miércoles, 24 de julio de 2013

Capítulo XXXIX ~

Al fin me trajeron mi sándiwch. Lo abrí para asegurarme que no traía el huevo, así era. Lo cerré con desgana y noté como una mujer de unos treinta años me miraba. Decidí ignorarla, era normal que me mirara, estaba sudada, olía mal y tenía un aspecto horrible. Me comí el sándwich rápidamente, cosa que creo que sorprendió a la mujer. Me levanté y me fui a pagar dentro. Subí y me di una ducha rápida, me puse esto:

Me aseguré de no dejarme nada y subí dos plantas más arriba. Apartamento 407... Dejé las llaves en el felpudo y me fui al aeropuerto. Me senté en uno de los bancos, aún solo eran las cinco y media, quedaba mucho hasta que saliera mi avión. No podía soportar más estar allí así que me fui a la muchacha de recepción.
-Perdone, ¿cuando sale el próximo avión hacia Malibú?
-Mmmm, a las nueve y media señorita.- ese era mi avión. 
-¿Nueve y media? Eso es muy tarde...
-Siempre puede comprar un jet privado.- dijo dándome unos papeles. 
-¿Un jet? ¿Privado?- miré el precio para un viaje, era carísimo, pero tenía el dinero, las Cheshire Jets pagan bien a sus jugadoras.- Vale, está bien, quiero que salga ahora mismo.
-Claro señorita, vaya a esa puerta de embarque y ahora mismo le doy las órdenes al piloto. 
Puse todo mi dinero sobre la mesa, ella lo cogió y lo guardó no sé donde. Me dirigí a la puerta de embarque que me dijo y subí al avión. Estaba yo sola, era incómodo. Pero me volví a quedar dormida en el avión. Cuando me desperté, el avión seguía igual de vacío. 
-¿Alguien me escucha?- pregunté al aire mientras me desperezaba.
-Dígame señorita.- la voz de un señor salió de un altavoz de mi lado que hasta ahora no había visto.
-Eh...¿Cuánto queda para aterrizar?- pregunté tímida, hablar con un altavoz se me hacía raro.
-Calculo que unos cuarenta y cinco minutos.
-Gracias.- escuché como el micro se desactivaba.- Una cosa más.- el micro se volvió a encender.- ¿Puedo beber algo?- tenía la boca seca. 
-Claro, ¿qué quiere?- si era el copiloto, ¿cómo me iba a traer algo de beber?
-Un zumo de naranja.- al momento, una muchacha que hasta ahora no había visto salió con mi zumo. 
Le di un trago, y le di las gracias a la muchacha. Me terminé el zumo contemplando las vistas desde los cielos. Saqué mi móvil y llamé a Donna. Tras los pitidos de espera escuché su voz, despierta y nerviosa.
-¡Le dije que la tarta la quería de vainilla!
-Donna, no puedo hacer ninguna tarta para ti.- dije riéndome.
-¿Qué? ¿Cómo que no puedes hacer tartas para mí?- dijo furiosa.
-¡Soy Abbie! No tu pastelero.- reí aún más. 
-¡Ah, Abbie! ¿Cómo estás cariño?- su voz se relajó.
-Bien, en el avión, me quedan unos treinta minutos así para llegar. Te dejo que estarás muy liada a estas alturas.- reí levemente.
-Sí, después hablamos ¿vale? Mandaré a alguien a recogerte. Besitos.- colgó.
Guardé mi móvil y empecé a golpear el reposabrazos con los dedos nerviosa.
-¿Hay un baño o algo donde me pueda cambiar?- había traído mi maleta conmigo, por alguna razón me habían dejado llevarla conmigo. 
-Sí, al fondo a la izquierda.- me respondió la voz del copiloto.
Abrí mi maleta y saqué el vestido de la boda. Me fui a donde el piloto me dijo, era un baño bastante amplio para ser de un avión. Me puse el vestido y aún con mis bailarinas, me fui a mi asiento. Guardé la ropa que me había quitado en la maleta y saqué los tacones. Me los puse delicadamente y los miré una y otra vez. Eran preciosos. Di unas vueltas por el avión, mirándolo todo. 
-Está muy guapa.- me dijo la azafata.
-Muchas gracias.- no pude evitar sonrojarme. 
-Por favor, manténganse en sus asientos, vamos a aterrizar.- sonó el altavoz. Supongo que lo diría por la azafata y por mí. 
Obedecí a las órdenes del piloto y me senté. Por fin aterrizó el avión, cogí mi maleta y salí. Miré a ambos lados, estaba yo sola, tampoco sería muy difícil encontrarme. Por fin lo vi, iba vestido con su traje de chaqueta, sus rizos alborotados y su rosa roja en el bolsillo. Tenía un pequeño cartel entre sus manos en el que se podía leer claramente: ''No quiero perderte nunca más''.
Me quedé inmóvil, mirándolo, quería correr a abrazarlo, lo había echado tanto de menos. Di un paso hacia él, para comenzar a correr, cuando alguien musculoso me cogió de la cintura y me llevó mucho más lejos de donde estaba Harry. Le di puñetazos en la espalda para que me soltara, pero nada, seguía hacia delante. Me dio un golpetazo en la cabeza para que me estuviera quieta y vi como mis ojos se cerraban poco a poco.
-¡Abbie! ¡Abbie!- Harry corría detrás de aquel tipo que me había secuestrado. 
Mis ojos se cerraron y ya no vi nada más de lo que pasó. 

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