-¿Qué ha pasado, no has entrado?- dijo Valerie, cogiéndome de los hombros.
-Sí he entrado.- pude decir, y vi como enmarcaba una ceja.- Es... Es que tú no has entrado.- ¡Abbie Jones, porque le has dicho eso! Me resultaba imposible decirle que era por Harry, que había dicho que estaría bien no verme nunca más, así que fingí que me daba pena que no hubiera entrado. Aunque era estúpido, la que tenía que llorar era ella y yo consolarla. Vi como Valerie se dirigió corriendo al tablón, leyó los nombres y dos lágrimas corrieron por sus mejillas. Se las enjugó rápidamente, y resopló fuertemente. Yo estaba sentada en el suelo, llena en lágrimas por Harry mientras Valerie me intentaba consolar de algo que me preocupaba poco, la verdad, en este momento.
-No te preocupes, ve y cumple tu sueño, ¿de acuerdo? Yo estaré bien.- dijo Valerie con los ojos brillosos, yo asentí y vi a Erica entrar por la puerta. Me levanté y salí del pabellón para ir a un banco que había en frente. 'Ve y cumple tu sueño'. Eso haría, ¡pero mis cosas estaban en casa de Harry! Pero, antes, tenía que invitar a comer a Wallace, por alguna razón me había llevado todos mis ahorros conmigo. Me levanté decidida, metí las manos en los bolsillos de mis shorts con las palabras de Harry presentes en mi mente.
''Tu padre me advirtió que si salías con algún estúpido, incluido yo, no me dejaría verte nunca más, aunque eso estaría bien''. Mi padre, oh, que odio creció en mí hacia mi padre en ese momento. Después ese, incluido yo, ¿mi padre le había dicho estúpido? Y 'eso estaría bien', esas palabras resonaban por toda mi cabeza, yo estaba tan aturdida con aquello. Había sido el fin de toda nuestra 'relación', si se podía llamar así. Ya me había recorrido medio Malibú, cuando, por fin encontré a Wallace sentado en un banco dándole de comer a las palomas.
-Hola Wallace.- dije con la voz entrecortada de llorar.
-¿Qué tal Abbie? Pareces triste.- respondió con la misma dejadez de siempre.
-¿Recuerdas esa comida?- dije intentando sonreír.
-No tienes por qué.- dijo levantándose y soltando todo lo que le quedaba al suelo.
-Sí, vamos.- dije comenzando a andar. Quería deshacerme de todos mis dólares. En Londres me pagarían con libras y ahora tendría suficientes.- ¿Dónde quieres ir?
-¿Sabes ese restaurante italiano que hay en Birdview Ave?- preguntó.
-¿Il Nonno?
-Sí, ese. Siempre que paso por allí, la gente siempre pide un plato de lasaña, huele de maravilla.
-Pues vamos entonces.- sonreí como pude y, en veinticinco minutos, llegamos.
Nos atendieron rápido, Wallace pidió su lasaña y yo una pizza. El camarero tardó cerca de 45 minutos en servirnos la comida. Los ojos de Wallace al ver aquel plato solo para él se llenaron de estupor. Después me miró a mí y en sus ojos pude leer 'gracias', cogió uno de los tenedores de la mesa y empezó a comer con gran ansia. No pude evitar sonreír. La verdad, no tenía ganas ninguna de comer. Le di dos bocados a un trozo y la solté sin ganas. Wallace ya se había comido el gran plato de lasaña y se limpiaba la gran barba llena de tomate con una servilleta.
-¿La quieres?- le pregunté levantando un poco el plato. Él asintió con la cabeza.
Me terminé el trozo mordisqueado, y Wallace llamó al camarero para que le trajera una caja para guardarla. Yo, de paso, le pedí la cuenta. Yo enmarqué una ceja, por lo de la caja.
-Es para Shirley, seguro que le encanta, aunque Harry siempre la invitaba a comer. Hace tiempo que ya no lo hace.- ¿me estaba echando la culpa indirectamente?
-¿Crees que no lo sigue haciendo por mí?- dije levantando aún más las cejas.
-No digo eso, simplemente que Harry ha cambiado.- el camarero llegó con la caja en una mano, y con la cuenta en la otra. Sólo habían sido 24 dólares la comida en uno de los mejores restaurantes italianos de Malibú.
Me levanté para estirar las piernas mientras Wallace metía la pizza en la caja. Miré a mis lados, en la acera de en frente había un cartel en el que se podía leer: KFC. ¡Allí trabajaba Harry! Miré al escaparate, donde se veía a Harry mirando hacia mí, después lo vi avisar a un compañero de que salía. Saqué mi cartera y todo el dinero que había en ella, hice lo mismo que Wallace con aquella moneda.
-Para ti y Shirley, es todo lo que tengo.- cerré la palma de su mano, y vi a Harry en la puerta del establecimiento.
Mis piernas empezaron a moverse lo más rápido que podían, mis ojos comenzaron a llorar.
-¡Abbie, espera!- escuchaba detrás mía.
Pero no, ya no había vuelta atrás, mis piernas ya no sabían como parar.
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