martes, 30 de julio de 2013

Capítulo XLII ~ FINAL.

Iba a enredar mis brazos alrededor de su cuello para no dejarlo ir nunca más, cuando abracé el aire y mis labios no recibían el calor de los carnosos labios de Harry. Miré a un lado y a otro, no había nadie, me había quedado sola. ¿Había sido un espejismo? El fortachón me esperaba en la puerta con una mirada irritante. Miré una última vez detrás mía, para asegurarme de que no había nadie, así era. Salí a rastras de la iglesia, me habían dejado allí, sola, sin nadie que me llevara al convite. Por suerte, el hotel donde se celebraba estaba a apenas unas dos manzanas. Empecé a andar con desgana, casi había llegado a la primera manzana cuando ya llevaba los tacones en la mano y estaba caminando descalza por las calles sucias de Malibú. Por fin llegué al hotel, algunos de los invitados fumaban fuera. Me hice paso entre la nube de humo de tabaco y entré a recepción. 
-Perdone, ¿la boda de los Tomlinson?- me tenía que ir haciendo a la idea de que ahora mi hermana pasaría a apedillarse Tomlinson. 
-Es en la sala 2, por allí.- me señaló un pasillo amplio de baldosas de mármol. 
-Gracias.- susurré mientras me alejaba. 
Estaba algo enfadada porque se habían olvidado de mí, pero era de esos enfados míos que se iban pronto. Abrí sigilosamente la puerta de la sala, para no llamar mucho la atención. Al abrir la puerta, me di cuenta de que no debía preocuparme de eso. Todos comían y bebían, de fondo, se escuchaba una música irritante, por lo menos para mí. Miré a todos lados en busca de Harry, pero nada, invitados y más invitados que, si conocía, no me acordaba de ellos. Me senté en una mesa en la que vi a Madeleine jugando con unos de los invitados por parte de Louis. Era la mesa de los niños, pero yo estaba bien allí. Cortaron la tarta, no presté mucha atención, estaba absorta en lo que había pasado en la iglesia. ¿Había estado allí? ¿Aquel beso había sido real o fruto de mi imaginación? Madeleine me trajo un trozo de tarta, pasaba el tenedor por encima, bajo la mirada curiosa de Madeleine.
-¿No quieres?- me preguntó señalando con su tenedor. 
-No tengo mucho apetito.- miraba a la tarta mordiéndose el labio inferior, miré su plato y ya se la había acabado.- ¿Quieres la mía?- asintió en cuanto abrí la boca y le di mi plato. 
Vi como Donna subía al escenario donde estaba el pianista tocando una canción que me adormilaba. Después, Rose le pasó el ramo, bien, pelea de chicas por el ramo. Donna estaba preparándose para lanzarlo, Madeleine se levantó y como pudo, se coló en medio de las mujeronas de cuarenta y pico de años que iban a luchar por aquel ramo. Me hizo un gesto con la mano para que fuera con ella, pero le dije que no con el dedo índice. Se encogió de hombros y era como si pudiera escucharla decir ''tú te lo pierdes''. Donna tiró el ramo, y, por alguna extraña razón acabó sobre mi regazo. Me quedé mirándolo, asustada por si las cuarentonas se me abalanzaban para conseguirlo. En lugar de eso, todas me miraban sonrientes, mientras Harry hacia su aparición a mi espalda. Cogí el ramo con las manos, después lo miré a él y lo único que mis músculos me permitían era esbozar una sonrisa. No me podía mover de mi silla, así que empezaron con los bailes. Mi padre le robó mi hermana a Louis para un baile, así que Louis me sacó de mi trance invitándome a bailar. Le di el ramillete a Madeleine, a la que se le iluminó el rostro. Otra vez volví a perder de vista a Harry. 
-¿Qué tal todo de vuelta por Malibú?- dijo Louis colocando una mano en mi cintura.
-Genial, me alegro de volver a estar en casa.- coloqué mi mano en su hombro y me dejé llevar. El baile terminó, normalmente no me gusta bailar, pero bailar con Louis es otra cosa. 
Iba a buscar a Harry de nuevo, cuando mi padre me pidió otro baile. Estuvimos hablando de Londres, evitando hablar de Harry. Le dije que había perdido mi trabajo y el por qué, creí que saldría pitando en cualquier momento para el aeropuerto, ir a Londres y darle una paliza a Josh.
-Papá, ya no soy una niña indefensa de ocho años como Madeleine.- dije intentando sonreír.
-Lo sé, pero saber que Donna se iba y que solo te tenía a ti...
-¿Todo ha sido para eso?- me reí.- Papá, nunca nos vamos a dejar de ver aunque nos vayamos de casa, ¿de acuerdo?- él asintió y le besé la mejilla.
La canción terminó y asimilando que no lo volvería a ver, me fui otra vez a la silla de al lado de Madeleine. Me agarró de la mano, y sin darme explicaciones, me llevó fuera a un amplio jardín. Era precioso, decorado con bonitas rosas rojas. Recogí una de ellas del suelo y la deslicé por la palma de mi mano.
-¿Qué es todo esto?- le pregunté a Madeleine, pero ya se había marchado. 
Una bonita canción que nunca había escuchado empezó a sonar, y juraría que sabía quién la cantaba, era él. 
-Now you were standing, there in front of me.- comenzó a cantar. Apareció de detrás de uno de los árboles del jardín con una guitarra y se acercaba a mí.



