-¿Te vas de viaje?- la voz de Louis interrumpió mis pensamientos.
-¿Qué haces aquí?- le dije viendo como se sentaba a mi lado.
-Iba a llevar el correo a ese edificio de allí.- me señaló el edificio de en frente.- Y te vi aquí y me extrañó verte con tantas maletas. La pregunta es que haces tú aquí.- me revolvió los pelos.
-Me han expulsado..- miré mis zapatos, evitando la ver la reacción de Louis.
-¿Cómo? ¿Qué has hecho?- me miró con ojos como platos.
-Me he peleado con la zorra que me quitó a mi novio.- me eché a los brazos de Louis, que me llevó hacia a él.
-Eh, no te preocupes. Ya encontrarás algo que hacer.-me intentó aliviar Louis.
-Pero he perdido dos años tontamente, es como si no hubiera hecho nada. ¿Ahora qué hago? Tengo que encontrar trabajo y una casa.
-Yo sé de alguien que te puede dar las dos cosas.
-¿Quién?- lo miré fijamente, apartándome de él.
-Conoces a mi primo Harry ¿verdad?- sonrió maliciosamente.
-¿No recuerdas como se fue el otro día?- lo miré, desesperada. Hubo un momento de silencio y me acordé que fue a hablar con él.- ¿Qué hablaste con él el otro día?
-Si lo quieres saber, ve a verle. Toma su dirección.- de su bolsillo sacó un papel y un boli y me lo apuntó. Después me la dio.- Me tengo que ir, ya nos veremos, que ahora tendrás mucho tiempo libre.- bromeó y se fue en la moto amarilla de correos.
No me dejó decirle nada y ya se había ido. Me quedé mirando aquel papelito. Wandermere Road, 316. Estaba bastante lejos del centro. Por ahora, tenía claro que no iba a ir arrastrándome hasta allí, pidiéndole perdón por algo de lo que yo no tenía culpa.
Fui a mi casa, llamé repetidas veces al timbre, nadie abría. No había nadie en casa, que oportuno. Me quedé sentada en las escaleras, esperando a que llegara mi madre, mi padre o mi hermana, ¡alguien!
Pasó un rato, nadie venía. Miré el reloj del pasillo, las una y media de la tarde. Ya llevaba allí demasiado tiempo. ¿Dónde se habían metido? Tenía las manos entumecidas del frío, algo que era raro en Malibú. Metí las manos en los bolsillos y noté un papel. Lo saqué sin acordarme del papel de Louis. Lo leí de nuevo. Wandermer Road, 316. ¿Debería ir? Aunque a esta hora no estaría, seguramente estaría trabajando. Podía pedir trabajo allí, donde trabajaba Harry... Me levanté decidida y salí al portal, entonces me choqué con alguien que venía a toda prisa. Del impacto, me caí de espaldas y me choqué con las escaleras. La persona con quién me había chocado no se había caído, pero el ramo de flores que llevaba en la mano sí.
-Oh, mi espalda.- me llevé las manos a la espalda, e intenté incorporarme, pero me parecía misión imposible.
Aquella persona no se había molestado en preguntarme si estaba bien, recogía su ramo rápidamente, sin siquiera mirarme. Lo miré mejor, aquellas piernas, esa camiseta con una gallina, aquellos pelos ocultos en un casco con cresta.... ¡Era Harry!
-¿Harry?- pregunté incrédula.
Él levantó la cabeza, y miró a ambos lados. Después se dio cuenta de que la que había hablado era yo. Recogió la última flor del ramo y salió corriendo.
Instintivamente, me levanté, a pesar del dolor de mi espalda, y corrí detrás de él.
-¡Harry, Harry, Harry!- gritaba a sus espaldas.
Él me ignoraba y seguía corriendo. La gente normalmente ignorante de Malibú, contemplaba la escena, incluso había gente que intentaba parar a Harry, creyendo que era un ladrón o algo así. Me escondí entre la gente, cansada de tanto correr. Al no escucharme gritar, se paró en seco y miró a sus espaldas y a ambos lados. Suspiró profundamente, aliviado y empezó a caminar como si nada. Yo le seguí, oculta entre la multitud. Anduvo durante quince minutos hasta llegar a una tienda. Se paró en frente del escaparate y entró. A los segundos, yo estaba parada delante de la misma tienda, 'KFC'. Entré y me senté en una de las mesas del fondo que estaba mal iluminada. Cogí un periódico que alguien se había olvidado y le hice dos agujeros a la altura de mis ojos. Me sentía una verdadera espía. Harry cambió su casco por una gorra. Lo vi meter en su taquilla aquel ramo deshojado, ¿sería para mí? No, porque, de lo contrario, no se hubiera ido corriendo. Varias chicas llegaban a la caja y flirteaban con él. Él no se sentía cohibido, sino que además, le hacía algún que otro piropo. ¡Zas! Una puñalada más para mi desgastado y dolorido corazón. Las chicas se sentaron en una mesa en todo el centro del restaurante, a la espera de que dijeran por megafonía sus nombres. Vi a Harry mirarlas y guiñarles un ojo, haciendo que empezaran a gritar entre ellas porque aquel chico tan mono les había guiñado un ojo. Después, dirigió la mirada hacia mi sitio y me miró de arriba abajo. Menos mal que el periódico cubría mi cara y no me podía reconocer. Él se apartó de la caja y vi como se acercaba. Pasé la hoja del periódico, para disimular y, de alguna manera, calmar mis nervios.
