Me desperecé sobre mi asiento, viendo que Josh también se había quedado dormido y el anuncio de la azafata lo había despertado. Miré su hombro, menos mal, estaba seco, aunque la camisa algo arrugada. Bajamos del avión, eran las nueve de la mañana. Cuatro horas durmiendo. Josh lanzó un tierno bostezo al aire. No pude evitar sonreír, era tan adorable. Cogimos nuestras maletas, y salimos del aeropuerto. El típico clima de Londres nos azotó en la cara. El aire frío y la humedad del ambiente era palpable. El cielo estaba nublado y parecía que en cualquier momento empezaría a llover.
-Igualito que en Malibú ¿eh?- dijo Josh mirando al cielo, haciendo que me riera.
-Igualito.- me limité a responder con una risilla tonta.- ¿Dónde vamos?
-Pues a tu apartamento, te ayudaré a instalarte.- me sonrió y sacó un mapa del bolsillo de su camisa. Pronto, con el dedo índice señaló entre unos edificios y comenzamos a andar. Volvió a insistir en que llevaba mis maletas.
Pasaron largos minutos hasta que por fin nos encontramos delante del edificio, era como cualquier otro en aquellas calles frías de Londres. Subimos dos pisos y Josh introdujo la llave que tenía en la puerta número 211. Entramos y el polvo se levantó en el apartamento, provocando que comenzáramos a toser.
-Qué buena impresión.- bromeé. Los ojos me empezaban a lagrimear de la suciedad del lugar, así que abrí una de las ventanas.
-Bueno, no hay que juzgar un libro por la portada.- me dijo con una sonrisa.
-Creo que eso lo he escuchado por ahí.- bromeé.
-¿Sí? Bueno, en la 209 está Erica, sé que os conocíais.- guardó el mapa en su bolsillo.- Bueno, me voy. Mi apartamento está dos pisos más arriba. Si me necesitas, llama al 407.
-Está bien.- Josh ya iba a cerrar la puerta.- ¿Te puedo preguntar que haces aquí?
-Ser tu preparador físico, supongo.- respondió como si fuera obvio, y lo era.
-Eso está claro, digo, en Londres. No sé, creía que solo te ocupabas de la parte de Malibú y ya está.- respondí sentándome en el sofá, haciendo que miles de motas de polvo alzaran el vuelo y me hicieran volver a toser.
-¿Te he comentado que mi padre es el presidente del club?- dijo pasando el dedo por el quicio de la puerta llenándoselo todo de polvo.
-¿Eres un niñito de papá?- dije con los brazos cruzados riéndome.
-¿Qué? No, si fuera un niñito de papá estaría en un jacuzzi en algún otro lugar, quizá en Roma.
-¿Roma?
-¿Por qué no?- dijo riendo.- Bueno, me voy a deshacer mi maleta, ¿después nos vemos? ¿Para desayunar?
-¿Por qué no?- le sonreí y Josh se fue, dando un leve portazo.
Me levanté de aquel sucio sofá y fui a inspeccionar mi nuevo hogar. No había nada fuera de lo normal, todo era igual que aquel salón tan polvoriento. Hacía años que no se utilizaban aquellos apartamentos, seguro. Abrí el grifo, que no hubiera agua no me iba a sorprender, por suerte, el agua salió en un delicado chorro. La verdad que no olía muy bien y la tentación de darme una ducha se apoderaba de mí. Saqué de mi maleta una toalla y otra ropa y la puse de manera que quedara a mi alcance desde la ducha. Corrí la cortina de la ducha y abrí el grifo. Tardó unos minutos en ponerse caliente, pero, por fin comenzó a salir. Me di una ducha rápida que me quitó todas las marcas que el sueño me había dejado el avión. Cogí la toalla y comencé a secarme rápidamente y, de acuerdo con aquel clima, me puse esto:
Cogí el secador e inmediatamente comencé a secarme el pelo. Después me puse el gorro e intenté calentarme las mano frotándolas, pues se me habían quedado entumecidas, menudo clima. Llamaron a la puerta, Josh. Abrí la puerta, al parecer él también había decidido cambiarse. Llevaba una sudadera de las Cheshire Jets y unos jeans.
-Me gusta el mensaje de tu sudadera.- dijo apoyándose en el quicio de la puerta.
-Sí, así me tomo yo la vida.- reímos.- ¿Vamos?
Cerré mi puerta y comenzamos a andar por el pasillo hasta llegar a las escaleras, la entrenadora Davis bajaba a gran velocidad.
-Ya habéis llegado, ¿dónde vais?- dijo parándose en seco.
-A desayunar algo Charlotte.- dijo Josh amable.
-Buena idea Hutcherson, llamaré a las demás.- dijo llamando a todas las puertas de las demás.
-Pero Charlotte, íbamos a desayunar nosotros y...- ya era demasiado tarde, todas estaban fuera con los estómagos vacíos.
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