicamente. Pero de eso, nadie sabía. Todos conocían al Kurt bueno, pero sólo yo al malo. Aún así, lo amaba. Igual que él se ponía ciego de alcohol, yo estaba ciega de amor.
Nos conocimos un día lluvioso. Él siempre venía a verme entrenar a las pistas de la Universidad, pero nunca habíamos hablado. Entonces, ese día estaba en medio de un entrenamiento, cuando empezó a llover, salí del complejo corriendo. Pero allí estaba él, esperándome con un paraguas. Llevábamos un año y medio saliendo, yo nunca había tenido una relación tan larga. Mi inseguridad no lo permitía. La mayoría de mi inseguridad era debido a mi altura, era como si yo fuera un bicho raro, bueno, al fin y al cabo, lo soy, aunque Kurt hace que me olvide de ello, cuando está de buenas. 
El baloncesto me hacía despejar mi mente, cosa que me venía muy bien en semanas de exámenes. Estudiaba todo el día y después me iba dos horas a entrenar. 
Este era el último año de mi carrera en filología , por fin esta tortura acabaría. Pero para ello aún quedaban algunos meses.
-¡Ya no me acordaba! ¡Había quedado con todas las del equipo para comprar la nueva equipación!- me llevé las manos a la cabeza, cogí el bolso y salí corriendo.
Habíamos quedado todas en la fuente de la gran plaza que había delante de la residencia, a las cuatro y media de la tarde. Para mi desgracia, ya eran las cinco. Menos mal que sabía donde era. Salí de la universidad y cogí un autobús para que me llevara a la ciudad. Me senté al final, repasando mentalmente el examen. Así era yo, no desaprovechaba el tiempo. Bajé del autobús, aún recitando para mis adentros los temas que había que estudiarse. Iba a cruzar la carretera, pero como iba absorta a mis libros, para saber si ya me lo sabía, no vi que el semáforo estaba en rojo. Alguien desde una moto me gritaba, entonces, volví al mundo real. Agitaba las manos ¿enfadado? Seguramente. Frenó en seco, y del susto, se me cayó el café que me había dado Kurt al suelo. El individuo me seguía gritando, no lo entendía. Pero el latido  acelerado de mi corazón no me dejaba escuchar lo que decía. Se bajó de la moto y se acercó a mí. Creía que me iba a echar la bronca, pero en su lugar, se preocupó por mí.
-Lo siento por tirarte tu café, pero deberías estar más atenta, y más cuando cruzas una carretera.- cogió el vaso desechable del suelo, con el poco líquido que le quedaba. 
Entonces me fijé en él. Era un chico de mi misma estatura, exactamente la misma. Sus rizos estaban ocultados por un casco amarillo pollo, con una cresta en la parte superior. Seguro que era repartidor de cubos de pollo. Sus ojos verdes penetraban  en mí, haciendo que algo dentro de mí se removiera. Sería la fatiga del susto. 
-Bueno, da igual. Adiós.- cogí el vaso que el sostenía e intenté salir de allí a paso ligero, para no llegar más tarde a la tienda. Sí, por eso.
-¿No me pides una disculpa? En realidad la culpa ha sido tuya ¿sabes? ¿No te han enseñado modales?- abrió los brazos en señal de indignación, su acento me hacía saber que era de origen inglés, y no americano. 
-No estoy para broncas, si es lo que quieres inglés. Perdón, sí, es culpa mía, ¿era eso lo que querías oír? Pues ya está, adiós.- volví a mi andar ligero, despegándome de aquel muchacho tan atractivo.
No sé por qué, su rostro se quedó en mis pensamientos, invadiendo todos los que contenían teoría de mi examen. Crucé otra vez la carretera, desde un paso de cebra que estaba muy lejos del anterior. Justo en frente estaba la tienda, desde los escaparates se podían ver todas con el entrenador. Crucé con toda la velocidad que pude, otra vez el semáforo estaba en rojo.
-¿No aprendes?- volví a escuchar su voz profunda y melodiosa.
-¿Qué?- me volví como si no supiera a que se refería.
-¿Otra vez vuelves a pasar en rojo?- señaló con el dedo el semáforo.- Menos mal que estas calles no soy muy transitadas, sino serías chica muerta.
-Gracias por los ánimos, pero tengo prisa. Y perdón.- no me giré a verle y entré en la tienda.
Al entrar todas se volvieron para mirarme.
-¡Menos mal que llegaste!- saltó una.
