jueves, 11 de julio de 2013

Capítulo XXXI ~

El resto de la semana la pasamos bien juntos, la amistad entre Harry y yo cada vez iba a más, tanto, que ya nos tratábamos como si fuéramos hermano, cosa que a la vez me gustaba y no me gustaba, porque claro, el amor que yo sentía por él no era el mismo que se siente por un hermano. Hasta que llegó el día de las pruebas de las Cheshire Jets, yo aún estaba metida en la cama, despierta. No quería salir, me mordía las uñas de los nervios e incluso me dolía la barriga.
-Arriba, hoy es el día.- Harry entró en mi cuarto y subió la persiana haciendo que toda la luz del sol me diera en la cara.
-¡Harry!- protesté haciéndole reír.- No quiero ir.- dije con tono de niña pequeña.
-Oh sí, vas a ir.- me hizo cosquillas para obligarme a moverme.- Te he dejado todo preparado en el baño, anda, levanta.- echó la sábana a un lado y me dio un empujoncito en la espalda. 
Me levanté refunfuñando, Harry se reía. Entré en el baño, mirandolo antes de cerrar la puerta y le saqué la lengua, acto seguido la cerré en un leve portazo. 
-Me lo agradecerás cuando estés en Londres.- escuché tras la puerta.
Ignoré el comentario, era demasiado pronto como para pensar en que me iban a elegir, primero había que concentrarse en hoy, en hacerlo a la perfección. Me di una ducha rápida de agua fría y cuando salí vi la ropa que me había dejado Harry. Era mi camiseta de Kevin Love, mi equipación favorita ¿cómo lo sabía? Nunca había hablado de eso con él. Me sonrojé un poco y me empecé a reír como una estúpida al ver que también me había dejado la ropa interior preparada. Me vestí rápidamente y me recogí el pelo en una cola bien alta y apretada. Cuando salí, Harry preparaba el desayuno. Ya estaba vestido, preparado para acompañarme.
-¿Quién te ha dado permiso para coger mi ropa interior?- dije sentándome en una de las sillas.
-Yo.- dijo con naturalidad.
Me empecé a reír, contagiándole mi risa. Total, ¿éramos como hermanos no?
El sonido del tostador me sobresaltó. Harry las cogió al vuelo y me las puso en el plato que tenía en frente, me encantaba cuando hacía eso.
-No me apetecen tostadas.- bromeé.
-Pues ahora te las vas a comer, ¿qué quieres ponerle?- preguntó abriendo uno de los pequeños armarios de la cocina.
-Mmmm.- miraba todos los tarros de cristal que había, hasta que al final, escondida, vi un tarro de Nutella.- ¡Nutella!
-¿Estás loca?- dijo sacándola del fondo a la vez que se reía.
-¿No ves el dibujito? Viene puesta en tostadas.- dije señalando el bote.
-Tienes razón, toma anda.- me dio el tarro y se sirvió un tazón de cereales bien grande. 
Yo untaba delicadamente la Nutella en la tostada, bajo la protectora mirada de Harry. Una vez que la terminé de untar, le di un bocado, estaba deliciosa, aunque me había llenado toda la comisura de los labios de Nutella.
-Mmmmmmm, riquísima.- me llevé los dedos pulgar e índice a la boca y hice el típico gesto de exquisito.
-¿Me dejas probar?- dijo abriendo la boca. Acerqué la tostada, y cuando iba a dar el bocado, la aparté y le di otro mordisco; dejando que diera un bocado al aire.- ¡Eh!- se quejó haciéndome reír. 
-Toma anda.- se la volví a acercar, pero esta vez, me sujetó de la muñeca para que no la moviera y le dio un bocado, haciéndome desear ser la maldita tostada.
-Otra vez vuelves a tener razón, está buenísima, me haré otra.- se levantó pero yo lo detuve.
-No hay tiempo para tostadas, nos tenemos que ir ya.- me apreté más la cola alta que llevaba y abrí la puerta.- ¡Vamos!- Harry miraba el tostador y después me miró con cara de cachorrito.- Venga, después comerás todas las que quieras.- salió por la puerta y cerró con llave, aún haciendo pucheritos.
Arrancó su moto y salimos disparados por la carretera, yo no llevaba casco y me asusté. A los diez minutos estábamos frente la puerta del pabellón.
-Harry, tengo miedo.- dije dando dos pasos atrás.
-No lo tengas, no va a ver nadie mirándote.- sonrió empujándome por la espalda. 
-Ese es el problema, quiero que estés en las gradas, para sentirme más... segura.- en esta semana, Harry se había ganado toda mi confianza. 
-¿Lo dices en serio?- Harry me miraba con los ojos abiertos.  
-Sí, por favor.- dije cogiéndole de las manos, para que no se fuera.
-Entonces, estaré ahí.- me sonrió y subió las escaleras para ir a las gradas.
Vi como subía las escaleras y desaparecía de mi vista. Di un gran suspiro, intentando darme valor a mí misma. Entré y había una gran cola de al menos dieciocho chicas para dar sus datos, la probabilidad de que yo entrara era imposible. Miré a las gradas, Harry me levantó un pulgar para decirme que todo iba bien. Dos chicas más adelante, había una que yo conocía bien ¡era Valerie!
-Pss, Thatcher, pss.- susurré. Ella miró a sus lados, después atrás y me vio.
-¡Abbie!- gritó en un murmuro.- Aquí voy yo eh.- le dijo a la que había detrás suya, que asintió con la cabeza. Se vino hacia a mí y me dio un gran abrazo, que yo le devolví.- Al final te decidiste eh?
-Bueno, me convenció él.- señalé a la grada.
-¿Harry? ¿Estáis saliendo?- preguntó con los ojos como platos.
-¿Qué? No, para nada. Sólo vivo con él y es un buen amigo, nada más.
-¿Qué vives con él? Buen ligue te has echado.- dijo dándome un codazo. 
-No es mi novio Valerie...- repetí, pero sabía que no valdría de nada.
-Bueno, lo que tú digas, vuelvo a mi sitio. Suerte.- me sonrió y volvió a su posición de la fila. 


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