-¿Estás bien?- se le veía preocupado.
-Sí, estoy bien.- me incorporé.
-¿Te apetece ir esta noche a beber algo? Los chicos del equipo de rugby van a celebrar una fiesta fuera del campus, para celebrar que mañana juegan la final.- hizo como si nada hubiera pasado, como si él no se hubiera acercado tanto a mí. Apoyó un codo sobre la barra y enmarcó una ceja haciendo que él se volviera aún más guapo de lo que era.
Espera, recopila. ¿Los chicos del equipo de rugby? Kurt no me había dicho nada...
Espera, recopila. ¿Los chicos del equipo de rugby? Kurt no me había dicho nada...
-No sé Zayn, no tengo muchas ganas de salir...- no quería que volviera a pasar lo mismo.
-Vamos Abbie, es sábado.- se incorporó y puso las dos manos sobre la barra. Me quedé mirándolo un rato, no le podía decir que no a esos ojos chocolate.
-Está bien, saldré contigo esta noche, pero a dar una vuelta, sabes que no me gustan esos lugares.- me levanté del taburete y me di la vuelta, dispuesta a marcharme.
-Te recojo cuando cierre, tu habitación era...- dejó un momento de pausa para que yo prosiguiera.
-La 21, es de las primeras, el primer pasillo a la derecha.- le sonreí.- ¿A qué hora cierras?
-A las siete y media, así que a las ocho menos cuarto estaré allí.- me devolvió la sonrisa.
-¿No piensas irte a tu casa a cambiarte?- enmarqué una ceja divertida.
-Tenía pensado ir solo, así que he traído un traje de chaqueta, decía que había que ir de etiqueta, aunque no lo entiendo, si es una fiesta de un equipo de rugby.- rió.
Me reí ante su comentario y me di media vuelta para ir a la residencia.
-A las siete y media, así que a las ocho menos cuarto estaré allí.- me devolvió la sonrisa.
-¿No piensas irte a tu casa a cambiarte?- enmarqué una ceja divertida.
-Tenía pensado ir solo, así que he traído un traje de chaqueta, decía que había que ir de etiqueta, aunque no lo entiendo, si es una fiesta de un equipo de rugby.- rió.
Me reí ante su comentario y me di media vuelta para ir a la residencia.
Llegué a mi habitación, allí no había nadie, ni rastro de Valerie ni de Noe, menos mal. Miré por la ventana, con la esperanza de que la ventana estuviera abierta, y encontrar a Harry escondido por algún rincón, pero nada. La ventana estaba cerrada. Me di una ducha de agua caliente, donde me dio tiempo a cantar unas cinco canciones. La última fue 'Impossible', de Shontelle. Adoraba esa canción, me sentía algo identificada con aquella canción, no sabía por qué. Cerré el grifo y cogí una toalla para mis pelos mojados y los envolví en ella a modo de turbante, dejando a la vista un solo mechón que caía sobre mi cara. Cogí otra toalla más grande para secarme el resto del cuerpo. La relié a mi cuerpo como si fuera un vestido de palabra de honor, aguantado por mi axila en la unión de ambos extremos. Salí del baño tatareando aquella canción tan dramática.
Abrí mi armario, aún tatareándola, hasta que me entró esa vena en la que te entran ganas de cantar como si fueras una profesional. Cantaba a pleno pulmón el estribillo en el que se repetía varias veces 'impossible', a la vez que sacaba del armario un vestido verde esmeralda y unas sandalias beige, no me gustaban los tacones. Al sacar el vestido no pude evitar acordarme de los increíbles ojos de Harry.
Llegaba el último 'impossible' de la canción, así que lo canté aún más fuerte que los demás, cerrando los ojos del esfuerzo. Cuando terminé escuché unos aplausos. Lo primero que hice al abrir los ojos fue mirar el reloj, aún eran las siete, no podía ser Zayn. Me giré para ver quién era quién había estado aplaudiendo y haberme escuchado cantar tan horriblemente como el maullido de una gata en pleno parto.