Now you're standing there right in front of me

I hold on, it's getting harder to breathe
All of the suddenly these lights are blinding me
I never noticed how bright they would be

I saw in the corner, there's a photograph
No doubt in my mind it's a picture of you
That lies there alone in spattered broken glass
This bed was never made for two

I'll keep my eyes wide open
I'll keep my arms wide open

Don't let me
Don't let me
Don't let me go
Cause I'm tired of feeling alone
Don't let me
Don't let me go
Cause I'm tired of feeling alone

I promise one day that I'll bring you back a star
A couple in it burned a hole in my hand
Seems like these days I watched you fall on floor
Just trying to make you understand

I'll keep my eyes wide open

Don't let me
Don't let me
Don't let me go
Cause I'm tired of feeling alone
Don't let me
Don't let me go
Cause I'm tired of feeling alone

Don't let me
Don't let me
Don't let me go
Cause I'm tired of feeling alone
Don't let me
Don't let me go
Cause I'm tired of feeling alone

Don't let me
Don't let me go
Cause I'm tired of sleeping alone

La voz, su voz, suave y profunda, cantando cada una de aquellas palabras con el más mínimo cuidado de no desafinar. La letra, era tan... perfecta. Me había quedado anonada con su voz y el contenido, tanto que estaba rígida, con los músculos tensos. Estaba a escasos centímetros de mí, y ese 'alone', lo pude sentir en todos los recovecos de mi cuerpo. Me di cuenta de que estaba temblando, pero el brazo firme de Harry me agarró del mío haciendo que parara.
-Creo que a mí también me debes un baile.- dijo al fin.
Le dio al botón de una radio a la que no le había prestado atención, y una canción lenta resonaba en todo el jardín. Con una mano, me agarraba de su hombro y con la otra de su mano. Podía oler su fuerte olor a AXE que tanto me gustaba. Dejé caer mi cabeza sobre su pecho, su firme pecho.
-No sabía que cantabas tan bien.- dije por fin.
-Bueno, tenía mi secretillo.- dijo natural, ¿era la única que estaba nerviosa?- Creo que este secreto que te voy a contar ya lo sabes.
-A ver.- levanté la cabeza de su pecho y esbocé una de mis mejores sonrisas.
-Te quiero.- después se acercó lo suficiente como para nuestros labios entraran en contacto y dejáramos de bailar.
Unos fuegos artificiales nos separaron, eran preciosos. Un poco sorprendidos miramos al cielo, sonrientes, y después me perdí en sus ojos que reflejaban el cielo oscuro lleno de lucecitas de colores y nos volvimos a besar. Todos los invitados comenzaron a aplaudir, los ignoramos y seguimos besándonos. No quería separarme de él, nunca. 
Lo mejor fue que ese beso, en vez de a despedida, sabía al principio de una bonita relación con el repartidor de mi vida. 

                                    FIN.






Bueno, se acabó lo que se daba. Quería agradeceros a todos los que habéis seguido la novela hasta el final y espero que os haya gustado. Deciros que habrá una próxima o, puede que incluso dos a la vez. Una de ellas, la empezaré con @mursdirection en twitter o Maria Stylinson en tuenti. La que escribo sola, os adelanto, será de Niall. 
Creo que ya sabéis donde localizarme para que os pase el nuevo link y os vaya avisando en cada capítulo, pero, por si acaso:
Twitter: @theniallerpizza
Tuenti: Angela Hate Spoons.
Ask: DirectionerSuelta
A l@s lector@s de siempre no hace falta que me digan nada, os seguiré avisando. Una vez más, gracias por leer mi fanfic. 
PD: Podéis escribir algún comentario aquí abajito, de nuevo, gracias por leer :] 


