Aparté la vista y seguí hablando con mis compañeras, aunque notaba la mirada de Harry sobre mí.
Valerie era una de mis compañeras de habitación de la universidad. En la habitación éramos tres, Valerie, yo y Bianca. Bianca era una rusa, pero ella ya había acabado su carrera y había regresado a su país. Valerie eran con las que más relación tenía. Ésta noche, a las nueve para ser más exactos, llegaba nuestra nueva compañera de habitación. Por lo que nuestra orientadora había dicho, se llamaba Noe, no sabíamos nada más.
Llegamos a la tienda para poner los logos en las camisetas. Una muchacha nos atendió al instante. En un papel, pusimos nuestros dorsales con nuestro apellido, para ponerlos además del logo de la universidad. Nos dijo que tardaría unos 30 minutos.
-Anda, iros ya, mañana os las doy en el entrenamiento.- nuestro entrenador señaló la puerta.
-Muchas gracias Mister.- así lo llamábamos.
Salimos de aquella tienda, y Harry aún no se había ido.
-¿Cuando te piensas ir?- pregunté seca.
-Cuando me apetezca, soy libre de hacer lo que quiera.- se acercó a mí, algo que me incomodó, pero a la vez me gustó.
Me enrojecí, ¿pero por qué? Ese chico creaba cosas en mí que no eran normales, tenía que alejarme de él.
-Un día podríamos quedar Abbie.- mi nombre sonaba tan dulce en su voz.
-No puedo, tengo novio.- el pelo se me adelantó tapándome los ojos, debido al viento repentino. Me los quité rápidamente.
-Ah.- vi como su cara alegre y despreocupada se volvió decepcionada.- ¿Cómo se llama?- me sonrió, pero se veía que era una sonrisa falsa.
-Kurt, juega al rugby.- ¿pero qué estaba haciendo? ¿Lo quería intimidar?
-Oh, entonces debe ser muy fuerte.- bromeó él.
-Sí que lo es.- respondió Valerie por detrás.
Llegamos a la parada de autobús para esperar uno, se sentó con nosotras. Movió sus rizos, creando suspiros en todas, menos en mí. Se sentó sin quitar esa sonrisa de su cara.
-¿No se te ha quedado la moto algo lejos?- le pregunté como indirecta para que se fuera.
-Tienes razón, bueno, me voy. Ha sido todo un placer Jones.- me tendió la mano para que se la estrechara, y así lo hice.
-Ojalá pudiera decir lo mismo Styles.- bromeé.
-Maleducada.- sonrió él.
-Lo sé.- contesté orgullosa y me senté con los demás.
Él desapareció por las calles de Malibú, dejándome con una sonrisa de tonta en la cara. Era la primera vez que había tenido tanta confianza con una persona que apenas había conocido hace unas horas. ¿Pero qué me pasaba? Con Kurt me costó mucho trabajo soltarme, ¿por qué con él todo era tan fácil? Ahora él se había vuelto mi único pensamiento. Lo tenía que borrar de inmediato.
-¿Soy yo, o Abbie se nos está soltando?- bromeó Nicole, una de mis compañeras de equipo.
-No digas tonterías Nicole.- dije algo seca.
El autobús llegó y en menos que me diera cuenta, ya estaba frente mi escritorio, con un libro por delante dándole el último repaso del día. Tenía puestas mis gafas de leer, que se me caían constantemente. Valerie estaba tumbada en su cama, tiraba una pelota pequeña a la pared, así se entretenía. El ruido de la pelota golpeando contra la pared me ponía de los nervios.
-Valerie, deja la pelotita ya.- ordené.
-Quítamela si puedes.- me retó.
Me quité las gafas y las dejé sobre la mesa. Subí a la litera y me tumbé sobre ella. Valerie y yo nos reíamos como locas, dando patadas y armando jaleo, intentando quitarle la pelota. La orientadora abrió la puerta, acompañada de una chica rubia, de ojos miel y de estatura media que nos miraba tímidamente.
-¡Señoritas, compórtense!- la orientadora se aferró a su carpeta.
-Sí señora.- las dos nos erguimos, y le hicimos un saludo militar, burlándonos un poco de ella.
-Ésta es Noe, vuestra nueva compañera.- se hizo a un lado para que Noe pudiera entrar.
-Hola Noe.- Valerie bajó de su cama para darle dos besos.
-Hola.- respondió Noe con un hilo de voz.
-Seguro que os llevaréis muy bien.- la orientadora cerró la puerta de la habitación y nos dejó a las tres.
-Noe, tú dormirás en la litera de abajo, donde dormía Bianca.- le señaló Valerie.- ¡Qué tonta! Todavía no me he presentado. Yo soy Valerie y ella es Abbie.
Le hice un gesto con la mano, yo no era de muchas palabras. Ella hizo lo mismo.
