Caminaba contemplando su rostro sonriente, esas cuatro horas sin él habían sido horribles. Él notó que le estaba mirando y hizo lo mismo que yo, comenzando así un duelo de miradas. Me tuve que rendir y mirar a otro lado, sino, iba a acabar plantándole un beso y eso no quería que sucediera.
-Perdiste.- dijo Harry con tono victorioso.
-Lo sé.- contesté mirando mis pies.
-Me ha parecido muy bonito.- dijo Harry sacándome de mis pensamientos, enmarqué una ceja interrogativa.- Lo de Wallace.
-Bonito fue lo que hizo él, me dio una moneda para llamarte a pesar de nada más tener esa. Lo que he hecho yo no es nada, tengo ahorros...- Mierda, mis ahorros solo eran 120 dólares, ya que Harry me había estado manteniendo estos días. Malditas gafas.- Bueno, ¿se puede saber de que habéis estado hablando?
-¿Eh?- me estaba mirando, pero no escuchando.
-Qué de que habéis hablado, ¿me escuchas cuando te hablo?- me acurruqué más a él, el cuerpo me lo pedía.
-Es alto secreto.- dijo con una sonrisa.
-¿Alto secreto eh?- no insistí más, si no me lo quería contar por algo sería.
Al cabo de los minutos, por fin llegamos a casa. Harry abrió con sus llaves, teniéndose que apartar de a mí. Un escalofrío recorrió toda mi espalda al no notar el calor de su piel. Seguí a Harry hacia el interior y me tumbé en el sofá, alegre y contenta de volver estar allí, en casa. Harry encendió la TV y yo empecé a pasar canales, hasta que llegamos a uno de deportes.
-Déjalo, quiero verlo.- dijo Harry poniendo una mano sobre la mía que pasaba los canales.
Me quedé inmóvil, Harry no quitaba la mano, ni yo tampoco. Me quedé mirando sus inmensos ojos verdes, que atractivo era por dios. La voz de Kurt me interrumpió, ¿la de Kurt?
-Sí, es todo un honor jugar con este equipo tan maravilloso.- Kurt había conseguido entrar en el equipo de Los Ángeles y lo estaban entrevistando como nuevo fichaje que era. Verle a través de una pantalla me dio una punzada al corazón, quisiera o no, era un año y medio lo que había pasado con él y le tenía un aprecio muy grande.
-Mejor cambia.- dijo Harry intentando alcanzar los botones que había debajo de mi mano.
-No.- solo tenía ojos para la pantalla de la TV.
-Quería mandarle un saludo a mi novia, que hace días que no la veo al tener que trasladarme aquí.- le dijo al presentador Kurt.- Besos Noe, te quiero mucho mi amor.- y mandó un beso al aire.
Harry se levantó y apagó la TV, yo me quedé inmóvil, como una piedra.
-Es hora de que te vayas a la ducha.- dijo Harry.
Yo no reaccionaba, todos mis músculos habían parado de funcionar. Lo único que se movió en mí fueron dos lágrimas corriendo por mis mejillas. El gran aprecio que tenía por Kurt en mi corazón se partió en mil pedacitos. No se merecía que derramara mis lágrimas por él, pero no podía evitarlo.
-No, no llores por ese desgraciado.- Harry se sentó a mi lado y, con su pulgar, recogió las dos lágrimas que corrían por mis mejillas.
-Tienes razón.- intenté sonreír, con los ojos rojos de aguantar las lágrimas, pero no pude más y empecé a llorar.
-Tranquila, estoy aquí para evitar que tíos como ese se crucen en tu camino.- Harry me llevó contra su hombro, tenía vergüenza a mojárselo de tantas lágrimas, pero no podía contenerlas más. Pasó un gran rato hasta que hubo silencio total.- Vamos, métete en la ducha que te aliviará.
-No quiero.- dije aún entre sollozos.
-Sí.- Harry se levantó cogiéndome de la mano para levantarme.
-Que no.- dije secándome las lágrimas con un pañuelo.
-Tú te lo has buscado.- Harry me cogió como un saco de patatas. Yo me dejé llevar, no era tan malo tener la cara frente el culo de Harry.- Anda, ahora a darte una buena ducha fresquita o calentita, lo que te apetezca.- Harry cerró la puerta y me dejó en el baño sola.
Abrí el grifo para esperar que el agua se volviera caliente y me empecé a desnudar. Me di una larga ducha, no quería salir de allí ahora que estaba tan a gusto. Pasaron como unos quince minutos.
-¡Abbie! ¿Te has caído o algo?- preguntó Harry desde fuera.
-¡No! Es que no quiero salir.- dije con tono de niña pequeña.
-¿Me vas a hacer ir dentro y sacarte otra vez como un saco de patatas?- dijo en tono desafiante y a la vez divertido.
-Está bien, está bien. Pero tráeme un albornoz o una toalla al menos.
Abrió la puerta y corrió la cortina un poco, el hueco de su mano para darme el albornoz. Cerré el grifo y me coloqué el albornoz. Salí y él estaba allí esperándome.
-¿Mejor?- preguntó con los brazos cruzados.
-Sí, gracias.- respondí revolviendo mi melena para a ver si así se secaba un poco.
Harry me miraba de arriba abajo, me comenzaba a intimidar su mirada. Yo intentaba evitar mirarle a los ojos, porque si no, sería mi perdición. Cogí mi cepillo de encima del lavabo y comencé a cepillar mi melena, para hacer tiempo y que Harry se fuera. Terminé y Harry seguía allí, esperando a no sé qué.
-Harry, sé andar por mi misma, no me hace falta que me lleves a borricate a todos sitios.- bromeé haciendo un movimiento de caderas para echarlo a un lado.
-Oh sí, perdona, me voy a duchar yo ahora.- esperó a que saliera y cerró la puerta.- Estúpido, no puedes, no puedes.- escuché detrás de la puerta. ¿Estaba hablando de él mismo?
Me puse mi pijama, comprobando que la puerta del baño estuviera bien cerrada. Me acurruqué en la cama y me tapé con la sábana. A los pocos minutos, yo todavía no me había dormido cuando Harry acababa de salir de la ducha. Mi habitación estaba en frente de la del baño, y yo tenía mi puerta abierta. Entrecerré los ojos para que no viera que aún estaba despierta. Lo cubría una toalla desde la cintura hasta las rodillas, dejando de nuevo su perfecto abdomen al descubierto. Sus pelos carecían de volumen mojados, me hizo gracia verle así. Vi como se asomó a mi puerta, y cerré los ojos completamente, dejándole todo el trabajo a mis oídos y olfato. El olor a desodorante AXE penetraba por mi nariz haciendo que mis vellos se pusieran de punta. Noté su respiración abofeteando mi mejilla, después noté sus cálidos y carnosos labios sobre la misma haciendo que me sonrojara levemente.
-Qué descanses amor.- noté como cogió la sábana y me tapó mejor. Sus pasos se alejaban de mí, y después oí como la puerta de roble se cerraba y me dejaba en la más inmensa oscuridad.
Me tumbé boca-arriba abriendo los ojos y solté un suspiro bajito para que nadie me oyera. Amor, me había dicho amor creyendo que estaba dormida. Esa palabra bailaba por mi cabeza, de un lado a otro, recorriéndola de extremo a extremo. Ahora podía dormir tranquila y a gusto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario