viernes, 28 de junio de 2013

Capítulo XX ~

Sus ojos se abrieron como platos y vi como una gota de sudor caía por su perfecto perfil. Se aireó el cuello de la camiseta y tragó saliva descaradamente.
-¿No hace mucha calor aquí? Iré a bajar el aire.- señaló a sus espaldas.
-¿De verdad? ¿Esa es la explicación que me tienes que dar?- yo seguía allí, inflexible y con el ceño fruncido.
-Simplemente no sé que quieres que te explique.- se encogió de hombros y se sentó en frente mía.
-¿Qué no lo sabes? No sé- me llevé una mano a la barbilla, con ironía.- ¿Por qué te fuiste así del hospital? ¿Por qué has salido corriendo después de tirarme al suelo quizás?
-Quizás porque no me gusta que jueguen con mis sentimientos.- me imitó y frunció el ceño, apoyando un codo sobre la mesa.
-¿Jugar con tus sentimientos?- puse los ojos en blanco. Levanté el servilletero y lo coloqué en la mesa con fuerza.- ¿Te recuerdo que estaba borracha como una cuba? Estando sobria nunca jugaría con tus sentimientos Harry.- cuando terminé de decirlo, me di cuenta de que las lágrimas se habían dado permiso para salir.
-Encima de que me peleé con ese imbécil por ti...-se levantó dando un gran golpe a la mesa con la palma de su mano.
-¿Eso quiere decir que te tengo que dejar hacer conmigo lo que quieras?- me levanté y lo seguí.
-Abbie.- se puso una mano en la frente, intentando coger paciencia.- ¡Vete de aquí!- me señaló la puerta bruscamente.
-¡No Harry! ¡No me pienso ir de aquí hasta arreglar esto!- le grité, roja como un tomate.- ¿Sabes? Te conozco de hace unos días, pero me importas y quiero arreglar esto. Pero veo que no estás por la labor, adiós.- la gente me miraba sorprendida, pero en esos momentos era lo último que me importaba. Me dirigí a la puerta, pensando en que le había dicho que me importaba.
-¡No! ¡No me vas a dejar como si aquí el malo fuera yo!- me cogió del brazo en el que me habían pinchado, no sé si aposta o no, pero con mucha fuerza, tanto que me hizo retorcerme de dolor y acabar en el suelo. Al escucharme llorar, paró.- Oh, dios, Abbie no quería...- me tendió una mano para ayudarme a levantarme.
-¡Déjame!- aparté su mano de un manotazo.- ¡Todos los hombres sois iguales! - me puse una mano en mi brazo, cómo si así me dejara de doler. Me levanté por mí misma, con la mirada de todos los clientes, los trabajadores y de Harry encima y me fui llorando a más no poder.
Intenté correr, para desaparecer antes de allí, pero el dolor de mi espalda no me lo permitía. Lloraba y lloraba. Caños de lágrimas salían de mí, incluso me empezaba a preocupar por si me deshidrataba. Pero no podía pararlo, era superior a mí. ¿Por qué tenía tan mala suerte con los hombres? No me había dado cuenta de donde estaba, me faltaban dos pasos para salir de Malibú. Miré la calle en la que estaba... Wandermere Road. ¿Destino? Quién sabe. Unos mendigos hablaban, sentados en un banco mientras comían un bocadillo de quién sabe qué. Entre ellos, había una niña cubierta de un abrigo grande, demasiado para ella y con grandes jirones. La niña se levantó de su sitio y fue hacia mí. Me froté los ojos de lágrimas para poder verla mejor. Era pequeña y pelirroja, su cara estaba llena de pecas. Tenía que tener unos ocho años.
-¡Hola!- me saludó animada.- Me llamo Daisy, ¿y tú?- la chica me miraba curiosa, de arriba abajo.
-Abbie.- aspiré ruidosamente e intenté sonreír, pero se quedó en una fea mueca. Miré la casa que había detrás de los demás vagabundos, la 298. La de Harry no andaba muy lejos. 