Allí estaba, tan deslumbrante como siempre. Llevaba un traje de chaqueta negro, con unos pantalones que se ajustaban a sus perfectas piernas. Del bolsillo de su chaqueta asomaba una rosa blanca, un poco más pequeña que la mía. Sus pelos estaban alborotados, como siempre. Sus ojos verdosos recorrían todo mi cuerpo tapado con una simple y única toalla. Una sonrisa pícara y adorable decoraba su boca, formando ese hoyuelo asimétrico de su mejilla.
Al verle me asombré tanto que se me olvidó sujetar la toalla que me cubría, dejando ver uno de mis senos. Me agaché intentando hacerme una bolita y así, poder taparme. Me ruboricé al segundo, estaba más roja que un tomate. La risa de Harry resonaba por toda mi mente.
-¡HARRY VETE DE AQUÍ!- señalé la puerta con la mano que le quedaba libre.
-Lo siento.- paró de reírse en seguida y se fue, cerrando la puerta.
Me coloqué el vestido rápidamente, y me puse las sandalias lo más veloz que pude. Me di con un poco de colorete en mis mofletes pálidos y me puse un poco de rimel. Solté mi pelo hasta ahora recogido a modo de turbante en la toalla y me fui al baño.
Al escuchar el ruido de la puerta al abrirse, Harry, que hasta ahora había permanecido fuera, me siguió. Lo ignoré y empecé a cepillarme el pelo.
-No he visto nada, no te preocupes.- se colocó detrás mía, para que lo pudiera ver en el espejo, sin tener que girarme.
-¿Entonces por qué te reías?- fruncí el ceño, dejando el cepillo quieto.
-Porque.. Bueno.. Vale, sí, he visto un poco, pero sólo un poco de verdad. No sabía que estabas en toalla, sino no hubiera entrado. Sólo que te escuché cantar y... me pareció que tu voz era muy bonita.- me sonrió volviendo a crear ese hoyuelo asimétrico en su mejilla que me volvía loca.
-Mi voz es como la de una gata en pleno parto Harry.- seguí cepillándome el pelo.
-Es que si además te decía que cantabas mal me ibas a matar.- se rió.
-¿Encima mientes?- lo amenacé con el cepillo.
-¿Qué me piensas hacer? ¿Me piensas cepillar el pelo hasta que se me quede liso?- los dos reímos a carcajadas.- ¿Y a dónde vas así de guapa?- ¿me había dicho que estaba guapa? Dentro de mí empecé a saltar de alegría
-¿Y tú?- le acababa de decir guapo indirectamente, guardé el cepillo y saqué el secador, apuntándole a él cuando lo encendí, haciendo que todos sus rizos se removieran.
-¡Estate quieta!- apartó el secador con la mano, pero yo le volví a apuntar.- ¡Ahora verás!
Dejé el secador encima del lavabo y salí corriendo riendo como una niña, Harry me perseguía por detrás, gritando como si fuera otro niño de cinco años. Entré a mi habitación, iba a cerrarla para evitar que entrara, pero entonces se abalanzó sobre mí, haciendo que los dos cayéramos sobre la cama a grandes carcajadas.
-¿Te he hecho daño al tirarte en la cama?
Él se encontraba arriba mía, sólo tenía apoyadas las palmas de las manos y sus rodillas en la cama, dejando un gran espacio entre los dos. Los dos jadeábamos del cansancio de correr por toda la habitación y aquel espacio que antes me pareció grande, se volvió pequeñísimo. Sólo faltaba que nuestros labios se unieran, cerré los ojos esperando aquel beso que tanto había deseado, dejando todo lo demás a Harry. Cuando noté su respiración en mi cara, proveniente de su boca, llamaron a la puerta.
Abrí mi armario, aún tatareándola, hasta que me entró esa vena en la que te entran ganas de cantar como si fueras una profesional. Cantaba a pleno pulmón el estribillo en el que se repetía varias veces 'impossible', a la vez que sacaba del armario un vestido verde esmeralda y unas sandalias beige, no me gustaban los tacones. Al sacar el vestido no pude evitar acordarme de los increíbles ojos de Harry.
