lunes, 10 de junio de 2013

Capítulo III ~

-¿Qué haces en mi habitación?- lo aparté de un empujón, haciendo que se cayera de la cama, él y el libro. No era mi intención.- Lo siento mucho Harry, perdóname.- me destapé y le ayudé a levantarse.
-Ya decía yo que no podíamos estar bien durante mucho tiempo.- bromeó levantándose.- Bonito pijama.- me guiñó un ojo.
-Bonito casco.- le guiñé un ojo a él. ¿Pero qué estaba haciendo? ¿Por qué me comportaba así?
-Te traje un cubo de pollo, menos mal que lo dejé en tu escritorio.- Harry lo cogió del escritorio y me lo dio.
-¿Te han pagado los veintitrés cubos?- le pregunté cogiéndolo.
-No, están demasiado borrachos como para preocuparse de eso.- rió con una risa que hizo que cada uno de mis huesos se derritiera, ¿pero qué pasaba?
-Oh, espera, te pago yo, ¿cuántos es?- fui al escritorio y saqué del cajón mi cartera.
-No vas a pagar esto tú sola, es mucho. Además, que lo pague tu novio.- frunció el ceño y se sentó en mi cama, cogiendo el libro del suelo.- La probabilidad estadística del amor a primera vista, anda, que título.
-Es igual de bonito como largo es el título.- sonreí para mis adentros al recordar su contenido.- Vamos Harry, ¿cuánto es?- le quité el libro de las manos y lo puse en el escritorio.
-Después les diré que me paguen, tú no pagues nada.- sonrió.- ¿Y por qué no estás con los demás?
-Porque no me gustan ese tipo de fiestas.- me senté en mi cama comiendo una alita de pollo.
-¿De borrachos?- se acercó más a mí, dejándome oler su perfume.
-Exacto.- dije entre bocado y bocado.- ¿Quieres?
-No te diré que no.- cogió una y rápidamente se la comió.- ¿Qué estudias?
-Filología.- estaba demasiado ocupada comiendo como para mirarle a los ojos.
-Qué aburrido.- rió.
-Bueno, es lo que tiene ser una persona aburrida.- me encogí de hombros.
La puerta se abrió de golpe, detrás de ella estaba Kurt, oh no. Se dirigió hacía mí a paso ligero. Ya sabía lo que pasaría.
-¡Harry, vete por la ventana, ya!- yo vivía en la planta baja, así que no le pasaría nada.
-¿Pero qué...- se extrañó él.
-¡Harry, qué te vayas!- le señalé la ventana y él salió por ella.
Eché el cierre al pestillo de la ventana, por si a Kurt se le ocurría la salvaje idea de ir a darle una paliza.
-Qué hacías con ese tío.- me dio un empujón haciendo que me cayera en la cama.
-Nada Kurt, sólo ha venido a traerme un cubo de...- no me dejó terminar cuando recibí una bofetada.
Empecé a llorar, sin nadie que lograra pararme. Ahora vendría lo peor. Escuché los golpes de los puños de Harry en la ventana y sus gritos. Kurt estaba muy borracho y no le escuchaba. Me dio una patada, mientras me llamó de todo los insultos habidos y por haber. Cuando creí que había acabado, me dio otra bofetada que hizo que mis gafas se cayeran al suelo y se rompieran. Ahora venía la ''mejor'' parte de las borracheras de Kurt, el momento en que me quedaba sola, llorando, sin nadie que me pudiera consolar, ya que nadie lo sabía.  Anteriormente, había visto a Valerie ir enganchada a Ryan de su cintura, dirigiéndose a la residencia de los chicos. Noe, se quedó dormida en la habitación de las de en frente. Esa noche me quedaría sola, bueno, no totalmente sola. Harry le dio la vuelta a toda la residencia para poder entrar a la habitación de nuevo. ¿Pero por qué seguía allí?
-Vete.- le señalé la puerta, escondiendo mi cara tras mis rodillas. Estaba encogida haciéndome una bolita.
-No me pienso ir y dejarte así. ¿Qué tipo de galán sería?- bromeó intentando hacerme reír, pero no sirvió para nada.
Yo seguía llorando, no había quién me parara. Harry cerró la puerta y se puso a mi lado.
-Harry.- logré decir entre mis llantos.
-¿Sí?- me quitó el mechón que caía sobre mis ojos, obligando mirarle a los suyos.
-No se lo digas a nadie.-tapé mi cara con mis rodillas de nuevo.
-¿Estás loca? ¿Quieres que deje que te maltrate?- me cogió por los hombros, sin sacudirme, obligando a que dejara mi postura de bola.
-Sí, cómo siempre ha sido.- lloré de nuevo,sin dejar que nada de lo que dijera se entendiera.
-Pero Abbie, no puedo permitir ver esto.- se quedó fijo en mis ojos.
Quería apartar la mirada, pero algo me lo impedía.
-Pues no lo veas, simplemente olvídate.- me quité las lágrimas que corrían por mis mejillas con las manos.
-No pienso dejar que te maltrate otra vez, tenlo claro.- sonrió y con su pulgar quitó una lágrima que aún corría por mi mejilla.
Mi mejilla ardió con el contacto de su pulgar. Toda mi piel se erizó. Él lo notó y se apartó un poco.
-Gracias.- dije con un hilo de voz.
-¿Cortarás con él mañana, verdad?- preguntó como quién no quiere la cosa.
-¿Qué? No, yo le quiero.- contesté.
-Abbie, no confundas el amor con el miedo.- puso su mano en mi pierna, provocando que mi piel se erizara. Al instante la quitó.- Tienes miedo a que cuando se emborrache seas su objetivo, aunque ahora también lo eres.- sonrió.
Me quedé sorprendida y creo que lo notó porque se reía, dejándome ver sus maravillosos y perfectos dientes. ¿Por qué yo no me había dado cuenta de que lo que yo sentía era eso? ¿Por qué ha tenido él que venir a decírmelo? Me gustaría haberme dado cuenta por mí misma. Agaché la cabeza y reflexioné sobre aquello. Él se me quedó mirando sonriendo.
-Bueno, no te molesto más que se que es lo único que hago, ya sé donde encontrarte.- me sonrió una vez más y desapareció por la ventana.



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