lunes, 29 de julio de 2013

Capítulo XLI ~

¿Cómo? ¿Donna estaba aquí? Corrí fuera y allí estaba ella, con su vestido de novia mordiéndose sus uñas postizas. Me sorprendió verla con su vestido, no la había visto antes, estaba tan guapa. 
-¡Donna!- corrí a abrazarla, con miedo de que alguien me raptara de nuevo.
-¡Abbie!- me abrazó como pudo entre tanto vuelo del vestido.- ¿Como estás?- dijo mirando mi boca en carne viva.
-¡Tu boda!- ignoré su pregunta.
-Lo sé, lo sé, vamos, aún tenemos que prepararte el maquillaje.- me cogió del brazo y me subió a un coche.
-Harry.- dije con un hilo de voz.
-No te preocupes, Lou vendrá a recogerlo.- el chófer de la limusina que había encargado Donna para su boda nos esperaba, aparecería en la iglesia en la limusina.
Entramos en la limusina, y una parte de mis primas, las demás damas de honor, se abalanzaron sobre mí. Todas me decían que habían pasado mucho miedo por mí, pero no se hacían a la idea de lo que había pasado yo. Rápidamente, mi prima más mayor, Rose, apartó a las demás y empezó a maquillarme, otras me empezaron a peinar el pelo. Por lo visto había un enchufe en la limusina y me hicieron incluso tirabuzones. El trabajo de mi prima con el maquillaje me sorprendió, hizo que no se notara nada la irritación de mi piel debido a la cinta. Todas llevaban mi mismo vestido, cosa que me molestaba bastante de ser dama de honor. Todas se apartaron para ver su trabajo.
-¡Espléndida!- dijo al fin mi hermana.
-A la que le queda mejor el vestido es a ti, Abbie.- dijo una de mis primas.
-Tonterías, es el mismo vestido. Además, el mío está arrugado y estropeado.- dijo haciendo un ademán con la mano.
-Estás muy guapa.- dijo mi prima Madeleine, la más pequeña, de ocho años.
-Gracias, Madeleine, tú también.- le di un beso en la mejilla, era la definición de adorable en persona. 
Por fin llegamos a la iglesia, un hombre fuerte esperaba en la gran portada para abrirla y que fuéramos entrando. Mi padre, nerviosa, esperaba a Donna al lado del musculoso hombre, dando vueltas de un lado a otro. Ella llevaría a Donna al altar. Cuando vio la limusina, se lanzó a ella. Mis primas fueron saliendo y yo ayudé a Madeleine a bajar. Mi `padre me empezó a besuquear la cara, haciendo que el maquillaje se estropeara.
-¡Para, mi maquillaje!- dije entre risas, el enfado por lo que le dijo a Harry se me había pasado, lo había añorado mucho. 
-Lo siento, lo siento.- dijo y se apartó de mí. 
Desenlacé la mano de Madeleine y ayudé a Donna a bajar de la limusina. Mi padre empezó a llorar de la emoción al verla con el vestido y el velo, aunque ya la había visto antes. Le tendió el brazo y Donna se agarró a él, intentando no llorar. Era un momento muy emotivo en el que mis primas también empezaron a llorar, las únicas allí emocionalmente estables éramos Madeleine y yo. Nos pusimos en una fila que quedaba preciosa. Madeleine iba en cabeza con una cestita de flores. Las otras seis damas de honor iban de tres en tres, después iba Donna y mi padre, y detrás, sujetando su gran cola para que no la arrastrase, Rose y yo. Donna le asintió con la cabeza al fortachón, que abrió las puertas la iglesia, haciendo que todo el mundo se girara, incluido Louis que la esperaba en el altar. Al ver a Madeleine, en toda iglesia sonó un 'Oh' unísono, estaba realmente adorable. Ella tiraba las florecillas de su cesta por el suelo, más feliz que nadie en el mundo. Cuando por fin pude ver algo detrás de Donna, vi a Harry al lado de Louis, me sonrojé por algún motivo y miré a otro lado.
-¿Quién es ese?- dijo Rose en un susurro.
-¿Eh?- dije como si no supiera a qué se refería.
-Ese de ahí.- dijo señalándolo disimuladamente con un movimiento de cabeza.
-El primo de Louis.- respondí lo más serena que pude.
-¿Solo?- volvió a preguntar, divertida.
-No lo sé.- se me escapó una sonrisilla de estúpida, pero era la verdad, no sabía si era algo más. Para mí claro que era algo más, pero no se si lo podía llamar 'mi novio'. 
No hablamos más hasta que llegamos al altar. Con cuidado, dejamos caer la larga cola del vestido en el suelo y nos pusimos a un lado. Madeleine ya había vaciado su cestita y se había colocado a mi lado. El cura dio una interminable y eterna ceremonia sobre el matrimonio en la que solo pude intercambiar alguna que otra mirada con Harry. Hasta que por fin hizo las dos preguntas que tanto estábamos esperando todos.
-Louis Tomlinson, ¿acepta a Donna Jones como legítima esposa hasta que la muerte os separe?
-Sí, acepto.- respondió Louis rápidamente y le sonrió a Donna.
-Donna Jones, ¿acepta a Louis Tomlinson como legítimo esposo hasta que la muerte os separe?
-Acepto.- respondió tras un silencio largo e incómodo, me gustaría haber estado en la cabeza de mi hermana para ver que estaban pensando. 
Los dos se pusieron las alianzas mutuamente y se cogieron de las manos, con una sonrisa que recorría todo su rostro. La felicidad era palpable en esos momentos. 
-Ya puede besar a la novia.- dijo por fin el cura, y Louis inclinó su cabeza y fundió sus labios con los de mi hermana.
Al momento, todos empezaron a aplaudir y a gritar: ¡Viva los novios! Pude divisar a mi madre en uno de los primeros bancos acompañada de mis tías, llorando con miles de pañuelos en las manos. Mi padre se enjugaba las lágrimas. Era una estampa preciosa. De inmediato, busqué a Harry con los ojos, los novios estaban bajando del altar y se dirigían a la salida, donde les tirarían arroz. Me giré levemente, y me di un encontronazo con los labios carnosos y suaves que tanto deseaba. 