Llegaba el último 'impossible' de la canción, así que lo canté aún más fuerte que los demás, cerrando los ojos del esfuerzo. Cuando terminé escuché unos aplausos. Lo primero que hice al abrir los ojos fue mirar el reloj, aún eran las siete, no podía ser Zayn. Me giré para ver quién era quién había estado aplaudiendo y haberme escuchado cantar tan horriblemente como el maullido de una gata en pleno parto.
Allí estaba, tan deslumbrante como siempre. Llevaba un traje de chaqueta negro, con unos pantalones que se ajustaban a sus perfectas piernas. Del bolsillo de su chaqueta asomaba una rosa blanca, un poco más pequeña que la mía. Sus pelos estaban alborotados, como siempre. Sus ojos verdosos recorrían todo mi cuerpo tapado con una simple y única toalla. Una sonrisa pícara y adorable decoraba su boca, formando ese hoyuelo asimétrico de su mejilla.
Al verle me asombré tanto que se me olvidó sujetar la toalla que me cubría, dejando ver uno de mis senos. Me agaché intentando hacerme una bolita y así, poder taparme. Me ruboricé al segundo, estaba más roja que un tomate. La risa de Harry resonaba por toda mi mente.
-¡HARRY VETE DE AQUÍ!- señalé la puerta con la mano que le quedaba libre.
-Lo siento.- paró de reírse en seguida y se fue, cerrando la puerta.
Me coloqué el vestido rápidamente, y me puse las sandalias lo más veloz que pude. Me di con un poco de colorete en mis mofletes pálidos y me puse un poco de rimel. Solté mi pelo hasta ahora recogido a modo de turbante en la toalla y me fui al baño.
Al escuchar el ruido de la puerta al abrirse, Harry, que hasta ahora había permanecido fuera, me siguió. Lo ignoré y empecé a cepillarme el pelo.
-No he visto nada, no te preocupes.- se colocó detrás mía, para que lo pudiera ver en el espejo, sin tener que girarme.
-¿Entonces por qué te reías?- fruncí el ceño, dejando el cepillo quieto.
-Porque.. Bueno.. Vale, sí, he visto un poco, pero sólo un poco de verdad. No sabía que estabas en toalla, sino no hubiera entrado. Sólo que te escuché cantar y... me pareció que tu voz era muy bonita.- me sonrió volviendo a crear ese hoyuelo asimétrico en su mejilla que me volvía loca.
-Mi voz es como la de una gata en pleno parto Harry.- seguí cepillándome el pelo.
-Es que si además te decía que cantabas mal me ibas a matar.- se rió.
-¿Encima mientes?- lo amenacé con el cepillo.
-¿Qué me piensas hacer? ¿Me piensas cepillar el pelo hasta que se me quede liso?- los dos reímos a carcajadas.- ¿Y a dónde vas así de guapa?- ¿me había dicho que estaba guapa? Dentro de mí empecé a saltar de alegría
-¿Y tú?- le acababa de decir guapo indirectamente, guardé el cepillo y saqué el secador, apuntándole a él cuando lo encendí, haciendo que todos sus rizos se removieran.
-¡Estate quieta!- apartó el secador con la mano, pero yo le volví a apuntar.- ¡Ahora verás!
Dejé el secador encima del lavabo y salí corriendo riendo como una niña, Harry me perseguía por detrás, gritando como si fuera otro niño de cinco años. Entré a mi habitación, iba a cerrarla para evitar que entrara, pero entonces se abalanzó sobre mí, haciendo que los dos cayéramos sobre la cama a grandes carcajadas.
-¿Te he hecho daño al tirarte en la cama?
Él se encontraba arriba mía, sólo tenía apoyadas las palmas de las manos y sus rodillas en la cama, dejando un gran espacio entre los dos. Los dos jadeábamos del cansancio de correr por toda la habitación y aquel espacio que antes me pareció grande, se volvió pequeñísimo. Sólo faltaba que nuestros labios se unieran, cerré los ojos esperando aquel beso que tanto había deseado, dejando todo lo demás a Harry. Cuando noté su respiración en mi cara, proveniente de su boca, llamaron a la puerta.
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