martes, 2 de julio de 2013

Capítulo XXIII ~

-Vamos, no te resistas más.- Harry me besaba el cuello, haciendo que toda mi  piel se erizara.
-Harry no, estás borracho.- lo intentaba apartar pero era misión imposible.
-¿Y qué más da?- ahora iba por la mejilla.
-Harry no.
-Vamos Abbie...- iba a pasar a mis labios, cuando le di una cachetada en todo su moflete.
Él se apartó con la mano en la mejilla, quejándose del dolor. Yo estaba mirándolo, no daba crédito a mis ojos. ¿Qué acababa de hacer? En ese momento, escupió sangre. Mientras se masajeaba la mejilla.
-Oh dios.- me llevé las manos a la boca. Era un monstruo. 
Él no podía hablar, la mejilla empezaba a inflamarsele. Corrí a la cocina y del congelador saqué unos tacos de hielo. Los enrollé en un papel y se los llevé corriendo. Él lo cogió sin pensárselo y se lo puso en el moflete. Levantó la vista y me miró con asco. Era superior a mis fuerzas, dos lágrimas corrieron por mis mejillas, pero no lo iba a dejar con la boca sangrándole. Lo agarré de la espalda y poco a poco lo llevé al baño. Abrió el grifo lentamente y empezó a enjuagarse la boca. Escupía más y más sangre, veía como cerraba los ojos cada vez que escupía. No sabía si era por el dolor o porque no quería verla. Me di cuenta de que era lo segundo, porque cuanto más sangre escupía, más blanco se ponía. A veces tambaleaba incluso. 
-Abbie.- estaba tambaleando sobre uno de sus pies.
-¿Sí?- estaba detrás suya, sujetándole. 
-Llévame a mi cama, no me sostengo más de pie.- entonces comenzó a vomitar debido a la fatiga que le causaba ver sangre.
-No te preocupes, estoy aquí, contigo.- le sujetaba la frente y sus preciosos y perfectos rizos. Momento del que me hubiera gustado disfrutar si no etsuviera vomitando. 
Se enjuagó una vez más la boca y lo llevé a su cuarto. Las paredes eran de un verde agua precioso. Tenía las puertas del armario de par en par y la ropa sucia tirada por el suelo. Lo ayudé a tumbarse en la cama, y empezó a sudar. Encendí el ventilador, para ver si así se le pasaban esos sudores. Iba a ir a por un vaso de agua, cuando noté que me agarraba de la muñeca.
-Abbie.
-Dime.- me senté a su lado, acariciándole la mano.
-Tengo mucha calor, ¿me podrías quitar la ropa? No tengo fuerzas.- estaba blanco y sudaba mucho, no se estaba aprovechando de la situación.
Lo incorporé un poco y le saqué la camiseta. A la luz de la lámpara del techo, pude contemplar cada uno de sus abdominales. ¿Hacia pesas o era así de naturaleza? Su torso estaba sudado también. Lo volví a tumbar y le bajé la bragueta del pantalón delicadamente. Él tenía los ojos cerrados, se estaba quedando dormido. Para mí era una situación bastante incómoda y que tuviera los ojos cerrados me ayudaba a pasar menos vergüenza. Le saqué los pantalones con cuidado de no hacer que se moviera más. Y allí estaba, tumbado en su cama, sudado y en boxes. Agradecí que no llevara puesto un slip, sería más incómodo. Me iba a levantar, cuando volví a escuchar el hilo de voz de Harry. 
-¿Podrías dormir conmigo?- abrió los ojos un poco, intentando sonreír, pero tuvo que dejar de hacerlo de inmediato por el dolor de su mejilla.
Me quedé mirándole, estaba allí, tan vulnerable que me era imposible pensar en dejarle dormir solo. Fui a mi habitación sin darle respuesta alguna y me puse mi pijama. Me quedé en el umbral de la puerta de su habitación. Él contemplaba el techo con sus ojos verdes sin brillo debido a la cantidad de sangre que había salido de su cuerpo. Al notar una presencia más allí, giró la cabeza y me miró. Entonces vi como sonreía levemente.
-Hazme un sitio.- me tumbé en la cama, y me puse de lado, dándole la espalda a Harry.
-Gracias.- escuché la voz de un niño. Me giré para ver si era él, ya que el tono era demasiado agudo, enmarqué una ceja.- Por ayudarme, a pesar de haber sido tan estúpido. Yo me hubiera largado.
-No pasa nada.- le sonreí y me di el lujo de acariciar su mejilla.- Buenas noches.
-Buenas noches.- esta vez, su tono era más masculino y viril e hizo que me estremeciera. 
Me puse en la misma posición que antes, suspiré y cerré los ojos. Harry se puso de lado hacia a mí y me pasó un brazo por la cintura, teniéndome entre sus brazos. No dije nada, y me pegué mi espalda más a él. De manera que empecé a notar su torso desnudo en mi espalda, cosa que me reconfortó. Incluso estiré más su brazo para que llegara su mano a la cama, para me tuviera completamente agarrada. Él tampoco dijo nada. A los pocos segundos, su olor a perfume de hombre me adormeció por completo. 

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