miércoles, 24 de julio de 2013

Capítulo XL ~

Abrí los ojos, la cabeza me dolía una barbaridad, iba a quejarme, pero no pude, tenía la boca tapada con una cinta americana. Miré mejor mi situación, estaba en una silla con las manos atadas al reposabrazos por la muñeca, se me estaba cortando la circulación. Igual pasaba con los tobillos, tenía cada uno atado a una pata de la silla. ¿Harry? ¿Qué había pasado con Harry? Estaba en una sala fría, gris, no había nada, solo yo y la silla a la que estaba atada. 
-¡Mmmm!- intenté pedir ayuda, pero la cinta no me dejaba.
Esta muerta de miedo, ¿que quería aquel tipo de mí? ¿Pensaba en violarme? Era lo único que pasaba por mí. Se escuchó un portazo y entró un tipo corpulento, demasiado, apostaría a que era un culturista o algo de eso. El miedo se apoderaba de mí con cada paso que daba, empecé a llorar inmediatamente del miedo.
-¡Joe!- se escuchaba desde fuera. El nombre de mi pesadilla era Joe.
-¿¡Qué pasa!?- gritó él furioso, un hombre mucho más mayor entró en la gran habitación.- No sabía que tenías compañía.- me miró con una sonrisa maliciosa.
-Bajaba de un jet privado, seguro que tiene mucho dinero y pagan un gran rescate por ella.- dijo cerrando y abriendo la navaja.
Por dentro de mí suspiré de alivio, solo quería un dinero que no tenía. ¿Cómo se lo iba a explicar y hacer que me creyera? Aún estaba asustada y no podía parar de llorar. Donna, su gran día. Todo lo iba a fastidiar este mierda tío, si había alguna razón por la que no quería que me matara era porque iba a fastidiar el día de mi hermana. Se volvió a acercar puso las manos sobre las mías y una vena de la frente se le comenzó a hinchar. Me arrancó la cinta de la boca de un tirón, haciendo que llorara aún más del dolor, se me había quedado la parte de la boca en carne viva.
-¡Dónde está tu móvil!- me gritó y yo lloré más.- ¡He dicho que donde está!- volvió a gritar y yo le di una patada en su entrepierna, haciendo que sacara su navaja.
-Joe, Joe, esto se hace así.- el anciano lo apartó y se puso en cuclillas para mirarme a los ojos.- Preciosa, ¿me podrías dar tu móvil?- su voz hizo que parara de llorar para estremecerme de miedo. 
-No tengo dinero.- logré contestar.
-¿Cómo que no, hermosa?- preguntó sonriendo.
-No, no tengo más. Utilicé todo mi dinero para pagar el jet y llegar rápido aquí.- contuve las lágrimas para intentar hacerme la fuerte.
-Mmm, ¿por qué debería de creerte?
-Porque es verdad, no miento.- dije con toda la claridad que pude.
-Pues no he corrido el riesgo de que nos siguiera la policía para nada.- dijo el tal Joe.- Vete Leonard, ya me encargo yo de la chica.- el anciano lo miró y después me miró a mí, parecía sentir lástima de verdad.
-Te creo, y siento mucho que tengas que pasar por esto preciosa.- me susurró al oído y se marchó.
El tal Joe, se sacó la camiseta al ver que Leonard ya no estaba en la sala. Los músculos resplandecían bajo la tenue luz del lugar, que asco. Me volvió a poner la cinta en la boca y bloqueó mis piernas para que no le volviera a dar. Levantó la falda de mi vestido y se bajó la cremallera de sus pantalones, empecé a llorar. Cuando ya estaba en boxes, la puerta se fue abajo y unos diez policías armados entraron apuntándole con sus armas. Pude ver a Harry asomandose por la puerta mientras uno de los policías no le dejaba pasar, él gritaba, pero no le hacía caso. 
-Apártese de la chica y levante las manos.- dijo al fin uno de los policías.
Joe se apartó riendo y levantó las manos tal y como le dijo el policía. Yo lloré de alegría de que al fin habían venido. Entonces me di cuenta de que Joe estaba loco, lloraba y reía a la vez mientras decía cosas estúpidas. La mitad de los policía lo llevó al coche debido a su gran musculatura. Harry esquivó a los guardias y corrió hacia mí. Me quitó la cinta de los tobillos y la de las muñecas mientras lloraba, ¿por qué el lloraba también? Después me miro a mis ojos brillantes y llorosos, que eran exactamente igual que los suyos. Me quitó suavemente la cinta de la boca, y al ver mi cara en carne viva, lloró aún más. Me lancé hacia él, en un abrazo que yo nunca quise que terminara. Unos policías nos obligaron a subir a otro coche patrulla para dar datos. Harry había dejado de llorar, pero yo no podía, aquel momento no se me borraba de la cabeza. Dejé caer mi cabeza sobre su hombro.
-Sh, sh, todo pasó ya Abbie.- me decía una y otra vez, pero eso no hacía que yo dejara de llorar. 
-La boda de Donna.- dije entre sollozos y después me señalé la cara.
-Es increíble que pasándote lo que te ha pasado solo pienses en tu hermana.- me sonrió y besó mi cabeza.- Aún queda tiempo, no te preocupes, estaremos listos.- me quedé mirándole, era tan perfecto.
Llegamos a la comisaría y nos hicieron sentarnos a esperar para hacernos el interrogatorio. Una muchacha llegó al fin y dijo mi nombre, me levanté y Harry me aguantó la mano para que me volviera a sentar.
-Un segundo.- le dijo Harry a la policía, ella volvió a su oficina.- Abbie..- suspiró.- No sé por donde empezar.. Lo siento, siento haberte dicho eso el día en que entraste en las Cheshire Jets, pero el hecho de que otro tipo te tocara y que podría hacerte suya me volvía loco. Espero que me puedas perdonar, cuando Donna me llamó para venir a recogerte, pensé en miles de cosas, en tu reacción, en todo. Y cuando vi que ese hombre te secuestraba, me morí por dentro, no sabría si te volvería a ver, si estarías bien, me morí de miedo.- comenzó a llorar.- Y cuando te encontré abierta de piernas delante de ese hombre y llorando, no sabes lo que me entró por el cuerpo, me sentí el peor hombre del mundo. Lo siento, de verdad, y el momento en el que me abrazaste, yo...- dejó de hablar. y siguió llorando.
Yo me quedé mirandolo, tenía mucho que asimilar de su disculpa.
-Di algo.- empezó a reír mientras seguía llorando.
Lo miré y lo supe mejor que nunca, miré sus labios y me lancé a ellos. Nuestros labios entraron en contacto, después de haberse añorado tanto tiempo. Al fin él respondió a mi beso permitiendo que nuestras lenguas también entraran en contacto. Nuestros labios se fusionaron en uno haciendo que millones de mariposas volaran en mi estómago. Todos los policías comenzaron a aplaudir e inclusos algunos presos que llegaban. Me aparté de él debido a la falta de oxígeno y le miré sonriente y jadeante. Él me miró sonriente y me volvió a besar, pero ese beso sabía a despedida. La policía me volvió a llamar, yo acaricié uno de sus rizos y me fui dentro a empezar el interrogatorio. 
-¿Qué pasó?- preguntó directamente la policía. Cogí aire y empecé a hablar. 
-Había comprado un jet privado para llegar aquí porque no quería esperar más a ver a mi hermana, hoy es su boda.
-¿A qué hora?- me interrumpió.
-A las once y media. 
-Son las diez menos cuarto, te dará tiempo llegar.- sonrió.
-Bueno, como decía, salí del jet y un hombre me cogió de la cintura y me llevó a otro sitio. Le di golpetazos en la espalda para que me soltara, pero me golpeó la cabeza y me desmayé.- volví a coger aire.- Cuando me desperté, estaba en una sala inmensa y oscura y aquel hombre volvió a aparecer. Creía que tenía mucho dinero porque había comprado el jet, pero me gasté todo mi sueldo en él, no tengo nada ahora mismo. Me amenazó incluso con una navaja para que le diera mi móvil para pedir un rescate. Cuando al fin me creyó, dijo que no me había secuestrado para nada, se desnudó y vosotros entrasteis.- decidí no decir nada de aquel Leonard. 
Vi a Harry en otra oficina, ya que estas eran de paredes de cristal y se veía a través de ellas. Hablaba muy serio con otro policía, con la mirada perdida en el suelo. 
-Bueno, Abbie Jones, puede irse, su hermana la está esperando fuera. Dense prisa.- sonrió. 

