-¿Y tú?- preguntó curioso, apartándome de la cola de gente agarrándome de mi brazo con el suyo. Mi piel volvió a arder igual que hace dos días.
-No es de tu incumbencia.- respondí con tono orgulloso.
Él frunció el ceño divertido, haciendo que una risa escandalosa saliera de mi boca. Al escuchar mi risa tan fuerte, me tapé la boca, provocando la perfecta risa de Harry. Sonreí levemente, y miré a la mesa en la que antes lo había visto desde el escaparate. Allí seguía sentado el chico que le acompañaba. Me fijé un poco más, ¿aquel no era Louis? Sí, sí que era él. Louis era el novio de mi hermana mayor, Donna. Se casaban en unos meses, llevaban juntos cosa de cinco años. Louis se lo pidió en una fiesta a la que fueron. Todos bailaban cuando la música paró de repente y Louis subió al escenario donde estaba el DJ. Enfocaron a Donna, y Louis le pidió que se acercara al escenario. Se arrodilló delante de ella y le pidió matrimonio. Cada vez que Donna lo contaba se emocionaba.
-¿Louis?- pregunté sin esperar respuesta. Me acerqué a darle un abrazo.
-¡Abbie!- me devolvió el abrazo.-¿Qué tal los estudios?- preguntó invitándome a sentarme.
-Muy bien, gracias por preguntar Lou, ¿cómo está Donna?- sonreí.
-Está genial, muy emocionada por la boda.- sonrió dejando la mirada perdida en el aire.- A ver si un día vienes a visitarnos eh, hace mucho tiempo que no vienes.- me dio un empujón cariñoso.
-Lo intento, pero entre tantos estudios no tengo tiempo Lou.- hice un pucherito.
-Da igual, lo sabemos.- me sonrió con su sonrisa tan perfecta. Donna había tenido mucha suerte al encontrarlo.
-Ejem, ejem.- se hizo notar Harry sentándose en una silla a mi lado.
-Abbie, este es mi primo, Harry.- me presentó Louis.
-¿Es tu primo?- pregunté que no cabía en mí de asombro. Nunca lo hubiera imaginado.
-¿Os conocíais?- Louis nos señaló a ambos sorprendido.
-Sí, bueno, por poco la atropello.- bromeó Harry.
-¿Sí? ¿Este estúpido te hizo algo?- Louis me miró atentamente.
-No, no me hizo nada.- sonreí.- Bueno, me voy, que pierdo el autobús.- me levanté de la silla, pero el brazo de Louis me sentó de nuevo en ella. Bufé como una niña pequeña.
-Te llevamos nosotros, ¿verdad Harry?- Louis lo fulminó con la mirada.
-¿Eh?- Harry me miraba atentamente.- Ah, sí si.
Salimos de la cafetería. Louis y yo nos contábamos miles de cosas, hacía unos cinco meses que no le veía. Harry venía atrás mirándose sus pies al andar. Louis se acercó a mi oído.
-Es muy trabajador, inteligente y es atractivo. ¿No crees?- me susurró.
-¿Quién?- fruncí el ceño.
-Quién va a ser, mi primo, Harry.- movió las cejas para señalar atrás.
-Louis, sabes que tengo novio.- le sonreí.
-Pero Harry es mucho mejor que Kurt, tú lo sabes.- rió provocando que sonriera levemente, haciendo que mirara hacia atrás para verle.
Apartó su mirada del suelo y nos miró a nosotros.
-¿Estáis hablando de mí?- Harry se acercó a nosotros cambiando su expresión seria por una sonrisa leve.
-No, que va, egocéntrico.- rió Louis.
Llegamos al gran Porsche negro de Louis. Me quedé con la boca abierta.
-¿Desde cuando lo tienes?- pregunté dando una vuelta a su alrededor.
-Desde hace cuatro meses, ¿es precioso verdad?- Louis metió las llaves en la cerradura.
-Sí que lo es.- respondí.
Louis se sentó al volante, obvio. Me senté detrás, esperando que Harry se sentara en el asiento del copiloto, pero se sentó a mi lado. Noté como el latido de mi corazón se aceleró en el momento que Harry se puso el cinturón de seguridad. Mi mirada se perdió a través de las ventanas polarizadas del Porsche. Louis hablaba y hablaba, no me estaba enterando de nada. Harry me tocó la pierna para llamar mi atención. Di un brinco en mi asiento del susto y él se rió, dejando a la vista sus preciosos dientes.
-¿Qué?- pregunté exaltada.
-¿A qué hora es mañana el partido?- preguntó con una sonrisa.
-¿Cómo? ¿Vas a dejar que vaya a verte?- Louis giró el volante y paró en la puerta del campus.
-¿Qué pasa?- Harry volvió su mirada a Louis.
-Yo no pude ir a verla hasta que llevaba un año con Donna, no le gusta que vayan a verla jugar.- me miró de reojo con una sonrisa pícara en la cara.- No creo que te diga la hora, y si te la dice, te dirá la que no es.- rió.
Los dos se volvieron a mirarme a mí. La verdad, tenía pensado decirle otra hora, pero no era capaz, no sé por qué.
-¿Me la piensas decir?- Harry me sonrió y sentía como me derretía.
-¿Eh? Ah, es que preferiría que no vinierais, de verdad. No me gusta que vengan a verme.- bajé la mirada a mis pies.
-No te preocupes, lo comprendo.- Harry pasó su mano por mi rodilla en señal de comprensión. Bajo mis jeans, mi piel volvió a arder.
Le sonreí dándole las gracias por su comprensión. Me quité el cinturón y bajé. Me dirigí a la ventanilla de Louis, pidiéndole que bajara. Éste frunció el ceño y obedeció.
-¿Qué pasa?- cerró la puerta del coche.
-¿Vas a ver a Donna hoy?- pregunté.
-Si, ¿por? ¿quieres que le de saludos?- seguía con el ceño fruncido.
-Es que quiero que mi padre venga a verme, hace mucho tiempo que no me ve jugar, y él no me importa, lo sabes.- volví mi mirada a mis pies.
Hacía años que mi padre no me veía jugar. Que él me viera era muy importante para mí. En sus tiempos, él también había jugado y su opinión me importaba mucho.
-Oh, claro que sí, pero no podrá venir si no me dices la hora.
-Empieza a las once y media, podéis venir vosotros si queréis.- hice un gesto raro con las manos.
-¿Con quién te refieres a vosotros?- volvió a fruncir el ceño, pero esta vez divertido.
-A Donna y a ti bobo.- sonreí y entré en el campus.
-Ah.- dijo con tono decepcionado.- Mañana nos vemos.
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