-¡Creíamos que ya no vendrías!- añadió otra.
-Pues aquí estoy.- me agaché debido al cansancio, poniendo las manos en las rodillas, dejando entrar el oxígeno por mis pulmones. 
-Hemos pensado en esta, ¿qué te parece?- me preguntó Valerie, la capitana del equipo.
Era una camiseta de color morado, los costados eran negros. Las calzonas igual, pero al contrario. En medio tenían el logo de la universidad, y detrás irían nuestros dorsales con nuestro apellido.
-Me encanta.- la cogí y le eché un vistazo. 
-Ve a probártela, todas tienen ya la suya.- mi entrenador señaló un probador que había en la esquina de la tienda. 
Entré en el probador y dejé mi bolso colgado en una percha. Me la probé y me estaba bien, ni muy grande, ni muy pequeña. Salí del probador y di una vuelta para que todos la vieran. Todos levantaron los pulgares, así que volví al probador para ponerme mi ropa. Cuando iba a cerrar la cortina, escuché su voz:
-Eh, yo no la he visto.- se quitó el casco y removió sus rizos. 
Ignoré su comentario y eché la cortina. ¿Qué hacía aquí? Sus rizos eran perfectos, completamente perfectos. ¿Por qué estaba pensando en sus rizos? Me quité la equipación y me puse mi ropa. Iba a salir, pero escuchaba su voz hablando con el resto del equipo.
-¿Quién eres?- reconocí la voz de Valerie, pero esa voz que pone cuando quiere seducir a alguien.
Valerie era de esas chicas muy seguras en sí mismas, todo lo contrario que yo. Si se proponía liarse con alguien, tarde o temprano, aunque la mayoría de las veces temprano, lo conseguía. 
-Soy Harry, Harry Styles.- respondió él, con su acento tan inglés.
No sé por qué, me estremecí tras esa cortina al escuchar su nombre. Sería el aire acondicionado de la tienda, seguro. Harry..., me quedé pensativa. Le quedaba muy bien ese nombre. Las chicas seguían preguntándole y yo estaba metida allí dentro, escuchándolo todo. Todavía seguía allí, cuando mi entrenador me llamó la atención.
-Jones, sal de ahí, no tenemos todo el día. Tenemos que poner los logos y los dorsales, vamos.- el entrenador siempre nos llamaba por nuestros apellidos.
-Ya voy.- respondí con un hilo de voz.
Salí con la cabeza gacha del probador, pero ¿por qué? Ese chico no me debía preocupar, no era nada importante en mi vida. Como aprobando mis pensamientos, levanté la cabeza y me lo encontré de frente.
-¿Qué haces aquí?- pregunté saliendo por la puerta, seguida de todo el equipo.
-No me habías dicho que jugabas al baloncesto.- ignoró mi pregunta y caminó a mi lado, con el casco bajo el hombro.
-Porque eres un desconocido repartidor de pollos, ¿no tienes que hacer ningún envío o lo que sea que hagas?- respondí seca.
-No tengo nada que repartir, iba a mi apartamento.- se encogió de hombros.- ¿Podré ir a verte a un partido?
-No.- contesté rápido. 
Odiaba que la gente viniera a verme, lo odiaba. Siempre tenía miedo a meter la pata. Solo podía soportar que me viesen mis compañeras de equipo, mi entrenador y los familiares de mis compañeras, porque ya los conocía. 
-Sí que puedes, ven el sábado. Jugamos el primer partido de final four.- dijo Valerie, poniéndose entre nosotros.
-Será un placer ir a... veros.- cambió el verte por el veros, y no sé por qué, algo dentro de mí enfureció.- Aún no sé tu nombre Jones.- me llamó por mi apellido, pero en su voz sonaba mil veces mejor que en la de mi entrenador.
-No tienes por qué saberlo, deberías de estar en un apartamento.- respondí seca, yéndome atrás con las demás.
-Abbie, no seas así con Harry.- Valerie se agarró del brazo de él, que al parecer no le importó.- Ahora vamos a poner el logo de la universidad, me llamo Valerie por cierto.
Suspiré algo fuerte, porque Harry y Valerie se giraron a verme. ¿Por qué me molestaba tanto que Valerie ligara con él? Eso lo hacía con todos, pero a mí no me importaba. ¿Por qué ahora sí?
-Encantado, Abbie.-me dijo él girándose a verme una vez más, mirándome a los ojos de una manera que me incomodaba.



2 comentarios:

  1. asjdfdsfvh me encantaaaaaaaaaaaaaaaa! Y eso que es solo el primer cap jajajaj :)

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