lunes, 29 de julio de 2013

Capítulo XLI ~

¿Cómo? ¿Donna estaba aquí? Corrí fuera y allí estaba ella, con su vestido de novia mordiéndose sus uñas postizas. Me sorprendió verla con su vestido, no la había visto antes, estaba tan guapa. 
-¡Donna!- corrí a abrazarla, con miedo de que alguien me raptara de nuevo.
-¡Abbie!- me abrazó como pudo entre tanto vuelo del vestido.- ¿Como estás?- dijo mirando mi boca en carne viva.
-¡Tu boda!- ignoré su pregunta.
-Lo sé, lo sé, vamos, aún tenemos que prepararte el maquillaje.- me cogió del brazo y me subió a un coche.
-Harry.- dije con un hilo de voz.
-No te preocupes, Lou vendrá a recogerlo.- el chófer de la limusina que había encargado Donna para su boda nos esperaba, aparecería en la iglesia en la limusina.
Entramos en la limusina, y una parte de mis primas, las demás damas de honor, se abalanzaron sobre mí. Todas me decían que habían pasado mucho miedo por mí, pero no se hacían a la idea de lo que había pasado yo. Rápidamente, mi prima más mayor, Rose, apartó a las demás y empezó a maquillarme, otras me empezaron a peinar el pelo. Por lo visto había un enchufe en la limusina y me hicieron incluso tirabuzones. El trabajo de mi prima con el maquillaje me sorprendió, hizo que no se notara nada la irritación de mi piel debido a la cinta. Todas llevaban mi mismo vestido, cosa que me molestaba bastante de ser dama de honor. Todas se apartaron para ver su trabajo.
-¡Espléndida!- dijo al fin mi hermana.
-A la que le queda mejor el vestido es a ti, Abbie.- dijo una de mis primas.
-Tonterías, es el mismo vestido. Además, el mío está arrugado y estropeado.- dijo haciendo un ademán con la mano.
-Estás muy guapa.- dijo mi prima Madeleine, la más pequeña, de ocho años.
-Gracias, Madeleine, tú también.- le di un beso en la mejilla, era la definición de adorable en persona. 
Por fin llegamos a la iglesia, un hombre fuerte esperaba en la gran portada para abrirla y que fuéramos entrando. Mi padre, nerviosa, esperaba a Donna al lado del musculoso hombre, dando vueltas de un lado a otro. Ella llevaría a Donna al altar. Cuando vio la limusina, se lanzó a ella. Mis primas fueron saliendo y yo ayudé a Madeleine a bajar. Mi `padre me empezó a besuquear la cara, haciendo que el maquillaje se estropeara.
-¡Para, mi maquillaje!- dije entre risas, el enfado por lo que le dijo a Harry se me había pasado, lo había añorado mucho. 
-Lo siento, lo siento.- dijo y se apartó de mí. 
Desenlacé la mano de Madeleine y ayudé a Donna a bajar de la limusina. Mi padre empezó a llorar de la emoción al verla con el vestido y el velo, aunque ya la había visto antes. Le tendió el brazo y Donna se agarró a él, intentando no llorar. Era un momento muy emotivo en el que mis primas también empezaron a llorar, las únicas allí emocionalmente estables éramos Madeleine y yo. Nos pusimos en una fila que quedaba preciosa. Madeleine iba en cabeza con una cestita de flores. Las otras seis damas de honor iban de tres en tres, después iba Donna y mi padre, y detrás, sujetando su gran cola para que no la arrastrase, Rose y yo. Donna le asintió con la cabeza al fortachón, que abrió las puertas la iglesia, haciendo que todo el mundo se girara, incluido Louis que la esperaba en el altar. Al ver a Madeleine, en toda iglesia sonó un 'Oh' unísono, estaba realmente adorable. Ella tiraba las florecillas de su cesta por el suelo, más feliz que nadie en el mundo. Cuando por fin pude ver algo detrás de Donna, vi a Harry al lado de Louis, me sonrojé por algún motivo y miré a otro lado.
-¿Quién es ese?- dijo Rose en un susurro.
-¿Eh?- dije como si no supiera a qué se refería.
-Ese de ahí.- dijo señalándolo disimuladamente con un movimiento de cabeza.
-El primo de Louis.- respondí lo más serena que pude.
-¿Solo?- volvió a preguntar, divertida.
-No lo sé.- se me escapó una sonrisilla de estúpida, pero era la verdad, no sabía si era algo más. Para mí claro que era algo más, pero no se si lo podía llamar 'mi novio'. 
No hablamos más hasta que llegamos al altar. Con cuidado, dejamos caer la larga cola del vestido en el suelo y nos pusimos a un lado. Madeleine ya había vaciado su cestita y se había colocado a mi lado. El cura dio una interminable y eterna ceremonia sobre el matrimonio en la que solo pude intercambiar alguna que otra mirada con Harry. Hasta que por fin hizo las dos preguntas que tanto estábamos esperando todos.
-Louis Tomlinson, ¿acepta a Donna Jones como legítima esposa hasta que la muerte os separe?
-Sí, acepto.- respondió Louis rápidamente y le sonrió a Donna.
-Donna Jones, ¿acepta a Louis Tomlinson como legítimo esposo hasta que la muerte os separe?
-Acepto.- respondió tras un silencio largo e incómodo, me gustaría haber estado en la cabeza de mi hermana para ver que estaban pensando. 
Los dos se pusieron las alianzas mutuamente y se cogieron de las manos, con una sonrisa que recorría todo su rostro. La felicidad era palpable en esos momentos. 
-Ya puede besar a la novia.- dijo por fin el cura, y Louis inclinó su cabeza y fundió sus labios con los de mi hermana.
Al momento, todos empezaron a aplaudir y a gritar: ¡Viva los novios! Pude divisar a mi madre en uno de los primeros bancos acompañada de mis tías, llorando con miles de pañuelos en las manos. Mi padre se enjugaba las lágrimas. Era una estampa preciosa. De inmediato, busqué a Harry con los ojos, los novios estaban bajando del altar y se dirigían a la salida, donde les tirarían arroz. Me giré levemente, y me di un encontronazo con los labios carnosos y suaves que tanto deseaba. 


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