Capítulo XXXIX ~

Al fin me trajeron mi sándiwch. Lo abrí para asegurarme que no traía el huevo, así era. Lo cerré con desgana y noté como una mujer de unos treinta años me miraba. Decidí ignorarla, era normal que me mirara, estaba sudada, olía mal y tenía un aspecto horrible. Me comí el sándwich rápidamente, cosa que creo que sorprendió a la mujer. Me levanté y me fui a pagar dentro. Subí y me di una ducha rápida, me puse esto:

Me aseguré de no dejarme nada y subí dos plantas más arriba. Apartamento 407... Dejé las llaves en el felpudo y me fui al aeropuerto. Me senté en uno de los bancos, aún solo eran las cinco y media, quedaba mucho hasta que saliera mi avión. No podía soportar más estar allí así que me fui a la muchacha de recepción.
-Perdone, ¿cuando sale el próximo avión hacia Malibú?
-Mmmm, a las nueve y media señorita.- ese era mi avión. 
-¿Nueve y media? Eso es muy tarde...
-Siempre puede comprar un jet privado.- dijo dándome unos papeles. 
-¿Un jet? ¿Privado?- miré el precio para un viaje, era carísimo, pero tenía el dinero, las Cheshire Jets pagan bien a sus jugadoras.- Vale, está bien, quiero que salga ahora mismo.
-Claro señorita, vaya a esa puerta de embarque y ahora mismo le doy las órdenes al piloto. 
Puse todo mi dinero sobre la mesa, ella lo cogió y lo guardó no sé donde. Me dirigí a la puerta de embarque que me dijo y subí al avión. Estaba yo sola, era incómodo. Pero me volví a quedar dormida en el avión. Cuando me desperté, el avión seguía igual de vacío. 
-¿Alguien me escucha?- pregunté al aire mientras me desperezaba.
-Dígame señorita.- la voz de un señor salió de un altavoz de mi lado que hasta ahora no había visto.
-Eh...¿Cuánto queda para aterrizar?- pregunté tímida, hablar con un altavoz se me hacía raro.
-Calculo que unos cuarenta y cinco minutos.
-Gracias.- escuché como el micro se desactivaba.- Una cosa más.- el micro se volvió a encender.- ¿Puedo beber algo?- tenía la boca seca. 
-Claro, ¿qué quiere?- si era el copiloto, ¿cómo me iba a traer algo de beber?
-Un zumo de naranja.- al momento, una muchacha que hasta ahora no había visto salió con mi zumo. 
Le di un trago, y le di las gracias a la muchacha. Me terminé el zumo contemplando las vistas desde los cielos. Saqué mi móvil y llamé a Donna. Tras los pitidos de espera escuché su voz, despierta y nerviosa.
-¡Le dije que la tarta la quería de vainilla!
-Donna, no puedo hacer ninguna tarta para ti.- dije riéndome.
-¿Qué? ¿Cómo que no puedes hacer tartas para mí?- dijo furiosa.
-¡Soy Abbie! No tu pastelero.- reí aún más. 
-¡Ah, Abbie! ¿Cómo estás cariño?- su voz se relajó.
-Bien, en el avión, me quedan unos treinta minutos así para llegar. Te dejo que estarás muy liada a estas alturas.- reí levemente.
-Sí, después hablamos ¿vale? Mandaré a alguien a recogerte. Besitos.- colgó.
Guardé mi móvil y empecé a golpear el reposabrazos con los dedos nerviosa.
-¿Hay un baño o algo donde me pueda cambiar?- había traído mi maleta conmigo, por alguna razón me habían dejado llevarla conmigo. 
-Sí, al fondo a la izquierda.- me respondió la voz del copiloto.
Abrí mi maleta y saqué el vestido de la boda. Me fui a donde el piloto me dijo, era un baño bastante amplio para ser de un avión. Me puse el vestido y aún con mis bailarinas, me fui a mi asiento. Guardé la ropa que me había quitado en la maleta y saqué los tacones. Me los puse delicadamente y los miré una y otra vez. Eran preciosos. Di unas vueltas por el avión, mirándolo todo. 
-Está muy guapa.- me dijo la azafata.
-Muchas gracias.- no pude evitar sonrojarme. 
-Por favor, manténganse en sus asientos, vamos a aterrizar.- sonó el altavoz. Supongo que lo diría por la azafata y por mí. 
Obedecí a las órdenes del piloto y me senté. Por fin aterrizó el avión, cogí mi maleta y salí. Miré a ambos lados, estaba yo sola, tampoco sería muy difícil encontrarme. Por fin lo vi, iba vestido con su traje de chaqueta, sus rizos alborotados y su rosa roja en el bolsillo. Tenía un pequeño cartel entre sus manos en el que se podía leer claramente: ''No quiero perderte nunca más''.
Me quedé inmóvil, mirándolo, quería correr a abrazarlo, lo había echado tanto de menos. Di un paso hacia él, para comenzar a correr, cuando alguien musculoso me cogió de la cintura y me llevó mucho más lejos de donde estaba Harry. Le di puñetazos en la espalda para que me soltara, pero nada, seguía hacia delante. Me dio un golpetazo en la cabeza para que me estuviera quieta y vi como mis ojos se cerraban poco a poco.
-¡Abbie! ¡Abbie!- Harry corría detrás de aquel tipo que me había secuestrado. 
Mis ojos se cerraron y ya no vi nada más de lo que pasó. 

