lunes, 17 de junio de 2013

Capítulo IX ~

Me giré en mi asiento, no había duda, era él. Todavía llevaba aquella gabardina y el gorro negro. Sólo que había un pequeño detalle más, una rosa blanca en su mano. Me quedé un rato mirando aquella preciosa rosa, después levanté la vista y le miré a los ojos pidiendo una explicación.
-Es en son de paz, para que me perdones.- me tendió la rosa para que la cogiera.
Extendí mi brazo para cogerla, después lo aparté, ¿qué estaba haciendo? ¡Coge la rosa ya! Cerré los ojos, evitando cualquier tipo de estremecimiento en mí y la cogí.
-¿Te ha dolido cogerla?- bromeó Harry, mostrando todos sus perfectos dientes en una amplia sonrisa.
Lo miré con los ojos en blanco, sin poder evitar no sonreír. Me volví a Valerie, como si él no estuviera allí, ¿qué le iba a decir? Me llevé a la boca un trozo de sushi. Todavía no había saboreado aquel sushi cuando noté varios golpecitos en el hombro. Me giré en mi asiento, y él seguía allí, con los brazos en jarra, divertido con aquel asunto.
-¿No me invitáis a comer?- se sentó en una silla al lado de nuestra mesa, dando por afirmativa la pregunta.
-Me voy.-me levanté de mi silla, apartándola de forma brusca, cogí la rosa que había dejado en la mesa y salí a paso ligero.
Ya estaba en la puerta de aquel restaurante, dispuesta a salir de allí. Di un paso fuera y algo me lo impidió. Mi piel del brazo ardió como las otras veces. No me volví e intenté salir de nuevo. Pero no sirvió de nada.
-Abbie, Abbie.- replicó.- Se supone que cuando cogiste la rosa era porque me habías perdonado por venir.
-Harry, ¡POR TU CULPA HE QUEDADO COMO UNA ESTÚPIDA DELANTE DE MI PADRE! ¡LO HE HECHO VENIR PARA NADA Y YA ES MAYOR! ¿SABES? Déjalo, no quiero...- suspiré hondo.- Me voy.
-Pero...- escuché a lo lejos.
Después de ir a varios pasos ligeros, empecé a correr, con las lágrimas saltadas ¿por? No lo sabía, últimamente las lágrimas salían sin más. Llegué a la residencia, y entré en mi habitación dando un gran portazo que resonó por todo el pasillo. Lo primero que hice fue llenar un vaso de agua, lo puse en la mesilla de noche y metí la rosa en él. Me tumbé en la cama con desgana, suspiré profundamente y con las manos, tapé mis ojos brillosos.
Pasaron unos minutos y en la habitación sonaba una respiración a parte de la mía. Un poco asustada, aparté las manos poco a poco. Sus ojos verdes y enormes me miraban con una gran sonrisa, dobló la cabeza hacia un lado, como si aquella situación le divirtiera.
-¿Te has tranquilizado ya?- sonrió.
-Harry, apártate.- me volví a tapar las manos con los ojos suspirando levemente.
-Bueno, tendré que esperar un ratito más.- se sentó a mi lado, acariciando mi pierna.
Toda mi piel se erizó, y bajo mis manos, noté como mis mofletes se ruborizaron. Los latidos de mi corazón se aceleraron y mi cuerpo me pedía un único deseo. Lo quería coger de aquel cuello de la gabardina y.... no. Borré ese pensamiento de mi mente. Volví a suspirar, pero este suspiro fue de alivio.
-¿Mejor?- entre los espacios de mis dedos pude ver como se mordía el labio inferior, al parecer mi anterior pensamiento no era muy diferente al suyo.
-Sí.- aquel deseo que había en la sala se podía ver desde kilómetros. Me incorporé en la cama.- Lo siento, por haberte gritado antes, en serio. Es que... no tenías que haber venido.- bajé la mirada a mis pies.
-Tienes razón, no debería de haberme fiado de Louis cuando me dijo que habías cambiado de opinión sobre el partido, lo siento.- miró a la mesilla de noche, y al ver la rosa en el vaso, sonrió.
-¿Qué Louis te dijo qué?- alcé la mirada de mis pies a sus ojos, y de sus ojos a sus labios. Dios, ¿por qué ese pensamiento no se iba?
-Nada, nada.-Harry miró por la ventana, con esa sonrisa que decoraba su perfecto rostro siempre.
-Cuando lo vea se va a enterar de quién es Abbie Jones...- dije con tono de venganza.
Harry se empezó a reír, provocando que me riera levemente. Notaba como los centímetros que me separaban de Harry iban desapareciendo lentamente, y cuando solo quedaba un simple milímetro, las carcajadas escandalosas de Kurt y las tímidas de Noe se escucharon en la habitación. El escaso centímetro que nos separaban se volvió para lo que a mí me pareció un kilómetro. Me mordí el labio inferior, agachando la cabeza. No podía evitar que una sonrisita pícara saliera de mi cara, alcé la vista, y vi como Harry miraba a Kurt con cara de repugnancia. Tapé mi sonrisita con la mano y me volví hacia ellos. La mirada de los dos se clavó en nosotros.
-Oh, Abbie, estás aquí.- Kurt se llevó la mano a la nuca.- Jugaste muy bien esta mañana.- sonrió falsamente.
-Kurt, ni siquiera me viste jugar. Estabas demasiado ocupado hablando con Noe....- volví mi cabeza a la ventana.
-Pero Abbie, no te enfades.- noté los pasos de Kurt por la habitación.
Me volví bruscamente para seguir discutiendo con él, pero mis labios se encontraron con otros. El deseo que invadía mi cuerpo salió. Lo agarré de la nuca y le devolví el beso. Cuando me aparté, esperaba ver aquellos ojos verdes y grandes que invadían mis sueños, pero en lugar de eso, encontré unos azules con expresión de victoria. Ahora si que me sentía realmente estúpida. Noe miraba desde la puerta, con cara de asco hacia mí. Harry tenía la cabeza agachada y los ojos cerrados con fuerza, ya que tenía arrugados los párpados.
-Bueno, ya que está todo bien, me voy, hasta mañana.- Kurt salió victorioso de allí, dejándome como una real estúpida.
Noe se quedó impactada, allí en el quicio de la puerta. Harry y yo la mirábamos atentamente, hasta, que sin decir nada, salió de la habitación cerrando la puerta con gran brusquedad, haciendo que diera un brinco en la cama.
-Soy  una estúpida.- volví a taparme la cara con las manos.
-Un poco.- respondió él, con sus ojos fijos en sus botas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario