Me dejó otra vez con esa sonrisa tonta en la cara. No, por ahora Kurt y yo seguiríamos juntos. Habíamos, bueno, yo había pasado por esto más de una vez, era normal ¿no? Estaba hecha un lío. Recogí los restos de los cristales de mis gafas regados por los suelos. Mañana, en cuánto me levantara, pediría hora para ir a comprar unas nuevas a la óptica. Tiré lo que quedaba de ellas, ahora tendría que inventar una excusa para explicar el por qué de mi gafas rotas. Era fácil. Diría que me había tropezado y las gafas se habían roto. Me recogí el pelo en una cola alta y me metí en la cama. Cerré los ojos y, antes de quedarme dormida, mi último pensamiento fue para Harry.
El dichoso despertador de Valerie me despertó. Ese día, me levanté de buenas, a pesar de la paliza de Kurt de anoche.
-Qué bien haces tu trabajo despertador.- reí por mi estúpido comentario.
Lo apagué. Allí no había nadie. Antes de vestirme, llamé a la óptica y cogí hora para mañana, viernes. El sábado sería el partido, el partido al que Valerie le había invitado. El viernes que viene sería la prueba para entrar en Cheshire Jets, ¿me presentaría? Quién sabe. Tenía que coger un avión hasta Inglaterra, que me pagaba el club de Cheshire, pero, no sabía. Me vestí y salí de la residencia para dirigirme a clase de Latín. Justo en la puerta, estaba Kurt, charlando con Ryan. Bajé la mirada, pero cuando iba a entrar noté dos manos en mi cintura que me lo impedían.
-¿Ni buenos días ni nada?- escuché la voz de Kurt detrás mía, me besó la cabeza.
-Buenos días.- respondí seca.
-¿Quién se ha levantado de mal humor hoy?- me zarandeó suavemente de un lado a otro.
-¿No recuerdas nada de lo de anoche?- le pregunté girandome para verle la cara.
-¿Acordarme de qué?- su cara reflejaba confusión.
-Nada, nada. Tengo que entrar ya Kurt.- quité sus manos de mi cintura y entré.
La hora se me pasó lenta, ¿de verdad no se acordaba de nada de lo que pasó anoche? No sabia que pensar. Después vinieron las clases de griego y lengua. Llegó la hora del almuerzo y me pasé por uno de los puestos de comida de la universidad. Me comí un plato de pasta y me lo terminé en seguida, no había desayunado nada. Iba a tirar el plato y el vaso desechable, pero Valerie llegó acompañada de Nicole y Noe.
-¿Qué tal anoche?- pregunté riendo para mis adentros.
-¿Cómo? No recuerdo nada, sólo sé que desperté en la habitación de Ryan.- me sonrió levemente.
-¿No recuerdas nada?- me extrañé.
-Nada.- con el tenedor enrrolló los espaguetis de su plato.
-¿Llevaba algo las bebidas de anoche?- me sentía una detective.
-No lo sé, no sé nada Abbie, ¿qué te pasa?- no se le quitaba la sonrisa de la cara.
-Nada, nada. Me voy a repasar, que tengo ahora un examen de francés.- Por una parte aquello era verdad y por otra mentira. Tenía el examen de francés, pero me iba porque la situación, no sé por qué, me incomodaba.
Hice el examen de francés, me salió muy bien. El resto de las clases transcurrieron con normalidad, y fue extraño, pero no me volví a encontrar con Kurt en todo el día. Eran las cuatro de la tarde y me fui a entrenar. Nos repartió las equipaciones y comenzamos con el entrenamiento. Hice todos los ejercicios fatal, estaba distraída, pensando en por qué ninguno de ellos se acordaba de nada de lo de anoche y, tenía que reconocer que también en Harry. Todavía quedaba media hora, cuando el entrenador me llamó para que me acercara.
-Jones, vete a tu habitación y descansa un poco que te vendrá bien. Se te ve distraída.- me señaló la puerta del complejo.
-¿Eh? Ah bueno, vale.- recogí mi bolsa de deporte y salí.
Me di una ducha y ese pensamiento no se me quitaba de la cabeza, Harry, Harry, Harry, ¿por qué no desaparecía de mi mente? Mi cuerpo solo le quería ver una vez más. Esos rizos, esos dientes deslumbrantes, esos ojos verdosos y penetrantes. Eran las ocho y media de la tarde, así que me quedé un rato en la sala de ocio de la residencia. Allí, chicas y sus novios jugaban al futolín, al billar o simplemente charlaban mientras se bebían una soda. Me senté en uno de los sofás y encendí la TV. Me dedicaba a pasar los canales, abrazada a un cojín. Cuando vi que eran las nueve, me fui a mi habitación, me puse el pijama y me metí en la cama para dar un repaso a mi examen del lunes. A eso de las diez, Valerie y Noe llegaron. No hablamos mucho, las dos se pusieron el pijama y se acostaron. Apagué la lámpara de mi mesilla y de nuevo, antes de quedarme dormida, pensé en Harry. Dicen que si sueñas con alguien es porque ese alguien se quedó dormido pensando en ti. ¿Harry habría soñado conmigo estos dos días? Esperaba que sí. ¿Pero a mi que más me daba? Simplemente era un chico que había conocido hace tres días, nada más. ¿Por qué no dejaba de pensar en él? ¿Por qué sentía un pellizco en el corazón al recordar su risa? ¿Por qué me dolía tanto no verle? Todas esas experiencias en mí eran nuevas.
Por fin viernes. El despertador de Valerie me volvió a despertar, como todas las mañanas. Me vestí y salí pitando para clase de literatura. La mañana transcurrió normal, como una cualquiera. Kurt actuaba como si nada, al final sería verdad eso de que no se acordaba de que me había... hecho eso. Llegaron las cinco menos cuarto, a las cinco y cuarto tenía que estar en la óptica. Cogí el autobús y me dirigí a la ciudad, ya que PCA estaba a las afueras. Me volvieron a revisar la vista, y me dieron mis gafas nuevas, que tuve que pagar con mis ahorros. Me costaron muy caras, a decir verdad. Invertí todos mis ahorros. Me sobraron ciento veinte libras de todo lo que tenía ahorrado. ¿Cómo me las apañaría? Paseé por las calles de Malibú, haciendo tiempo. No quería regresar. Metí las manos en los bolsillos de mi sudadera. Pasé en frente de una cafetería. Me quedé un rato mirando el escaparate. Enfoqué la mirada a un chico de pelos rizados que me daba la espalda, charlando animadamente con otro chico. ¿Sería Harry? Tenía que quitármelo de la cabeza. Entré a comprar un café, para despejarme. El dependiente me sirvió mi café y me dirigí a la mesa que tenía los sobres de azúcar y las cucharillas. La cafetería estaba hasta arriba, detrás mía había una gran cola esperando que yo terminara. Me di la vuelta, sin mirar a nadie cuando el café caliente saltó de mis manos por el choque con alguien. Voló en el aire por un instante, cuando una mano proveniente de con quien me había chocado lo cogió evitando que se cayera.
-Muchas gracias, discúlpeme.- cogí el café dispuesta para irme, ya iba dirigida a la puerta cuando me paró agarrándome del brazo.
-¿Ahora eres educada?- una sonrisa decoraba todo su perfecto rostro.
-¿Harry?- fruncí el ceño.
-Creía que no eras tú cuando te has disculpado.- bromeó riendo.
Quería abrazarlo, dios, cuanto lo había añorado. ¿Pero por qué? Sólo habían sido tres días desde que lo conocía, no da tiempo en cogerle cariño a alguien.
-¿Qué haces aquí?- logré decir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario