Él me miró, desesperado y yo me encogí de hombros riéndome. La entrenadora Davis empezó a hablarle de miles de cosas, Erica se acercó a mí.
-¿Qué tal el apartamento? Abbie, ¿verdad?- me sonrió, la verdad es que hablamos muy poco.
-Sí, el apartamento es un desastre.- reí.
-El mío incluso tenía una cucaracha muerta.- las dos reímos.
Al lado del edificio había una cafetería, cogimos una gran mesa y nos sentamos todos, así pude conocerlas mejor. Había una chica de Santa Mónica, se llamaba Johanna, me caía bien. También estaba Katherine, venía desde Colorado, poco habladora. Lynn era una chica de origen asiático, que se había criado en Oregon. Por lo general la gente de Asia suelen ser pequeñas, Lynn era todo lo contrario. Y por último, Tifanny, la más 'simpática' de todas, y lo digo con ironía, criada en San Francisco. Ya nos conocíamos todas, la entrenadora Davis no habló mucho. Solo dijo que nos daría el día para descansar. Terminamos de desayunar entre tanta cháchara y cada uno pagó lo suyo. Paseamos un poco, para familiarizarnos con Londres un poco, había millones de tiendas, y yo me tuve que fijar en una con un letrero en el que ponía 'KFC'. Mis piernas fallaban y mis rodillas cedían, inmediatamente me senté en una escalera de un edificio. Las demás siguieron, pero el único que notó mi ausencia fue Josh.
-¿Qué pasa? ¿Te encuentras mal?- dijo sentándose a mi lado.
-No pasa nada, ve con ellas, ahora os doy alcance.- dije apoyando mi cabeza sobre mis manos.
-Da igual, seguro que no notan que nos hemos escabullido.- sonrió.- ¿Quieres quedarte aquí o qué quieres hacer?
'Quiero estar con Harry', pensé. Pero eso no era posible, él estaba a cuatro horas de distancia y enfadado conmigo, era una estupidez. Quería meterme debajo de las sábanas y dormir, dormir hasta que todo esto pasara y me olvidara de él.
-Quiero dormir.- respondí al final.
-¿Más?- rió él.
Asentí con la cabeza, metiendo mis manos en los bolsillos. Me tendió la mano para ayudarme a levantarme, me agarré a ella. Josh era bajito, pero era bien fuerte. Caminamos hasta llegar al apartamento, Josh se fue al suyo y yo entré en el mío, la humareda de polvo se volvió a levantar. Fui a la que ahora sería mi cama y, con un trapo, quité todo el polvo que tenía encima. Sólo quería dormir, nada más. Mentira, quería a Harry, a mi lado, ahora mismo, dándome besos en la frente hasta que me durmiera, eso quería. En su lugar, vino Josh, no era precisamente lo que yo quería, pero la compañía era buena.
-¿Puedo acompañarte en tu siesta?- dijo asomando solo la cabeza.
Asentí con la cabeza y Josh levantó la sábana y se tumbó a mi lado. Él puso su brazo debajo de mi cabeza y yo me acurruqué en su pecho, ojalá fuera el de Harry.
-¿Cuál es tu mayor sueño?- preguntó como si nada, mirando al techo.
-Mmm, lo estoy cumpliendo ahora mismo, estar aquí jugando para las Cheshire Jets. ¿Y el tuyo?
-Besarte.- me miró serio, y yo me quedé inmóvil. Noté como el color de mis mejillas subía y Josh no pudo contener más la risa, me di cuenta de que solo había sido una broma.
-No ha sido gracioso, Josh.- dije volviéndome al otro lado de la cama.
-No, pero como te has sonrojado sí.- dijo jugando con un mechón de mi pelo.
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