lunes, 22 de julio de 2013

Capítulo XXXVIII ~

-¿Entras muy rápido en confianza no?- me di la vuelta y me quedé mirando la mesita de noche. 
-Eso dicen, aunque no sé por qué.- rió levemente.
-¿Por qué? Nos conocemos de hace unos días y estás en mi cama.- dije riéndome.
-Tienes razón, que maleducado. Nos vemos mañana en el entrenamiento.- esta vez, el que se ruborizó fue él. 
Se quitó la sábana y salió del apartamento. Mmmm, tranquilidad. Me acurruqué en las sábanas y cerré los ojos. Estaba apunto de dormirme cuando, el móvil comenzó a sonar. En la pantalla ponía en grande 'Donna'. Mierda, Donna, no me había despedido de ella ni de nadie al irme. ¿Lo debía coger?
-¿Diga?- dije temiéndome lo peor.
-¿Abbie? ¿Donde estás eh? ¿Te parece bonito irte así, sin despedirte? ¡Y mi boda es dentro de dos meses!- la escuchaba gritar por la otra línea.
-Yo...- no sabía que decir.
-¡Tú nada! ¿No piensas en los demás? Nos hemos preocupado mucho por ti, ¡no te encontrábamos por ningún sitio, no cogías el móvil! Menos mal que Harry nos dijo donde estabas y por fin me lo cogiste.- colgué.
¿Harry? ¿Estaba Harry allí? Sólo de pensarlo tuve que colgar. Era verdad de que no había pensado en nadie, solo en mí y mi maldito ego. Apagué el móvil y me volví a acostar. 