-Perdone.- se aclaró la garganta.- Tiene que pedir algo si quiere seguir ahí.- vi como se colocó las manos en la espalda, como un profesional.
-Ah, bueno..- intenté hacer mi voz grave, para que no se diera cuenta de que era yo.- En ese caso, voy a pedir una hamburguesa y una explicación.- bajé el periódico y fruncí el ceño.
Fui a mi casa, llamé repetidas veces al timbre, nadie abría. No había nadie en casa, que oportuno. Me quedé sentada en las escaleras, esperando a que llegara mi madre, mi padre o mi hermana, ¡alguien!
Pasó un rato, nadie venía. Miré el reloj del pasillo, las una y media de la tarde. Ya llevaba allí demasiado tiempo. ¿Dónde se habían metido? Tenía las manos entumecidas del frío, algo que era raro en Malibú. Metí las manos en los bolsillos y noté un papel. Lo saqué sin acordarme del papel de Louis. Lo leí de nuevo. Wandermer Road, 316. ¿Debería ir? Aunque a esta hora no estaría, seguramente estaría trabajando. Podía pedir trabajo allí, donde trabajaba Harry... Me levanté decidida y salí al portal, entonces me choqué con alguien que venía a toda prisa. Del impacto, me caí de espaldas y me choqué con las escaleras. La persona con quién me había chocado no se había caído, pero el ramo de flores que llevaba en la mano sí.
-Oh, mi espalda.- me llevé las manos a la espalda, e intenté incorporarme, pero me parecía misión imposible.
Aquella persona no se había molestado en preguntarme si estaba bien, recogía su ramo rápidamente, sin siquiera mirarme. Lo miré mejor, aquellas piernas, esa camiseta con una gallina, aquellos pelos ocultos en un casco con cresta.... ¡Era Harry!
-¿Harry?- pregunté incrédula.
Él levantó la cabeza, y miró a ambos lados. Después se dio cuenta de que la que había hablado era yo. Recogió la última flor del ramo y salió corriendo.
Instintivamente, me levanté, a pesar del dolor de mi espalda, y corrí detrás de él.
-¡Harry, Harry, Harry!- gritaba a sus espaldas.
Él me ignoraba y seguía corriendo. La gente normalmente ignorante de Malibú, contemplaba la escena, incluso había gente que intentaba parar a Harry, creyendo que era un ladrón o algo así. Me escondí entre la gente, cansada de tanto correr. Al no escucharme gritar, se paró en seco y miró a sus espaldas y a ambos lados. Suspiró profundamente, aliviado y empezó a caminar como si nada. Yo le seguí, oculta entre la multitud. Anduvo durante quince minutos hasta llegar a una tienda. Se paró en frente del escaparate y entró. A los segundos, yo estaba parada delante de la misma tienda, 'KFC'. Entré y me senté en una de las mesas del fondo que estaba mal iluminada. Cogí un periódico que alguien se había olvidado y le hice dos agujeros a la altura de mis ojos. Me sentía una verdadera espía. Harry cambió su casco por una gorra. Lo vi meter en su taquilla aquel ramo deshojado, ¿sería para mí? No, porque, de lo contrario, no se hubiera ido corriendo. Varias chicas llegaban a la caja y flirteaban con él. Él no se sentía cohibido, sino que además, le hacía algún que otro piropo. ¡Zas! Una puñalada más para mi desgastado y dolorido corazón. Las chicas se sentaron en una mesa en todo el centro del restaurante, a la espera de que dijeran por megafonía sus nombres. Vi a Harry mirarlas y guiñarles un ojo, haciendo que empezaran a gritar entre ellas porque aquel chico tan mono les había guiñado un ojo. Después, dirigió la mirada hacia mi sitio y me miró de arriba abajo. Menos mal que el periódico cubría mi cara y no me podía reconocer. Él se apartó de la caja y vi como se acercaba. Pasé la hoja del periódico, para disimular y, de alguna manera, calmar mis nervios.
-Perdone.- se aclaró la garganta.- Tiene que pedir algo si quiere seguir ahí.- vi como se colocó las manos en la espalda, como un profesional.
-Ah, bueno..- intenté hacer mi voz grave, para que no se diera cuenta de que era yo.- En ese caso, voy a pedir una hamburguesa y una explicación.- bajé el periódico y fruncí el ceño.
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