-Me gustas.- me cogió de la mano y me llevó a donde estaba.- Seguro que les caes bien a todos.- Qué simpática pero, ¿por qué me había tomado por una vagabunda? A saber el aspecto que tendría.- Este es Ethan.- señaló a un hombre de gran barba, con aspecto demacrado y de ojos que carecían de chispa. Tendría unos 50 años.- Ésta es Shirley.- era una mujer algo más joven que el hombre, con pelo de estropajo. Le faltaban varios dientes.- Y este es Wallace.- era otro hombre, pero más joven, de 30 y pocos años. 
-¿Son tus padres y tu hermano?- le pregunté cerca de su oído.
-No, mis padres murieron al yo nacer, no tengo familia.- se quedó con los ojos fijos en el suelo.- Bueno sí, ellos. 
Me sentí mucho más triste de lo que estaba. Estaba triste por mis cosas cuando hay niñitas tan tiernas en el mundo en una situación así. 
Les hice un gesto de saludo a todos con la mano, definitivamente, la niña era la que mejor aspecto tenía. Daisy me invitó a sentarme a su lado. Les iba a preguntar la hora, pero era estúpido, no tenían reloj. Por la situación del sol, serían las tres y media o algo así. Todo lo que me había pasado en una mañana... Me habían expulsado de la Universidad, había tenido una gran pelea con Harry y ahora estaba con unos vagabundos. ¿Quién me lo iba a decir? Miraba a un punto inconcreto, pensando en cómo había llegado allí. Daisy me miraba, detenidamente.
-¿Quieres?- cortó su bocadillo por la mitad. La verdad es que estaba muerta de hambre, pero, a juzgar por el aspecto de la niña, ella lo estaba más.
-No gracias.- le sonreí.
-Pues nada.- le dio un bocado a su bocadillo, mientras seguía mirándome.- ¿Por qué has estado llorando?
-¿Y tú como lo sabes?- la miré detenidamente.
-Por tu cara, sé cuando alguien llora.- me miraba, indiferente.
-Bueno, pues porque un chico me ha hecho sentir muy mal.- total, ella no conocía a Harry y así me desahogaba.
-¿Era tu novio?-preguntó más atenta a su bocadillo que a mí.
-No.- me reí al pensar que lo sería aunque, no era tan cómico.
-¿Entonces?- dejó de mirar su bocadillo y me miró.
-Nada, déjalo Daisy.- le sonreí.
-Bueno, tendremos mucho tiempo, así que me lo podrás contar cuando quieras.- me sonrió.
-Daisy, yo tengo una casa.- le sonreí y me di cuenta de que no la tenía, mierda.
-Pero nos volveremos a ver ¿no?- hizo pucheritos.
-¡Claro que sí!- ella sonrió y me abrazó. Me impresionó la facilidad que tenía para coger cariño con la gente. 
El ruido del motor de una moto interrumpió nuestro abrazo. Ella se apartó y se levantó. 
-¡Harry, Harry!- ella levantaba y bajaba los brazos para que la viera.
Desesperada, busqué un lugar donde ocultarme. Me levanté, dando vueltas sobre mi misma. Daisy me miró y después a Harry y lo cogió al instante y se fue hacia mí.
-¿Es él?- susurró.
Asentí, aún buscando algún lugar donde ocultarme. Daisy señaló un árbol, pero era demasiado fino para ocultarme detrás. Pero allí no había nada más, así que me coloqué detrás de él. 
-¡Harry!- vi a Daisy lanzarse a sus brazos y después a Harry levantándola en el aire.
Ella me miró y me señaló el árbol para que me escondiera mejor, con poca discreción. 
-¿Qué haces Daisy?- Harry se giró y me vio detrás de aquel árbol.
Escuchaba sus pasos cada vez más cerca, hasta que noté su respiración sobre mi hombro. Cerré los ojos, aferrándome de espaldas contra el árbol.
-¿Abbie?



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