Las semanas siguientes todo fue bien, mi afinidad con Erica y con las demás crecía. Había tenido algún que otro problemilla con Tiffany, pero sin importancia. Josh se había cortado un poquito conmigo, hablábamos, pero él estaba más tímido. El resto del equipo de Cheshire Jets al que habíamos entrado como cantera era genial. Eran más mayores que nosotras y con más experiencia y se aprendía bastante con ellas. Esta noche ya me tenía que ir a Malibú para la gran boda. Donna me llamaba todos los días para que no olvidara la boda, qué pesada. El tema de Harry no volvió a salir, y yo lo agradecía. Tenía que decirle a Davis que tenía que coger una semana al menos libre, para la boda y ver a mi familia, aunque no quería. El entrenamiento terminó, estaba completamente sudada, era pleno verano y allí dentro hacía una calor horrible. Cogí una toalla y me sequé un poco la frente. Fui al vestuario a cambiarme las zapatillas de deporte por unas chanclas de playa que dejaban libres mis pies y así se aireaban. Me senté en uno de los banquillos que tenían arriba la ducha. Me desaté las zapatillas, y no pude ver como Josh entraba.
-Buen entrenamiento el de hoy eh?- dijo sentándose en un banquillo que estaba cerca, haciendo que me sobresaltara.
-¿Eh? Ah, sí sí, todos son buenos con unas chicas tan increíbles.- dije mientras me desataba la otra. 
Levanté la cabeza para meter las zapatillas en la bolsa, pero, los labios de Josh se lanzaron a los míos. Él, se acercaba más a mí por si no lo estábamos lo bastante, mientras yo le intentaba apartar. Hasta que le tuve que dar una cachetada. 
-¡Josh! ¿Qué haces?- dije cogiendo el aire que me había faltado anteriormente.
-¡Creía que te gustaba!-dijo dando dos pasos atrás.
-¿Qué? ¿Por qué pensaste eso?- no cabía en mí de asombro.
-¡No lo sé! Simplemente lo creía...- puso su mano sobre la mejilla en la que le había golpeado.
-Anda, vamos a ponerte hielo...- me levanté y cogí mi bolsa, la mejilla se le comenzaba a inflamar.
-¡No! ¡No quiero verte nunca más! ¡Estás fuera de este maldito equipo!- se puso rojo como un tomate, furioso y se fue.
Me caí en redondo en el banco, ¿cómo? ¿había perdido mi trabajo por no dejarme besar por alguien al que no amaba? ¿Qué mundo es este? Era el mejor trabajo del mundo haciendo lo que más me gustaba. Josh me caía super-bien, y ahora, lo había estropeado todo robándome aquel beso. Salí corriendo del vestuario, salí y me dirigí a mi apartamento. Ya tenía todo listo para irme esta noche para llegar justo a tiempo a la boda. El cambio horario, y tal, cuando llegara allí serían las diez de la mañana, y la boda a las once y media, llegaría a lo justo. Me senté en uno de los restaurantes que había en el apartamento y pedí algo rápido, un sándwich sin huevo. Sin huevo, a la mente se me vino aquel momento en el que me desmayé y Harry me quiso hacer huevos fritos. Era tan adorable. Al recordarle, empecé a llorar, la gente me miraba extraña, a algunos les daba pena e intentaban consolarme, pero yo no los oía. 

viernes, 19 de julio de 2013

Capítulo XXXVII ~

Él me miró, desesperado y yo me encogí de hombros riéndome. La entrenadora Davis empezó a hablarle de miles de cosas, Erica se acercó a mí.
-¿Qué tal el apartamento? Abbie, ¿verdad?- me sonrió, la verdad es que hablamos muy poco.
-Sí, el apartamento es un desastre.- reí.
-El mío incluso tenía una cucaracha muerta.- las dos reímos. 
Al lado del edificio había una cafetería, cogimos una gran mesa y nos sentamos todos, así pude conocerlas mejor. Había una chica de Santa Mónica, se llamaba Johanna, me caía bien. También estaba Katherine, venía desde Colorado, poco habladora. Lynn era una chica de origen asiático, que se había criado en Oregon. Por lo general la gente de Asia suelen ser pequeñas, Lynn era todo lo contrario. Y por último, Tifanny, la más 'simpática' de todas, y lo digo con ironía, criada en San Francisco. Ya nos conocíamos todas, la entrenadora Davis no habló mucho. Solo dijo que nos daría el día para descansar. Terminamos de desayunar entre tanta cháchara y cada uno pagó lo suyo. Paseamos un poco, para familiarizarnos con Londres un poco, había millones de tiendas, y yo me tuve que fijar en una con un letrero en el que ponía 'KFC'. Mis piernas fallaban y mis rodillas cedían, inmediatamente me senté en una escalera de un edificio. Las demás siguieron, pero el único que notó mi ausencia fue Josh. 
-¿Qué pasa? ¿Te encuentras mal?- dijo sentándose a mi lado.
-No pasa nada, ve con ellas, ahora os doy alcance.- dije apoyando mi cabeza sobre mis manos.
-Da igual, seguro que no notan que nos hemos escabullido.- sonrió.- ¿Quieres quedarte aquí o qué quieres hacer?
'Quiero estar con Harry', pensé. Pero eso no era posible, él estaba a cuatro horas de distancia y enfadado conmigo, era una estupidez. Quería meterme debajo de las sábanas y dormir, dormir hasta que todo esto pasara y me olvidara de él. 
-Quiero dormir.- respondí al final.
-¿Más?- rió él.
Asentí con la cabeza, metiendo mis manos en los bolsillos. Me tendió la mano para ayudarme a levantarme, me agarré a ella. Josh era bajito, pero era bien fuerte. Caminamos hasta llegar al apartamento, Josh se fue al suyo y yo entré en el mío, la humareda de polvo se volvió a levantar. Fui a la que ahora sería mi cama y, con un trapo, quité todo el polvo que tenía encima. Sólo quería dormir, nada más. Mentira, quería a Harry, a mi lado, ahora mismo, dándome besos en la frente hasta que me durmiera, eso quería. En su lugar, vino Josh, no era precisamente lo que yo quería, pero la compañía era buena.
-¿Puedo acompañarte en tu siesta?- dijo asomando solo la cabeza.
Asentí con la cabeza y Josh levantó la sábana y se tumbó a mi lado. Él puso su brazo debajo de mi cabeza y yo me acurruqué en su pecho, ojalá fuera el de Harry. 
-¿Cuál es tu mayor sueño?- preguntó como si nada, mirando al techo.
-Mmm, lo estoy cumpliendo ahora mismo, estar aquí jugando para las Cheshire Jets. ¿Y el tuyo?
-Besarte.- me miró serio, y yo me quedé inmóvil. Noté como el color de mis mejillas subía y Josh no pudo contener más la risa, me di cuenta de que solo había sido una broma.
-No ha sido gracioso, Josh.- dije volviéndome al otro lado de la cama.
-No, pero como te has sonrojado sí.- dijo jugando con un mechón de mi pelo.