-Espero que te integres bien, ¿te gusta el baloncesto?- preguntó Valerie ayudándola con sus maletas.
-No, no me gusta. No soy muy deportista.- contestó Noe arrastrando una de sus maletas.
-Ah, no pasa nada, a Bianca tampoco le gustaba.- Valerie abrió el armario y ayudó a sacar su ropa de las maletas.
-¿Quién es Bianca?- preguntó tímida.
-Nuestra antigua compañera, ella ya acabó su carrera. Dime, ¿qué vas a estudiar?- preguntó Valerie sentándose en mi cama, que era la individual.
-Magisterio, ¿y tú?
-Publicidad.- respondió Valerie, volviendo a tirar la pelota contra la pared.
Noe se dirigió al escritorio y vio mis libros regados en él. Yo estaba en la cama de Valerie, donde había permanecido toda su conversación y salté de la cama avergonzada para recoger un poco el escritorio.
-¿Estudias filología?- preguntó interesada.
-Sí, me gustaría dar clases de español aquí o en donde sea.- sonreí.
-¡Ya sé! ¡Hagamos una fiesta de bienvenida con todas las de esta planta!- Valerie saltó de mi cama y salió llamando a la puerta de todas las habitaciones.
Todas salieron alarmadas, pero después se tranquilizaron. Bajamos a la sala principal de la residencia, todas en pijama. Valerie sacó unas botellas de whisky que tenía escondidas, cuanto odiaba esas dichosas botellas. La verdad, no me esperaba que Noe bebiera whisky. Me fui a la máquina de sodas y me serví una. Todas saltaban eufóricas, qué borrachera llevaban. Me senté en uno de los sofás.
-Vamos Abbie, bebe un poco, no te hará daño.- el aliento a whisky de Valerie me abofeteó toda la cara, haciéndome toser.
-Valerie, sabes que no bebo.- aparté la botella que había puesto en mi cara.
-Uff, todo por una simple borrachera que cogiste.- Valerie se apartó y siguió bailando con todas las demás.
Mi primer día en la universidad, Valerie también me hizo una fiesta de bienvenida y caí en la trampa. Bebí y bebí, era mi primera ''fiesta'' universitaria. Acabé tan borracha, que me bañé semi-desnuda en la fuente de la plaza principal del campus. Se plantearon mi expulsión, pero gracias a las miles de suplicas que Valerie, Bianca y yo hicimos, me dejaron quedarme. El alcohol causaba estragos en mí. Gracias a dios, todas las chicas de la residencia juraron que lo borrarían de sus mentes y no lo comentarían nunca más, y menos con un chico.
-¡Tengo otra idea! ¡Pidamos pollo y llamemos a los chicos!- Valerie corrió a por el móvil.
¿Qué? ¿Pollo? Eso significaría que Harry vendría a traernos el pedido, y si invitaban a los chicos, Kurt vendrían y los dos se encontrarían. No, eso no podía ocurrir. Corrí a coger el móvil antes de Valerie, pero no lo conseguí. Pidió nada más que veintitrés cubos de pollo, esperaba que después hiciera una colecta o lo que fuera para pagar eso. Después llamó a Ryan, un ex de Valerie, amigo de Kurt, invitándolos a ir. En poco tiempo, todos llegaron. Kurt se acomodó a mi lado, echándome un brazo por encima mientras yo me acurrucaba. Mi corazón estaba acelerado, Harry llegaría en nada, ¿por qué estaba tan nerviosa? Valerie se acercó a nosotros, ofreciéndole un buche a Kurt, mierda. Ya no estaba a salvo, yo no me sentía segura a su lado, ahora no. Llamaron al móvil de Valerie. Ella lo cogió, dando tumbos de lo borracha que estaba. Entre el parloteo que estaba hablando, logré distinguir Harry. ¿Harry? ¿Por qué tenía él el número de Valerie? Mi corazón se aceleró aún más.
-¿Te encuentras bien?- Kurt besó mi cabeza.
-Sí, eso creo.- respondí abrazándole.
-Kurt, Ryan, ¿podríais ayudar al repartidor e invitarlo a entrar?- Valerie se apoyó en Ryan para poder sostenerse.
Kurt y Ryan salieron de la residencia. No quería encontrármelo, no quería. Subí corriendo a mi habitación sin que nadie me viera. Me metí en mi cama, cogí mis gafas de leer y empecé a leer mi libro favorito: La probabilidad de la estadística del amor a primera vista. Un título largo, lo sé. Estaba sumergida en la historia tan bonita que la escritora narraba, cuando alguien abrió mi puerta. Supuse que sería Kurt. Se tumbó a mi lado. Dejé el libro en la cama y le abracé.
-Wow, yo también me alegro de verte.- me devolvió el abrazo.
Esa no era la voz de Kurt, esta era más profunda y, para mis oídos, más melodiosa. Me separé de él, y nuestros ojos se quedaron fijos en los del otro.
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