-¿Entras muy rápido en confianza no?- me di la vuelta y me quedé mirando la mesita de noche.
-Eso dicen, aunque no sé por qué.- rió levemente.
-¿Por qué? Nos conocemos de hace unos días y estás en mi cama.- dije riéndome.
-Tienes razón, que maleducado. Nos vemos mañana en el entrenamiento.- esta vez, el que se ruborizó fue él.
Se quitó la sábana y salió del apartamento. Mmmm, tranquilidad. Me acurruqué en las sábanas y cerré los ojos. Estaba apunto de dormirme cuando, el móvil comenzó a sonar. En la pantalla ponía en grande 'Donna'. Mierda, Donna, no me había despedido de ella ni de nadie al irme. ¿Lo debía coger?
-¿Diga?- dije temiéndome lo peor.
-¿Abbie? ¿Donde estás eh? ¿Te parece bonito irte así, sin despedirte? ¡Y mi boda es dentro de dos meses!- la escuchaba gritar por la otra línea.
-Yo...- no sabía que decir.
-¡Tú nada! ¿No piensas en los demás? Nos hemos preocupado mucho por ti, ¡no te encontrábamos por ningún sitio, no cogías el móvil! Menos mal que Harry nos dijo donde estabas y por fin me lo cogiste.- colgué.
¿Harry? ¿Estaba Harry allí? Sólo de pensarlo tuve que colgar. Era verdad de que no había pensado en nadie, solo en mí y mi maldito ego. Apagué el móvil y me volví a acostar.
Las semanas siguientes todo fue bien, mi afinidad con Erica y con las demás crecía. Había tenido algún que otro problemilla con Tiffany, pero sin importancia. Josh se había cortado un poquito conmigo, hablábamos, pero él estaba más tímido. El resto del equipo de Cheshire Jets al que habíamos entrado como cantera era genial. Eran más mayores que nosotras y con más experiencia y se aprendía bastante con ellas. Esta noche ya me tenía que ir a Malibú para la gran boda. Donna me llamaba todos los días para que no olvidara la boda, qué pesada. El tema de Harry no volvió a salir, y yo lo agradecía. Tenía que decirle a Davis que tenía que coger una semana al menos libre, para la boda y ver a mi familia, aunque no quería. El entrenamiento terminó, estaba completamente sudada, era pleno verano y allí dentro hacía una calor horrible. Cogí una toalla y me sequé un poco la frente. Fui al vestuario a cambiarme las zapatillas de deporte por unas chanclas de playa que dejaban libres mis pies y así se aireaban. Me senté en uno de los banquillos que tenían arriba la ducha. Me desaté las zapatillas, y no pude ver como Josh entraba.
-Buen entrenamiento el de hoy eh?- dijo sentándose en un banquillo que estaba cerca, haciendo que me sobresaltara.
-¿Eh? Ah, sí sí, todos son buenos con unas chicas tan increíbles.- dije mientras me desataba la otra.
Levanté la cabeza para meter las zapatillas en la bolsa, pero, los labios de Josh se lanzaron a los míos. Él, se acercaba más a mí por si no lo estábamos lo bastante, mientras yo le intentaba apartar. Hasta que le tuve que dar una cachetada.
-¡Josh! ¿Qué haces?- dije cogiendo el aire que me había faltado anteriormente.
-¡Creía que te gustaba!-dijo dando dos pasos atrás.
-¿Qué? ¿Por qué pensaste eso?- no cabía en mí de asombro.
-¡No lo sé! Simplemente lo creía...- puso su mano sobre la mejilla en la que le había golpeado.
-Anda, vamos a ponerte hielo...- me levanté y cogí mi bolsa, la mejilla se le comenzaba a inflamar.
-¡No! ¡No quiero verte nunca más! ¡Estás fuera de este maldito equipo!- se puso rojo como un tomate, furioso y se fue.
Me caí en redondo en el banco, ¿cómo? ¿había perdido mi trabajo por no dejarme besar por alguien al que no amaba? ¿Qué mundo es este? Era el mejor trabajo del mundo haciendo lo que más me gustaba. Josh me caía super-bien, y ahora, lo había estropeado todo robándome aquel beso. Salí corriendo del vestuario, salí y me dirigí a mi apartamento. Ya tenía todo listo para irme esta noche para llegar justo a tiempo a la boda. El cambio horario, y tal, cuando llegara allí serían las diez de la mañana, y la boda a las once y media, llegaría a lo justo. Me senté en uno de los restaurantes que había en el apartamento y pedí algo rápido, un sándwich sin huevo. Sin huevo, a la mente se me vino aquel momento en el que me desmayé y Harry me quiso hacer huevos fritos. Era tan adorable. Al recordarle, empecé a llorar, la gente me miraba extraña, a algunos les daba pena e intentaban consolarme, pero yo no los oía.
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