jueves, 18 de julio de 2013

Capítulo XXXVI ~

-Queridos pasajeros, abróchense los cinturones y no se muevan de sus asientos, estamos apunto de aterrizar. Gracias.- la melodía de la compañía comenzó a sonar.
Me desperecé sobre mi asiento, viendo que Josh también se había quedado dormido y el anuncio de la azafata lo había despertado. Miré su hombro, menos mal, estaba seco, aunque la camisa algo arrugada. Bajamos del avión, eran las nueve de la mañana. Cuatro horas durmiendo. Josh lanzó un tierno bostezo al aire. No pude evitar sonreír, era tan adorable. Cogimos nuestras maletas, y salimos del aeropuerto. El típico clima de Londres nos azotó en la cara. El aire frío y la humedad del ambiente era palpable. El cielo estaba nublado y parecía que en cualquier momento empezaría a llover.
-Igualito que en Malibú ¿eh?- dijo Josh mirando al cielo, haciendo que me riera.
-Igualito.- me limité a responder con una risilla tonta.- ¿Dónde vamos?
-Pues a tu apartamento, te ayudaré a instalarte.- me sonrió y sacó un mapa del bolsillo de su camisa. Pronto, con el dedo índice señaló entre unos edificios y comenzamos a andar. Volvió a insistir en que llevaba mis maletas. 
Pasaron largos minutos hasta que por fin nos encontramos delante del edificio, era como cualquier otro en aquellas calles frías de Londres. Subimos dos pisos y Josh introdujo la llave que tenía en la puerta número 211. Entramos y el polvo se levantó en el apartamento, provocando que comenzáramos a toser. 
-Qué buena impresión.- bromeé. Los ojos me empezaban a lagrimear de la suciedad del lugar, así que abrí una de las ventanas.
-Bueno, no hay que juzgar un libro por la portada.- me dijo con una sonrisa.
-Creo que eso lo he escuchado por ahí.- bromeé.
-¿Sí? Bueno, en la 209 está Erica, sé que os conocíais.- guardó el mapa en su bolsillo.- Bueno, me voy. Mi apartamento está dos pisos más arriba. Si me necesitas, llama al 407.
-Está bien.- Josh ya iba a cerrar la puerta.- ¿Te puedo preguntar que haces aquí?
-Ser tu preparador físico, supongo.- respondió como si fuera obvio, y lo era.
-Eso está claro, digo, en Londres. No sé, creía que solo te ocupabas de la parte de Malibú y ya está.- respondí sentándome en el sofá, haciendo que miles de motas de polvo alzaran el vuelo y me hicieran volver a toser.
-¿Te he comentado que mi padre es el presidente del club?- dijo pasando el dedo por el quicio de la puerta llenándoselo todo de polvo. 
-¿Eres un niñito de papá?- dije con los brazos cruzados riéndome.
-¿Qué? No, si fuera un niñito de papá estaría en un jacuzzi en algún otro lugar, quizá en Roma.
-¿Roma?
-¿Por qué no?- dijo riendo.- Bueno, me voy a deshacer mi maleta, ¿después nos vemos? ¿Para desayunar?
-¿Por qué no?- le sonreí y Josh se fue, dando un leve portazo.
Me levanté de aquel sucio sofá y fui a inspeccionar mi nuevo hogar. No había nada fuera de lo normal, todo era igual que aquel salón tan polvoriento. Hacía años que no se utilizaban aquellos apartamentos, seguro. Abrí el grifo, que no hubiera agua no me iba a sorprender, por suerte, el agua salió en un delicado chorro. La verdad que no olía muy bien y la tentación de darme una ducha se apoderaba de mí. Saqué de mi maleta una toalla y otra ropa y la puse de manera que quedara a mi alcance desde la ducha. Corrí la cortina de la ducha y abrí el grifo. Tardó unos minutos en ponerse caliente, pero, por fin comenzó a salir. Me di una ducha rápida que me quitó todas las marcas que el sueño me había dejado el avión. Cogí la toalla y comencé a secarme rápidamente y, de acuerdo con aquel clima, me puse esto: 
Cogí el secador e inmediatamente comencé a secarme el pelo. Después me puse el gorro e intenté calentarme las mano frotándolas, pues se me habían quedado entumecidas, menudo clima. Llamaron a la puerta, Josh. Abrí la puerta, al parecer él también había decidido cambiarse. Llevaba una sudadera de las Cheshire Jets y unos jeans. 
-Me gusta el mensaje de tu sudadera.- dijo apoyándose en el quicio de la puerta.
-Sí, así me tomo yo la vida.- reímos.- ¿Vamos?
Cerré mi puerta y comenzamos a andar por el pasillo hasta llegar a las escaleras, la entrenadora Davis bajaba a gran velocidad.
-Ya habéis llegado, ¿dónde vais?- dijo parándose en seco.
-A desayunar algo Charlotte.- dijo Josh amable.
-Buena idea Hutcherson, llamaré a las demás.- dijo llamando a todas las puertas de las demás.
-Pero Charlotte, íbamos a desayunar nosotros y...- ya era demasiado tarde, todas estaban fuera con los estómagos vacíos.