viernes, 5 de julio de 2013

Capítulo XXV ~

Cogí un autobús y me fui a casa de Harry. Como Harry me dijo, busqué las llaves en el macetero que había en la puerta. Abrí la puerta y las dejé colgadas en el estante que tenía. Suspiré profundamente, estaba viviendo con Harry... No pude evitar la tentación de entrar en su cuarto. Tenía toda su ropa sucia regada por el suelo, y su perfume bailaba feliz por mi nariz. La verdad, estaba todo hecho un asco, así que, como agradecimiento, arreglaría su cuarto. 
Me llevó una hora así, más o menos. Lo único que me quedaba hacer era poner en la lavadora el último cesto de ropa sucia. Salí de su cuarto, con aquel cesto en las manos, cuando Harry entró.
-¿Qué estás haciendo?- preguntó ya con esa sonrisita en la cara.
-Un agradecimiento.- respondí yendo hacia la lavadora. Metí la ropa y empecé a tender la ropa limpia.
-¿Cómo? Te dije que no hacía falta, Abbie.- dijo con un tono encantador.
-Entra en tu cuarto, sí que hacía falta.- comencé a reír.
Dejó el casco, en la mesa y sonriente, se fue a su cuarto. Apoyó la mano en el quicio de la puerta y abrió la boca de par en par.
-¡Abbie!-era un grito alegre, cosa que me encantó.- ¡Está limpísimo! ¡Muchísimas gracias!- me dio un abrazo, que me hizo sentir en otro mundo. Estaba anonada por su perfume, cuando al fin pude reaccionar y devolverle el abrazo.
-No me des las gracias, simplemente te agradecía que me dejaras quedarme aquí, así estamos en paz.- sonreí, ya estábamos apartados uno de otro. No me gustaba deber cosas a la gente, y menos a él.- Harry...- le tenía que contar que mañana teníamos visita.
-¿Sí?- dijo pasando un dedo por la repisa de encima de su cama, limpia, ni una mota de polvo. Impresionado me enseñó el dedo, y yo hice un gesto con la mano quitándole importancia.
-Mañana tenemos visita.- tenía esa frase atravesada en la garganta. Él frunció el ceño, también estaba muy guapo cuando lo hacía.- Mi padre quiere conocerte, hablará contigo y se irá.- se volvió con los brazos cruzados, aún con el ceño fruncido.
-¿Tenemos una relación seria o algo parecido?- relajó el ceño y empezó a reírse.
-¡No!- hice otro gesto para quitarle importancia.- Simplemente quiere conocer a mi casero.-agaché la vista.
-Bueno, ya es un paso. De un desconocido, al primo de Louis, y de primo de Louis, a tu casero.- levanté la vista y lo tenía a unos escasos milímetros. Me quedé sin respiración. Ninguno de los dos hablaba, él solo me miraba a los ojos, con esa sonrisa angelical. Me retiré al segundo. 
-¿Trabajas mañana?- pregunté para sacar un tema.
-Sí, pero no te preocupes, diré que no puedo ir.- se sentó en el sofá y con el mando encendió la TV.
Me sentía como si estuviéramos casados, era una sensación extraña pero reconfortable, saber que está ahí.
-Entonces genial.- sonreí para mis adentros y me senté en el sillón de al lado.
-Ese sillón es muy incómodo, ven aquí.- me hice un gesto para que me levantara, pero yo no me movía.- No muerdo.- sonrió y me hizo el mismo gesto.
Me levanté engatusada por aquella sonrisa y me senté a su lado, rígida como un palo. Hasta que, no sé sin querer o queriendo, Harry puso una mano sobre mi pierna, lo cual fue como un tranquilizante. 
-¿Qué vemos?- pregunté para tranquilizarme un poco.
-Un documental, es sobre los delfines. ¿No te gustan?- preguntó.
-¿Los delfines? Sí, son muy adorables, pero ¿un documental?- pregunté enmarcando una ceja. Harry empezó a reír, y a mi se me contagió la risa. 
-Pues adiós documental.- apuntó con el mando a la TV y la apagó.- ¿Qué edad tienes?- se giró para mirarme de cara.
-¿Cómo?- ¿a qué venía esa pregunta.
-Que qué edad tienes, si vamos a vivir juntos y me vas a presentar a tu padre.- le di un empujoncito en el hombro.- Que menos que conocernos mejor.- se encogió de hombros.
-Veinte, ¿y tú?
-¿Veinte? Si aún eres una niña.- me revolvió los pelos y no sé cómo, acabé acurrucada en su costado. Nos quedamos un rato en silencio, él jugaba con mi pelo delicadamente y yo me estaba quedando dormida.- Veintitrés.
-¿Cómo?- dije despertándome.
-Qué tengo 23 años.- dijo serio, tanto que me asusté.
-No hay tanta diferencia bobo.- sonreí y me di el permiso para volver a acurrucarme.
-¿Padres?- ignoró mi comentario y me siguió preguntando.
-¿Mis padres? Están bien.-contesté dando un tierno bostezo.
-¿Divorciados?- preguntó.
-No, juntos y felices.-sonreí, aunque él no pudo verme.-¿Y los tuyos?
-Mis padres fallecieron cuando yo apenas tenía tres años.- se quedó con la mirada fija en el suelo.- Así que me mandaron a Malibú y me crié con mi tía y con Louis.
-Lo.. siento mucho Harry, no lo sabía.- me acurruqué más a él, y él me rodeó con sus brazos.
-No pasa nada, ya lo tengo más que asumido. ¿Qué pasó con el estúpido?- noté como me miraba aunque yo a él no.
-¿Quieres seguir con las preguntitas?- levanté la cabeza y él asintió. Suspiré profundamente.- No hablé con él después de la fiesta, pero si se la estaba montando con otra, no hay nada más que hablar ¿no?- me encogí de hombros. Entonces aquella pregunta que rondaba mi cabeza desde tanto tiempo, salió de mi boca.-¿Y tú tienes novia?
-No.- respondió con total naturalidad.- La últia fue hace ocho meses, ya la tengo superada.- movió la mano hacia atrás, como diciendo que era tema del pasado.
-¿Te dejó ella a ti?- me aparté de él y me puse de frente. Él asintió.- ¿Por qué? Sí tú eres perfecto.- él me miró a los ojos, y yo me puse roja roja, como una lata de Coca Cola. Evitando escapar de aquellos ojos.
-Para ella no, decía que necesitaba más.- fruncí el ceño e inmediatamente lo relajé. La situación se volvió incómoda, ya que un silencio inmenso invadía toda la casa.- Tú.
-¿Qué dices?- giré la cabeza sin entender a que se refería.
-Antes me dijiste bobo, boba tú.- comenzó a reírse.
-Más lo eres tú.- le seguí el juego, haciendo como la que estaba enfadada.
-Tú.
-Tú.
-Tú
-Tú
-Tú
Me tocaba a mí decir 'tú', pero para cuando lo iba a hacer, Harry me sostuvo la cara y se lanzó a mis labios. Mis labios empezaron a chispear, de tal deseo que los cubría. No reaccionaba, Harry movía sus labios sobre los míos, pero yo los mantenía cerrados. Hasta que por fin reaccioné y no me pude contener más. Lo agarré del cuello de la camiseta que llevaba y abrí mis labios de un golpe, de manera que su lengua y la mía, por fin se encontraron. A los minutos que nuestras lenguas bailaban al mismo son, me di cuenta de lo que estaba haciendo. Me aparté de él bruscamente, haciendo que Harry por poco se cayera del sofá. 

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