miércoles, 26 de junio de 2013

Capítulo XVII ~

Dos lágrimas se escaparon de mis ojos para correr por mis mejillas. Me las quité de la cara rápidamente, contemplando como Harry se iba. ¿Pero qué le había pasado? La verdad, no tenía ni idea de que había pasado y por qué estaba así. Sólo no le había dejado besarme, ¿tan malo era? Creo que tengo derecho a decidir quién me besa y quién no y en que momento, vamos, creía.
-¿Qué ha pasado ahí dentro?- Donna se acercó a mí.
-Simplemente no he dejado que Harry me besara.- dije, enjugandome las lágrimas y hablando con voz de niña pequeña.
-Estúpido.- Donna me llevó contra ella, haciendo que me sintiera segura, como si allí, nadie pudiera hacerme daño.
-No te preocupes, hablaré con él.- Louis me dio un beso en la cabeza, era como mi hermano mayor.
No le respondí, no sabía si quería que hablara con él o no, me daba igual. Ese dolor que tenía en el pecho era agudo. No se iba y hacía que me entraran ganas de correr en dirección donde se había ido la moto. Sí, cuando te enamoras, duele. Yo ya sabía a lo que me estaba enfrentando. 
-Quiero ir a casa.- dije con un hilo de voz.
-Vamos, te prepararé mi chocolate especial y verás como se te pasa ¿sí?
Me despegué de Donna para entrar en el coche, Louis conducía. Donna se había sentado en la parte de atrás para estar abrazada a mí, para que se me pasara aquello. La verdad, no quería estar en otra parte que no fueran los brazos protectores de mi hermana. 
Lou nos dejó en nuestra casa y se fue, no me quiso decir donde, pero yo sabía que iría a buscar a Harry a su apartamento. Subimos rápido y me tumbé en la cama de Donna, con la mirada en el techo. ¿Por qué no le había besado? ¿Por qué tenía que ser yo tan cabezota? Abbie, tienes que reconocer de una vez que ese chico te gusta y te tiene loca, ¿por qué no dejas que te robe un beso? 
Tampoco comprendía su enfado, ¿por qué se había enfadado de esa manera? Donna entró en la habitación interrumpiendo mis pensamientos.
-Toma cielo.- se sentó a mi lado, dándome la taza.
-Gracias por todo Donna.- le di un sorbo a mi taza, quemándome toda la punta de la lengua de lo caliente que estaba. Dejé la taza en la mesita de noche y con las manos, me echaba aire.- Ahh, ¡quema!- Donna se empezó a reír, dándole un sorbo a la suya.
-Está muy bueno eh, aunque quema.- sonreí levemente, dándole otro sorbo a la taza, ignorando el dolor que el líquido provocaba en mi lengua.
Al estar solo pendiente de la taza, me olvidé de todo el mundo que me rodeaba. Era como si sólo existiese yo. Me la terminé y me di cuenta de que en el mundo había más personas, Donna la primera.
-Te lo has bebido en nada, ¿te gustó?- sonrió, sosteniendo la taza sobre sus manos.
-Sí, mucho.- sonreí, aunque al recordar por qué estaba allí, se me quitó.
-Eh, no te preocupes. Seguro que Louis lo soluciona todo, siempre lo hace.- me acarició la cabeza.
-Tienes mucha suerte de tener a Louis, y él de tenerte a ti.- apoyé mi cabeza en su hombro.- Me alegro mucho de que os caséis dentro de unos meses.
-Oh, tú también encontrarás a alguien que te haga igual de feliz que Louis a mí.- me sonrió.- Bueno, ya lo has encontrado, solo falta que os deis cuenta.
Reflexioné sobre eso. ¿De verdad Donna creía que Harry podía hacerme feliz el resto de mi vida? Sólo lo conocía de hace unos días. Me gustan esas historias de amor a primera vista, pero no creo que en la realidad existan. Aunque, lo que yo sentí al verlo cogiendo mi café del suelo...
-Tengo sueño, ¿puedo dormir un ratito?- pregunté con tono de niña pequeña.
-Claro cielo.- me besó la cabeza y me pasó un dedo por debajo de la nariz, lo tenía lleno de chocolate.- ¿Te traigo una servilleta?
-No, déjalo así.- me acurruqué entre las sábanas y cerré los ojos. Admito que con la lengua me limpiaba los restos de chocolate que me quedaba. 
Me quedé dormida, profundamente dormida. En mi sueño, Harry se marchaba, pero después volvía y me besaba y yo no oponía resistencia. Supongo que eso era lo que yo quería que hubiese pasado. 
-Vamos, despierta, ya es muy tarde.- me zarandeaba de un lado a otro.
-¿Qué? ¿Qué hora es?- dije aún con la voz adormilada.
-Las once de la noche, deberías de volver a la universidad ya.- era mi madre.
-¡Mamá!- me tiré a sus brazos.
-¡Ten cuidado, no me vayas a manchar de chocolate!- rió.
-Te quiero.- necesitaba decírselo a alguien, lo tenía contenido dentro de mí.
-¿Y eso? ¿Qué quieres?- preguntó, frunciendo el ceño, cosa que me hizo recordar a Harry.
-¿Qué pasa? ¿No puedo decirle a mi madre que la quiero?- me reí.- Bueno, me voy ya, que tienes razón.
-Adiós cariño.- me besó la cabeza y salí de la habitación de Donna. 
Pasé por el salón y vi a Donna dormida en el sofá. No me había despertado por mí, era la mejor hermana del mundo. Me acerqué sigilosamente y le besé la cabeza. Abrí la puerta para irme.
-Nos veremos pronto.- me giré y vi a Donna con los ojos abiertos, todavía tumbada en el sofá.
-Sí.- sonreí y cerré la puerta.

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